SPEI cumple 22 años: ¿México está entrando en la era de los pagos de cuenta a cuenta?

Más de dos décadas después, el sistema no solo mueve dinero más rápido: está empezando a redefinir qué significa pagar, acercando la transferencia inmediata al terreno que hasta ahora dominaban las tarjetas.

Por Daniel Mendieta | Ago 24, 2026
Eoneren | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • SPEI procesó 7,410 millones de operaciones en 2025, casi el doble que en 2023, y los pagos tercero a tercero superaron 810 millones de operaciones en un solo mes de 2026.
  • La frontera entre transferir y pagar se está difuminando: gracias a QR, números celulares y APIs, una transferencia empieza a sentirse como un pago para el usuario.
  • La siguiente etapa de SPEI dependerá menos de mover dinero más rápido y más de construir mejores experiencias de pago, identidad y prevención de fraude sobre la infraestructura que ya existe.

El 13 de agosto de 2004 comenzó a operar en México una infraestructura cuyo nombre hoy forma parte del vocabulario cotidiano de millones de personas: SPEI. 22 años después, celebrar su aniversario solamente como la historia de un sistema que hizo más rápidas las transferencias sería quedarse corto. La pregunta interesante ahora es otra: ¿estamos frente a la infraestructura que puede cambiar también la manera en que pagamos?

Hay razones para plantearlo. De acuerdo con cifras de Banco de México, SPEI procesó 7,410 millones de operaciones durante 2025, frente a 5,418 millones en 2024 y 3,894 millones en 2023. En apenas dos años, el volumen prácticamente se duplicó. En junio de 2026, los pagos tercero a tercero realizados mediante el sistema superaron 810 millones de operaciones en un solo mes. Pero quizá lo verdaderamente importante no esté en cuánto creció SPEI, sino en para qué empezamos a utilizarlo.

Durante años, transferir y pagar fueron acciones distintas. Transferíamos para enviar dinero a otra persona o liquidar una obligación; pagábamos con efectivo o tarjeta. Aunque operativamente y desde el punto de vista de negocio, siguen siendo procesos diferentes. Esa frontera comienza a ser menos clara cuando una transferencia ocurre en segundos, está disponible prácticamente en cualquier aplicación financiera y puede iniciarse mediante un número telefónico o un código QR. Es decir, aunque la operación que ocurre en el sistema es una transferencia, para el usuario la experiencia es simplemente la de realizar un pago. Para el usuario, la diferencia tecnológica detrás de cada operación importa cada vez menos. Lo que importa es que pagar sea inmediato y sencillo.

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De mover dinero a convertirse en un medio de pago

Aquí aparece el concepto de account-to-account payments (A2A): pagos que pasan directamente de una cuenta a otra apoyándose en infraestructura de transferencias inmediatas, sin recorrer necesariamente los rieles tradicionales de las tarjetas. No es una discusión exclusivamente mexicana. Sistemas como Pix en Brasil o SINPE Móvil en Costa Rica muestran hasta dónde puede llegar una infraestructura de pagos instantáneos cuando deja de percibirse solamente como una herramienta bancaria y se integra a la vida cotidiana.

El Banco Mundial ha documentado precisamente esa transformación en América Latina y destaca cómo sistemas de pagos rápidos permiten realizar transferencias instantáneas de cuenta a cuenta, reduciendo algunas de las fricciones que históricamente acompañaron al movimiento de dinero. 

México tiene una particularidad: la infraestructura llegó antes que buena parte de esa conversación. SPEI opera desde 2004 y hoy funciona bajo un esquema 24/7 administrado por Banco de México. Sobre ese mismo ecosistema se han desarrollado CoDi, que permite iniciar pagos mediante QR o notificaciones, y DiMo, que simplifica transferencias utilizando el número celular asociado a una cuenta. Por eso el reto mexicano quizá ya no sea construir otro riel. Es conseguir que el riel que tenemos pueda convertirse en una experiencia de pago.

Relacionado: Así avanza el futuro de los medios de pago en América Latina

La siguiente batalla ocurre en la experiencia

Hay una señal regulatoria particularmente interesante. En marzo de 2026, Banco de México sometió a consulta modificaciones a las disposiciones de SPEI con un objetivo explícito: homologar la experiencia de usuario en las transferencias electrónicas realizadas desde dispositivos móviles. Posteriormente, la Circular 9/2026 incorporó modificaciones a las reglas del sistema. 

Puede parecer un detalle operativo, pero no lo es. Durante mucho tiempo el desafío de los sistemas de pago estuvo en lograr que el dinero pudiera moverse de forma segura y rápida. Cuando esa capacidad existe, la competencia se traslada hacia otra parte: qué tan sencillo es iniciar la operación, identificar al destinatario, autorizarla y tener certeza de que terminó correctamente.

Ahí es donde SPEI empieza a entrar en un terreno distinto. Ya no basta con comparar cuánto tarda una transferencia frente a otra; hay que preguntarse qué tan fácil resulta pagar con ella frente a acercar una tarjeta, utilizar una wallet o entregar efectivo.

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¿SPEI contra las tarjetas?

Plantearlo como una guerra entre SPEI y las tarjetas sería simplificar demasiado lo que está ocurriendo. Las tarjetas tienen décadas de infraestructura de aceptación, reglas operativas, mecanismos de protección, programas de lealtad y una experiencia que el consumidor entiende casi sin pensar. Una transferencia inmediata puede ser tecnológicamente eficiente y, aun así, no convertirse automáticamente en el medio preferido para comprar un café.

Sin embargo, el crecimiento de SPEI obliga a observar la relación entre ambos modelos de otra manera. Cuando millones de usuarios ya están acostumbrados a mover dinero directamente entre cuentas, la transferencia comienza a acercarse al momento del pago. Y cuando eso sucede aparecen preguntas económicas relevantes para comercios, bancos, fintech y adquirentes: cuánto cuesta aceptar un pago, quién controla la experiencia, qué intermediarios siguen siendo necesarios y qué nuevos servicios pueden construirse alrededor de la transacción.

La transformación, por tanto, no consiste simplemente en sustituir plástico por transferencias. Consiste en que la arquitectura económica del pago puede empezar a cambiar.

Relacionado: Transferencias de dinero vs pagos con tarjeta: ventajas, oportunidades y el futuro de los medios de pago en México

De transferir a pagar sin pensarlo

El siguiente salto de SPEI no depende necesariamente de una nueva infraestructura, sino de reducir la distancia entre transferir y pagar. QR, números celulares, APIs y pagos integrados pueden hacer que una transferencia deje de sentirse como una operación bancaria y empiece a formar parte natural de una compra. Para bancos, fintech y comercios, la oportunidad está en construir mejores experiencias sobre un riel que ya existe, simplificando la aceptación, la conciliación y la interacción con el usuario. Si esa evolución ocurre, la conversación dejará de ser únicamente sobre cómo mover dinero entre cuentas y empezará a centrarse en todo lo que puede construirse alrededor de ese movimiento.

La velocidad también cambia el fraude

Un sistema que mueve dinero en segundos exige que la confianza también opere en segundos. La identidad del usuario, la autenticación, el análisis de comportamiento, el monitoreo transaccional y la capacidad para detectar anomalías dejan de ser procesos periféricos para convertirse en parte de la experiencia de pago.

Ésta puede ser una de las discusiones más importantes de la siguiente etapa de SPEI. Durante años optimizamos la velocidad de la transacción; ahora tendremos que conseguir que la inteligencia para decidir si una operación es legítima avance a la misma velocidad. El éxito de los pagos A2A no dependerá solamente de mover dinero más rápido, sino de hacerlo sin trasladar una mayor carga de riesgo al usuario, al comercio o a la institución financiera.

Y ahí también hay una oportunidad empresarial. Nuevos modelos de aceptación, soluciones de identidad, prevención de fraude, conciliación, tesorería en tiempo real, embedded payments y servicios construidos sobre APIs pueden crecer alrededor de una infraestructura que ya tiene escala nacional.

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Los próximos 22 años

SPEI nació para resolver un problema fundamental del sistema financiero mexicano: mover dinero entre instituciones de manera eficiente. 22 años después, esa infraestructura procesa miles de millones de operaciones y forma parte de una rutina que rara vez pensamos como innovación. Quizá esa normalidad sea precisamente una de sus mayores conquistas. Pero también puede ser el comienzo de algo distinto.

La siguiente etapa no se definirá por demostrar que México puede hacer transferencias instantáneas. Eso ya está resuelto. Se definirá por nuestra capacidad para convertir esa infraestructura en mejores experiencias de pago, nuevas formas de aceptación y modelos de negocio que todavía no existen.

Tal vez dentro de algunos años dejemos de preguntar si una compra se pagó con tarjeta, QR o transferencia porque esa distinción habrá perdido relevancia para el usuario.

Cuando eso ocurra, quizá entendamos que la verdadera transformación de SPEI no fue enseñarnos a transferir dinero en segundos, sino cambiar silenciosamente lo que significa pagar en México.

Conclusiones Clave

  • SPEI procesó 7,410 millones de operaciones en 2025, casi el doble que en 2023, y los pagos tercero a tercero superaron 810 millones de operaciones en un solo mes de 2026.
  • La frontera entre transferir y pagar se está difuminando: gracias a QR, números celulares y APIs, una transferencia empieza a sentirse como un pago para el usuario.
  • La siguiente etapa de SPEI dependerá menos de mover dinero más rápido y más de construir mejores experiencias de pago, identidad y prevención de fraude sobre la infraestructura que ya existe.

El 13 de agosto de 2004 comenzó a operar en México una infraestructura cuyo nombre hoy forma parte del vocabulario cotidiano de millones de personas: SPEI. 22 años después, celebrar su aniversario solamente como la historia de un sistema que hizo más rápidas las transferencias sería quedarse corto. La pregunta interesante ahora es otra: ¿estamos frente a la infraestructura que puede cambiar también la manera en que pagamos?

Hay razones para plantearlo. De acuerdo con cifras de Banco de México, SPEI procesó 7,410 millones de operaciones durante 2025, frente a 5,418 millones en 2024 y 3,894 millones en 2023. En apenas dos años, el volumen prácticamente se duplicó. En junio de 2026, los pagos tercero a tercero realizados mediante el sistema superaron 810 millones de operaciones en un solo mes. Pero quizá lo verdaderamente importante no esté en cuánto creció SPEI, sino en para qué empezamos a utilizarlo.

Durante años, transferir y pagar fueron acciones distintas. Transferíamos para enviar dinero a otra persona o liquidar una obligación; pagábamos con efectivo o tarjeta. Aunque operativamente y desde el punto de vista de negocio, siguen siendo procesos diferentes. Esa frontera comienza a ser menos clara cuando una transferencia ocurre en segundos, está disponible prácticamente en cualquier aplicación financiera y puede iniciarse mediante un número telefónico o un código QR. Es decir, aunque la operación que ocurre en el sistema es una transferencia, para el usuario la experiencia es simplemente la de realizar un pago. Para el usuario, la diferencia tecnológica detrás de cada operación importa cada vez menos. Lo que importa es que pagar sea inmediato y sencillo.

Relacionado: Cuando el dinero deja de viajar y empieza a tomar decisiones

De mover dinero a convertirse en un medio de pago

Aquí aparece el concepto de account-to-account payments (A2A): pagos que pasan directamente de una cuenta a otra apoyándose en infraestructura de transferencias inmediatas, sin recorrer necesariamente los rieles tradicionales de las tarjetas. No es una discusión exclusivamente mexicana. Sistemas como Pix en Brasil o SINPE Móvil en Costa Rica muestran hasta dónde puede llegar una infraestructura de pagos instantáneos cuando deja de percibirse solamente como una herramienta bancaria y se integra a la vida cotidiana.

El Banco Mundial ha documentado precisamente esa transformación en América Latina y destaca cómo sistemas de pagos rápidos permiten realizar transferencias instantáneas de cuenta a cuenta, reduciendo algunas de las fricciones que históricamente acompañaron al movimiento de dinero. 

México tiene una particularidad: la infraestructura llegó antes que buena parte de esa conversación. SPEI opera desde 2004 y hoy funciona bajo un esquema 24/7 administrado por Banco de México. Sobre ese mismo ecosistema se han desarrollado CoDi, que permite iniciar pagos mediante QR o notificaciones, y DiMo, que simplifica transferencias utilizando el número celular asociado a una cuenta. Por eso el reto mexicano quizá ya no sea construir otro riel. Es conseguir que el riel que tenemos pueda convertirse en una experiencia de pago.

Relacionado: Así avanza el futuro de los medios de pago en América Latina

La siguiente batalla ocurre en la experiencia

Hay una señal regulatoria particularmente interesante. En marzo de 2026, Banco de México sometió a consulta modificaciones a las disposiciones de SPEI con un objetivo explícito: homologar la experiencia de usuario en las transferencias electrónicas realizadas desde dispositivos móviles. Posteriormente, la Circular 9/2026 incorporó modificaciones a las reglas del sistema. 

Puede parecer un detalle operativo, pero no lo es. Durante mucho tiempo el desafío de los sistemas de pago estuvo en lograr que el dinero pudiera moverse de forma segura y rápida. Cuando esa capacidad existe, la competencia se traslada hacia otra parte: qué tan sencillo es iniciar la operación, identificar al destinatario, autorizarla y tener certeza de que terminó correctamente.

Ahí es donde SPEI empieza a entrar en un terreno distinto. Ya no basta con comparar cuánto tarda una transferencia frente a otra; hay que preguntarse qué tan fácil resulta pagar con ella frente a acercar una tarjeta, utilizar una wallet o entregar efectivo.

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¿SPEI contra las tarjetas?

Plantearlo como una guerra entre SPEI y las tarjetas sería simplificar demasiado lo que está ocurriendo. Las tarjetas tienen décadas de infraestructura de aceptación, reglas operativas, mecanismos de protección, programas de lealtad y una experiencia que el consumidor entiende casi sin pensar. Una transferencia inmediata puede ser tecnológicamente eficiente y, aun así, no convertirse automáticamente en el medio preferido para comprar un café.

Sin embargo, el crecimiento de SPEI obliga a observar la relación entre ambos modelos de otra manera. Cuando millones de usuarios ya están acostumbrados a mover dinero directamente entre cuentas, la transferencia comienza a acercarse al momento del pago. Y cuando eso sucede aparecen preguntas económicas relevantes para comercios, bancos, fintech y adquirentes: cuánto cuesta aceptar un pago, quién controla la experiencia, qué intermediarios siguen siendo necesarios y qué nuevos servicios pueden construirse alrededor de la transacción.

La transformación, por tanto, no consiste simplemente en sustituir plástico por transferencias. Consiste en que la arquitectura económica del pago puede empezar a cambiar.

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De transferir a pagar sin pensarlo

El siguiente salto de SPEI no depende necesariamente de una nueva infraestructura, sino de reducir la distancia entre transferir y pagar. QR, números celulares, APIs y pagos integrados pueden hacer que una transferencia deje de sentirse como una operación bancaria y empiece a formar parte natural de una compra. Para bancos, fintech y comercios, la oportunidad está en construir mejores experiencias sobre un riel que ya existe, simplificando la aceptación, la conciliación y la interacción con el usuario. Si esa evolución ocurre, la conversación dejará de ser únicamente sobre cómo mover dinero entre cuentas y empezará a centrarse en todo lo que puede construirse alrededor de ese movimiento.

La velocidad también cambia el fraude

Un sistema que mueve dinero en segundos exige que la confianza también opere en segundos. La identidad del usuario, la autenticación, el análisis de comportamiento, el monitoreo transaccional y la capacidad para detectar anomalías dejan de ser procesos periféricos para convertirse en parte de la experiencia de pago.

Ésta puede ser una de las discusiones más importantes de la siguiente etapa de SPEI. Durante años optimizamos la velocidad de la transacción; ahora tendremos que conseguir que la inteligencia para decidir si una operación es legítima avance a la misma velocidad. El éxito de los pagos A2A no dependerá solamente de mover dinero más rápido, sino de hacerlo sin trasladar una mayor carga de riesgo al usuario, al comercio o a la institución financiera.

Y ahí también hay una oportunidad empresarial. Nuevos modelos de aceptación, soluciones de identidad, prevención de fraude, conciliación, tesorería en tiempo real, embedded payments y servicios construidos sobre APIs pueden crecer alrededor de una infraestructura que ya tiene escala nacional.

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Los próximos 22 años

SPEI nació para resolver un problema fundamental del sistema financiero mexicano: mover dinero entre instituciones de manera eficiente. 22 años después, esa infraestructura procesa miles de millones de operaciones y forma parte de una rutina que rara vez pensamos como innovación. Quizá esa normalidad sea precisamente una de sus mayores conquistas. Pero también puede ser el comienzo de algo distinto.

La siguiente etapa no se definirá por demostrar que México puede hacer transferencias instantáneas. Eso ya está resuelto. Se definirá por nuestra capacidad para convertir esa infraestructura en mejores experiencias de pago, nuevas formas de aceptación y modelos de negocio que todavía no existen.

Tal vez dentro de algunos años dejemos de preguntar si una compra se pagó con tarjeta, QR o transferencia porque esa distinción habrá perdido relevancia para el usuario.

Cuando eso ocurra, quizá entendamos que la verdadera transformación de SPEI no fue enseñarnos a transferir dinero en segundos, sino cambiar silenciosamente lo que significa pagar en México.

Daniel Mendieta CEO y cofundador de Conecta

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