Este ataque combina cifrado de sistemas, filtración de datos y presión regulatoria para extorsionar a las empresas. En el sector financiero, puede paralizar operaciones y comprometer liquidez y reputación en cuestión de horas.
De cara a 2026, blockchain deja de ser sinónimo de especulación para consolidarse como criptoinfraestructura orientada a generar confianza en sistemas digitales cada vez más automatizados.