El dinero ya no viaja por un solo camino: bienvenidos al mundo multi-rail

Durante décadas construimos la industria de pagos alrededor de una pregunta bastante sencilla: ¿cuál es la mejor forma de mover dinero?

Por José Luis Pulido | Sep 10, 2026
ipek yalaz | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • Hoy no basta con tener acceso a más medios de pago. La ventaja está en la infraestructura que te permite decidir, transacción por transacción, qué camino conviene usar.

Primero fue el efectivo, después las tarjetas, más tarde llegaron las transferencias electrónicas, las wallets y los pagos inmediatos. Hoy aparecen además stablecoins, depósitos tokenizados y nuevas infraestructuras capaces de programar no solamente el movimiento del dinero, sino las condiciones bajo las cuales ese movimiento ocurre.

La tentación es contar esta historia como una sucesión de tecnologías en la que una termina desplazando a la anterior; sin embargo, lo que está ocurriendo en América Latina apunta hacia algo distinto: el futuro de los pagos no parece estar en encontrar un rail ganador, sino en aprender a operar varios al mismo tiempo y eso cambia bastante la conversación.

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El pago dejó de ser un producto para convertirse en una decisión

Los pagos inmediatos son quizá la evidencia más visible de esta transformación; de acuerdo con el Banco Mundial, entre 2017 y 2024 el número de transacciones realizadas mediante sistemas de pagos inmediatos en América Latina y el Caribe pasó de 620 millones a 79,800 millones. En 2024 ya representaban 45% del volumen de pagos digitales de la región y superaron, por primera vez, el volumen de pagos con tarjeta. 

Pero que un nuevo rail gane terreno no significa que los anteriores estén destinados a desaparecer, sino que cada uno empieza a encontrar un lugar distinto dentro del ecosistema. Las tarjetas conservan una infraestructura de aceptación difícil de replicar, además de mecanismos de crédito y protección ampliamente conocidos; mientras los pagos cuenta a cuenta ganan espacio por su velocidad y menor fricción, las wallets concentran distintos instrumentos en una misma experiencia y las stablecoins comienzan a abrirse paso allí donde mover valor entre países todavía resulta lento, costoso o complejo.

La discusión, entonces, deja de estar en qué medio de pago terminará imponiéndose para trasladarse hacia una pregunta mucho más relevante: qué rail resulta más conveniente para cada transacción. Es precisamente en esa capacidad de elegir entre distintos caminos, según el contexto y la necesidad, donde comienza a tomar forma el mundo multi-rail.

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Más caminos también significan más complejidad

Para el usuario, toda esta complejidad debería permanecer invisible: quiere pagar, cobrar o transferir dinero sin detenerse a pensar qué infraestructura hace posible la operación; para las empresas, en cambio, lo que sucede detrás importa cada vez más. Cada rail implica reglas, costos, tiempos de liquidación, niveles de aceptación, mecanismos de conciliación, riesgos y exigencias regulatorias distintas, por lo que sumar alternativas sin contar con una capa capaz de administrarlas puede terminar trasladando la complejidad tecnológica directamente a la operación.

Ahí aparece uno de los principales retos de este nuevo escenario: tener múltiples rails no equivale necesariamente a contar con una mejor infraestructura de pagos. Una empresa puede aceptar tarjetas, transferencias inmediatas, wallets e incluso activos digitales y seguir operando un ecosistema fragmentado si no puede decidir por dónde procesar cada transacción, cómo conciliarla, qué alternativa utilizar ante una falla o cómo gestionar costos y liquidez entre sistemas que responden a lógicas diferentes. Por eso, más que hablar únicamente de multi-rail, el concepto que cobrará relevancia en los próximos años será el de orquestación.

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La inteligencia estará en elegir el camino

Imaginemos una transacción transfronteriza. Hoy puede atravesar distintos intermediarios antes de llegar a su destino. Mañana, una infraestructura suficientemente flexible podría evaluar en tiempo real distintas rutas y seleccionar aquella que ofrezca la mejor combinación entre costo, velocidad, disponibilidad, liquidez y cumplimiento.

En algunos casos será una tarjeta. En otros, un sistema de pagos inmediatos. Para determinados flujos internacionales podría aparecer una stablecoin regulada. Y conforme maduren las infraestructuras tokenizadas, podremos ver liquidaciones en las que dinero y activos convivan dentro de plataformas programables.

El Banco de Pagos Internacionales ya analiza esta dirección. Sus trabajos sobre tokenización plantean la posibilidad de integrar mensajería, reconciliación y liquidación dentro de una misma infraestructura, con aplicaciones particularmente relevantes para pagos transfronterizos y mercados financieros.

No significa que mañana toda la infraestructura financiera vaya a estar tokenizada. Tampoco que las stablecoins sustituirán al dinero bancario. De hecho, el propio BIS advierte sobre sus limitaciones y riesgos. Lo relevante es otra cosa: la arquitectura del dinero está dejando de ser homogénea.

Y una arquitectura heterogénea necesita inteligencia para funcionar.

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¿Qué deberían hacer hoy las empresas?

La primera recomendación sería evitar enamorarse de un rail. La discusión estratégica no debería empezar por “tenemos que integrar stablecoins” o “tenemos que subirnos a pagos inmediatos”, sino por entender qué problema queremos resolver: costo, conversión, disponibilidad, liquidación, alcance internacional, resiliencia o experiencia del usuario.

La segunda es construir pensando en interoperabilidad. Las infraestructuras demasiado rígidas pueden convertirse rápidamente en un problema cuando aparece un nuevo medio de pago, cambia una regulación o surge una alternativa más eficiente.

Y la tercera, quizá la más importante, es comenzar a mirar los pagos como una capacidad de enrutamiento y no solamente de procesamiento. En un entorno multi-rail, la ventaja no necesariamente será tener acceso a más caminos, sino poder decidir cuál utilizar en cada momento sin trasladar esa complejidad al cliente.

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Del medio de pago a la infraestructura de decisión

Durante años, buena parte de la innovación en pagos se concentró en lo que el usuario podía ver: menos pasos, mejores interfaces, checkouts más sencillos y nuevas formas de pagar desde un teléfono. La siguiente transformación será menos visible, pero probablemente más profunda, porque ocurrirá en la infraestructura que deberá hacer convivir distintos tipos de dinero y redes para resolver una misma transacción según su costo, velocidad, alcance o contexto.

Por eso, el futuro de los pagos difícilmente tendrá un solo ganador. Se parecerá más a una red de caminos que se complementan y compiten entre sí, donde la verdadera ventaja no estará en tener acceso a todos, sino en saber cuál tomar en el momento correcto. En un mundo multi-rail, innovar en pagos ya no será solamente encontrar nuevas formas de mover el dinero, sino construir la inteligencia necesaria para decidir por dónde debe moverse.

Conclusiones Clave

  • Hoy no basta con tener acceso a más medios de pago. La ventaja está en la infraestructura que te permite decidir, transacción por transacción, qué camino conviene usar.

Primero fue el efectivo, después las tarjetas, más tarde llegaron las transferencias electrónicas, las wallets y los pagos inmediatos. Hoy aparecen además stablecoins, depósitos tokenizados y nuevas infraestructuras capaces de programar no solamente el movimiento del dinero, sino las condiciones bajo las cuales ese movimiento ocurre.

La tentación es contar esta historia como una sucesión de tecnologías en la que una termina desplazando a la anterior; sin embargo, lo que está ocurriendo en América Latina apunta hacia algo distinto: el futuro de los pagos no parece estar en encontrar un rail ganador, sino en aprender a operar varios al mismo tiempo y eso cambia bastante la conversación.

Relacionado: No se necesitan más métodos de pago, sino mejores razones para usarlos

El pago dejó de ser un producto para convertirse en una decisión

Los pagos inmediatos son quizá la evidencia más visible de esta transformación; de acuerdo con el Banco Mundial, entre 2017 y 2024 el número de transacciones realizadas mediante sistemas de pagos inmediatos en América Latina y el Caribe pasó de 620 millones a 79,800 millones. En 2024 ya representaban 45% del volumen de pagos digitales de la región y superaron, por primera vez, el volumen de pagos con tarjeta. 

Pero que un nuevo rail gane terreno no significa que los anteriores estén destinados a desaparecer, sino que cada uno empieza a encontrar un lugar distinto dentro del ecosistema. Las tarjetas conservan una infraestructura de aceptación difícil de replicar, además de mecanismos de crédito y protección ampliamente conocidos; mientras los pagos cuenta a cuenta ganan espacio por su velocidad y menor fricción, las wallets concentran distintos instrumentos en una misma experiencia y las stablecoins comienzan a abrirse paso allí donde mover valor entre países todavía resulta lento, costoso o complejo.

La discusión, entonces, deja de estar en qué medio de pago terminará imponiéndose para trasladarse hacia una pregunta mucho más relevante: qué rail resulta más conveniente para cada transacción. Es precisamente en esa capacidad de elegir entre distintos caminos, según el contexto y la necesidad, donde comienza a tomar forma el mundo multi-rail.

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Más caminos también significan más complejidad

Para el usuario, toda esta complejidad debería permanecer invisible: quiere pagar, cobrar o transferir dinero sin detenerse a pensar qué infraestructura hace posible la operación; para las empresas, en cambio, lo que sucede detrás importa cada vez más. Cada rail implica reglas, costos, tiempos de liquidación, niveles de aceptación, mecanismos de conciliación, riesgos y exigencias regulatorias distintas, por lo que sumar alternativas sin contar con una capa capaz de administrarlas puede terminar trasladando la complejidad tecnológica directamente a la operación.

Ahí aparece uno de los principales retos de este nuevo escenario: tener múltiples rails no equivale necesariamente a contar con una mejor infraestructura de pagos. Una empresa puede aceptar tarjetas, transferencias inmediatas, wallets e incluso activos digitales y seguir operando un ecosistema fragmentado si no puede decidir por dónde procesar cada transacción, cómo conciliarla, qué alternativa utilizar ante una falla o cómo gestionar costos y liquidez entre sistemas que responden a lógicas diferentes. Por eso, más que hablar únicamente de multi-rail, el concepto que cobrará relevancia en los próximos años será el de orquestación.

Relacionado: Así avanza el futuro de los medios de pago en América Latina

La inteligencia estará en elegir el camino

Imaginemos una transacción transfronteriza. Hoy puede atravesar distintos intermediarios antes de llegar a su destino. Mañana, una infraestructura suficientemente flexible podría evaluar en tiempo real distintas rutas y seleccionar aquella que ofrezca la mejor combinación entre costo, velocidad, disponibilidad, liquidez y cumplimiento.

En algunos casos será una tarjeta. En otros, un sistema de pagos inmediatos. Para determinados flujos internacionales podría aparecer una stablecoin regulada. Y conforme maduren las infraestructuras tokenizadas, podremos ver liquidaciones en las que dinero y activos convivan dentro de plataformas programables.

El Banco de Pagos Internacionales ya analiza esta dirección. Sus trabajos sobre tokenización plantean la posibilidad de integrar mensajería, reconciliación y liquidación dentro de una misma infraestructura, con aplicaciones particularmente relevantes para pagos transfronterizos y mercados financieros.

No significa que mañana toda la infraestructura financiera vaya a estar tokenizada. Tampoco que las stablecoins sustituirán al dinero bancario. De hecho, el propio BIS advierte sobre sus limitaciones y riesgos. Lo relevante es otra cosa: la arquitectura del dinero está dejando de ser homogénea.

Y una arquitectura heterogénea necesita inteligencia para funcionar.

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¿Qué deberían hacer hoy las empresas?

La primera recomendación sería evitar enamorarse de un rail. La discusión estratégica no debería empezar por “tenemos que integrar stablecoins” o “tenemos que subirnos a pagos inmediatos”, sino por entender qué problema queremos resolver: costo, conversión, disponibilidad, liquidación, alcance internacional, resiliencia o experiencia del usuario.

La segunda es construir pensando en interoperabilidad. Las infraestructuras demasiado rígidas pueden convertirse rápidamente en un problema cuando aparece un nuevo medio de pago, cambia una regulación o surge una alternativa más eficiente.

Y la tercera, quizá la más importante, es comenzar a mirar los pagos como una capacidad de enrutamiento y no solamente de procesamiento. En un entorno multi-rail, la ventaja no necesariamente será tener acceso a más caminos, sino poder decidir cuál utilizar en cada momento sin trasladar esa complejidad al cliente.

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Del medio de pago a la infraestructura de decisión

Durante años, buena parte de la innovación en pagos se concentró en lo que el usuario podía ver: menos pasos, mejores interfaces, checkouts más sencillos y nuevas formas de pagar desde un teléfono. La siguiente transformación será menos visible, pero probablemente más profunda, porque ocurrirá en la infraestructura que deberá hacer convivir distintos tipos de dinero y redes para resolver una misma transacción según su costo, velocidad, alcance o contexto.

Por eso, el futuro de los pagos difícilmente tendrá un solo ganador. Se parecerá más a una red de caminos que se complementan y compiten entre sí, donde la verdadera ventaja no estará en tener acceso a todos, sino en saber cuál tomar en el momento correcto. En un mundo multi-rail, innovar en pagos ya no será solamente encontrar nuevas formas de mover el dinero, sino construir la inteligencia necesaria para decidir por dónde debe moverse.

Cuenta con más de 27 años de experiencia en el sector financiero dentro de diferentes... Read more

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