Empresa, territorio y paz: sector privado en Colombia se une al desarrollo de soluciones conjuntas
La paz y la reconciliación en Colombia y Latinoamérica necesitan la participación y consciente del sector empresarial.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- La construcción de paz en Latinoamérica requiere una participación activa del sector privado como actor clave en la transformación territorial.
- Sin oportunidades económicas reales y sostenibles, la reconciliación y la estabilidad social no son viables a largo plazo en la región.
Al extenso debate sobre la paz y la reconciliación en Colombia se ha unido la necesidad de cooperar con los empresarios. El gremio empresarial fue invitado a salir de su zona de confort para dejar de observar las problemáticas sociales desde afuera y participar activamente en soluciones conjuntas.
El sector privado dejó de ser un actor secundario hace tiempo y hoy está llamado a ser protagonista en la construcción del país, especialmente en contextos urbanos donde la violencia, la informalidad y la exclusión siguen marcando el día a día.
El Foro por la Paz, la Reconciliación y la Cooperación Empresarial, llevado a cabo recientemente en Bogotá, no fue un evento más sobre conceptos y teorías sin traer soluciones. Fue más bien un espacio para dar lugar a una conversación directa sobre un punto clave para Colombia y el resto de Latinoamérica en donde hubo acuerdo: la paz y la transformación del territorio no avanzan sin la participación de las empresas.
Este foro dio lugar a tres conversatorios, el primero consistió en exponer las experiencias de la Justicia Restaurativa en Colombia, enviando una invitación al Gobierno Nacional para complementar los procesos actuales de justicia transicional con los procesos de ONG con experiencia y con resultados como la Confraternidad Carcelaria de Colombia.
El segundo conversatorio dio lugar a las transformaciones de los territorios desde los cambios de dinámicas de exdelincuentes y cómo capacitar, emplear y acompañar a todas estas personas que, en algunas situaciones, vieron la delincuencia como su único sustento. Hoy pueden generar hasta tres veces más lo que conseguían en la delincuencia.
La tercera charla abrió un espacio a empresarios que han comprendido que su presencia activa en zonas con realidades complejas es de gran impacto y que la construcción de paz no puede seguir entendiéndose solo como un asunto de acuerdos políticos o políticas públicas.
La paz es una decisión territorial, no es solo un concepto
Uno de los ejes centrales del foro fue insistir en que la paz se construye en el territorio. No en documentos, no en paneles, sino en barrios, comunas y economías locales donde el conflicto dejó huellas profundas.
Todo esto toma más sentido si tenemos en cuenta que invertir en el territorio no es un acto filantrópico, es una estrategia de sostenibilidad. Las empresas que entienden su entorno social, que dialogan con las comunidades y que generan oportunidades económicas reales, no solo reducen riesgos; fortalecen mercados, crean estabilidad y construyen confianza.
El foro puso ejemplos concretos de cómo la articulación entre empresa, comunidad y organizaciones sociales puede transformar dinámicas históricas de violencia. No se habló de soluciones mágicas, sino de procesos graduales, que requieren presencia constante y decisiones coherentes.
Relacionado: La importancia de la gobernanza de la IA en América Latina como base para innovar con confianza
El empresariado frente a la reconciliación
Uno de los puntos más interesantes fue el abordaje de la reconciliación desde una lógica empresarial. ¿Qué significa reconciliarse en un país donde muchas personas conviven a diario con las consecuencias del conflicto?
La respuesta no vino desde la retórica, sino desde la práctica. Generar empleo, abrir espacios de diálogo, apoyar procesos de reintegración y asumir que la exclusión económica es uno de los mayores combustibles de la violencia. En ese sentido, el foro dejó claro que sin oportunidades productivas no hay reconciliación posible.
Varios de los participantes coincidieron en que la empresa tiene una capacidad única para convertir discursos en acciones sostenibles. Donde el Estado tiene limitaciones, el sector privado puede aportar agilidad, visión de largo plazo y capacidad de ejecución, siempre que entienda que su impacto va más allá del balance financiero.
Ese enfoque se hizo tangible con el testimonio de Camilo Bueno, un empresario que trabaja directamente en el Amazonas, impulsando procesos de sustitución voluntaria de cultivos de coca por nueces de cacay. Más allá del cambio productivo, su experiencia mostró cómo la empresa puede convertirse en un puente entre economía legal y dignidad territorial a la hora de generar ingresos estables, respetar el entorno y ofrecer una alternativa real a comunidades que durante décadas solo tuvieron una opción. No se trató de erradicar por la fuerza, sino de demostrar que otro modelo económico sí es viable cuando hay acompañamiento, mercado y compromiso de largo plazo.
Relacionado: Hacia una IA inclusiva: el camino de startups y PyMEs en Colombia
Justicia restaurativa y responsabilidad compartida
La justicia restaurativa apareció como un hilo transversal del encuentro. No como una excusa para eludir responsabilidades, sino como una forma distinta de enfrentar el daño causado por el conflicto. Reconocer, reparar simbólicamente y evitar la repetición fueron conceptos recurrentes.
Desde el enfoque del foro, la empresa juega un rol clave en este proceso para ofrecer segundas oportunidades reales. La reintegración social y económica no es solo un asunto moral; es una inversión en estabilidad. Cuando una persona encuentra un camino legal y digno, el territorio entero se beneficia.
Inversión extranjera: liderazgo empresarial con visión social en América Latina
En este tipo de conversaciones resulta inevitable mencionar a personas como Tobías Merckle, una figura que ha insistido durante años en que el empresariado latinoamericano no puede desligarse de la realidad social que lo rodea.
Proveniente de una familia empresaria, Merckle ha sido un defensor constante de la idea de que las empresas no existen en el vacío, sino en contextos concretos, marcados por desigualdades, conflictos y oportunidades.
Su influencia en América Latina ha estado asociada a una visión clara de que el desarrollo económico sin desarrollo social es insostenible. Para Merckle, la empresa tiene la capacidad y la responsabilidad de convertirse en un agente de transformación territorial, no desde el asistencialismo, sino desde la creación de valor compartido. Merckle actualmente acompaña a varias fundaciones que impactan directamente a una gran cantidad de territorios afectados por la violencia a nivel mundial.
Ese enfoque se reflejó de manera natural en el foro. No se trató de pedirle al empresariado que sustituya al Estado, sino de reconocer que su participación consciente puede acelerar procesos de reconciliación y fortalecer el tejido social donde operan sus negocios.
Una conversación incómoda, pero necesaria
El Foro por la Paz, la Reconciliación y la Cooperación Empresarial culminó con una invitación a entender que la transformación no puede lograrse solo si un sector tiene la voluntad de hacerlo, si todos nos involucramos en estas dinámicas, podremos ver los cambios más tangibles, es algo que está sucediendo, con numerosos casos de éxito, pero aún necesitan el involucramiento de más actores.
En un país como Colombia, ignorar los aspectos sociales del territorio tiene consecuencias claras que van desde mercados débiles, inseguridad, informalidad y falta de confianza. La empresa puede decidir mantenerse al margen o asumir un rol activo en la transformación de su entorno.
Lo que quedó claro en este foro que se desarrolló en Colombia es que la paz no es un tema ajeno al mundo empresarial. Es una condición para la sostenibilidad, la competitividad, el crecimiento y, sobre todo, una oportunidad para que el sector privado deje de ser espectador y se convierta en parte de la solución.
Conclusiones Clave
- La construcción de paz en Latinoamérica requiere una participación activa del sector privado como actor clave en la transformación territorial.
- Sin oportunidades económicas reales y sostenibles, la reconciliación y la estabilidad social no son viables a largo plazo en la región.
Al extenso debate sobre la paz y la reconciliación en Colombia se ha unido la necesidad de cooperar con los empresarios. El gremio empresarial fue invitado a salir de su zona de confort para dejar de observar las problemáticas sociales desde afuera y participar activamente en soluciones conjuntas.
El sector privado dejó de ser un actor secundario hace tiempo y hoy está llamado a ser protagonista en la construcción del país, especialmente en contextos urbanos donde la violencia, la informalidad y la exclusión siguen marcando el día a día.
El Foro por la Paz, la Reconciliación y la Cooperación Empresarial, llevado a cabo recientemente en Bogotá, no fue un evento más sobre conceptos y teorías sin traer soluciones. Fue más bien un espacio para dar lugar a una conversación directa sobre un punto clave para Colombia y el resto de Latinoamérica en donde hubo acuerdo: la paz y la transformación del territorio no avanzan sin la participación de las empresas.
Este foro dio lugar a tres conversatorios, el primero consistió en exponer las experiencias de la Justicia Restaurativa en Colombia, enviando una invitación al Gobierno Nacional para complementar los procesos actuales de justicia transicional con los procesos de ONG con experiencia y con resultados como la Confraternidad Carcelaria de Colombia.
El segundo conversatorio dio lugar a las transformaciones de los territorios desde los cambios de dinámicas de exdelincuentes y cómo capacitar, emplear y acompañar a todas estas personas que, en algunas situaciones, vieron la delincuencia como su único sustento. Hoy pueden generar hasta tres veces más lo que conseguían en la delincuencia.
La tercera charla abrió un espacio a empresarios que han comprendido que su presencia activa en zonas con realidades complejas es de gran impacto y que la construcción de paz no puede seguir entendiéndose solo como un asunto de acuerdos políticos o políticas públicas.
La paz es una decisión territorial, no es solo un concepto
Uno de los ejes centrales del foro fue insistir en que la paz se construye en el territorio. No en documentos, no en paneles, sino en barrios, comunas y economías locales donde el conflicto dejó huellas profundas.
Todo esto toma más sentido si tenemos en cuenta que invertir en el territorio no es un acto filantrópico, es una estrategia de sostenibilidad. Las empresas que entienden su entorno social, que dialogan con las comunidades y que generan oportunidades económicas reales, no solo reducen riesgos; fortalecen mercados, crean estabilidad y construyen confianza.
El foro puso ejemplos concretos de cómo la articulación entre empresa, comunidad y organizaciones sociales puede transformar dinámicas históricas de violencia. No se habló de soluciones mágicas, sino de procesos graduales, que requieren presencia constante y decisiones coherentes.
Relacionado: La importancia de la gobernanza de la IA en América Latina como base para innovar con confianza
El empresariado frente a la reconciliación
Uno de los puntos más interesantes fue el abordaje de la reconciliación desde una lógica empresarial. ¿Qué significa reconciliarse en un país donde muchas personas conviven a diario con las consecuencias del conflicto?
La respuesta no vino desde la retórica, sino desde la práctica. Generar empleo, abrir espacios de diálogo, apoyar procesos de reintegración y asumir que la exclusión económica es uno de los mayores combustibles de la violencia. En ese sentido, el foro dejó claro que sin oportunidades productivas no hay reconciliación posible.
Varios de los participantes coincidieron en que la empresa tiene una capacidad única para convertir discursos en acciones sostenibles. Donde el Estado tiene limitaciones, el sector privado puede aportar agilidad, visión de largo plazo y capacidad de ejecución, siempre que entienda que su impacto va más allá del balance financiero.
Ese enfoque se hizo tangible con el testimonio de Camilo Bueno, un empresario que trabaja directamente en el Amazonas, impulsando procesos de sustitución voluntaria de cultivos de coca por nueces de cacay. Más allá del cambio productivo, su experiencia mostró cómo la empresa puede convertirse en un puente entre economía legal y dignidad territorial a la hora de generar ingresos estables, respetar el entorno y ofrecer una alternativa real a comunidades que durante décadas solo tuvieron una opción. No se trató de erradicar por la fuerza, sino de demostrar que otro modelo económico sí es viable cuando hay acompañamiento, mercado y compromiso de largo plazo.
Relacionado: Hacia una IA inclusiva: el camino de startups y PyMEs en Colombia
Justicia restaurativa y responsabilidad compartida
La justicia restaurativa apareció como un hilo transversal del encuentro. No como una excusa para eludir responsabilidades, sino como una forma distinta de enfrentar el daño causado por el conflicto. Reconocer, reparar simbólicamente y evitar la repetición fueron conceptos recurrentes.
Desde el enfoque del foro, la empresa juega un rol clave en este proceso para ofrecer segundas oportunidades reales. La reintegración social y económica no es solo un asunto moral; es una inversión en estabilidad. Cuando una persona encuentra un camino legal y digno, el territorio entero se beneficia.
Inversión extranjera: liderazgo empresarial con visión social en América Latina
En este tipo de conversaciones resulta inevitable mencionar a personas como Tobías Merckle, una figura que ha insistido durante años en que el empresariado latinoamericano no puede desligarse de la realidad social que lo rodea.
Proveniente de una familia empresaria, Merckle ha sido un defensor constante de la idea de que las empresas no existen en el vacío, sino en contextos concretos, marcados por desigualdades, conflictos y oportunidades.
Su influencia en América Latina ha estado asociada a una visión clara de que el desarrollo económico sin desarrollo social es insostenible. Para Merckle, la empresa tiene la capacidad y la responsabilidad de convertirse en un agente de transformación territorial, no desde el asistencialismo, sino desde la creación de valor compartido. Merckle actualmente acompaña a varias fundaciones que impactan directamente a una gran cantidad de territorios afectados por la violencia a nivel mundial.
Ese enfoque se reflejó de manera natural en el foro. No se trató de pedirle al empresariado que sustituya al Estado, sino de reconocer que su participación consciente puede acelerar procesos de reconciliación y fortalecer el tejido social donde operan sus negocios.
Una conversación incómoda, pero necesaria
El Foro por la Paz, la Reconciliación y la Cooperación Empresarial culminó con una invitación a entender que la transformación no puede lograrse solo si un sector tiene la voluntad de hacerlo, si todos nos involucramos en estas dinámicas, podremos ver los cambios más tangibles, es algo que está sucediendo, con numerosos casos de éxito, pero aún necesitan el involucramiento de más actores.
En un país como Colombia, ignorar los aspectos sociales del territorio tiene consecuencias claras que van desde mercados débiles, inseguridad, informalidad y falta de confianza. La empresa puede decidir mantenerse al margen o asumir un rol activo en la transformación de su entorno.
Lo que quedó claro en este foro que se desarrolló en Colombia es que la paz no es un tema ajeno al mundo empresarial. Es una condición para la sostenibilidad, la competitividad, el crecimiento y, sobre todo, una oportunidad para que el sector privado deje de ser espectador y se convierta en parte de la solución.