El plan de Europa para dejar atrás la dependencia tecnológica con Estados Unidos
La Unión Europea lanza un ambicioso paquete legislativo para reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos y China, con una inversión proyectada de €220,000 millones de euros en infraestructura digital y semiconductores.
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Conclusiones Clave
- Europa depende del extranjero para más del 80% de su infraestructura digital, y tres empresas estadounidenses (Amazon, Microsoft y Google) controlan el 70% de su mercado de nube.
- El paquete legislativo incluye una nueva ley de nube e IA, una segunda versión de la Chips Act y una estrategia masiva de software libre para reducir la dependencia del software propietario estadounidense.
La Unión Europea se ha cansado de ser un actor secundario en la era de la revolución digital. Consciente de que más del 80% de sus infraestructuras digitales provienen del extranjero, principalmente de potencias como Estados Unidos y China, el viejo continente prepara un golpe sobre la mesa.
Esta semana, la comisaria de tecnología, Henna Virkkunen, presentó un ambicioso paquete legislativo diseñado para recuperar el control geopolítico y establecer la ansiada “soberanía tecnológica” del continente.
La idea de apartarse del escenario se da por el temor a que líderes extranjeros, como Donald Trump, puedan utilizar esta fuerte dependencia tecnológica como un arma de presión política.
Actualmente, tres gigantes de Estados Unidos (Amazon, Microsoft y Google) dominan el 70% del mercado europeo de la nube, mientras que las alternativas locales apenas alcanzan un modesto 15%. Esto significa que infraestructuras críticas como hospitales, defensa y administraciones públicas funcionan hoy en servidores donde, en última instancia, manda Washington.
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La cruda realidad de la IA europea
La urgencia de Europa por independizarse choca, sin embargo, con un estancamiento operativo grave. Aunque el continente se ha fijado la meta de alcanzar un 75% de adopción de inteligencia artificial (IA) para el año 2030, en pleno 2025 apenas un 20% de las empresas utiliza activamente esta tecnología.
Según un informe de Ness Digital Engineering, este rezago no se debe a la falta de algoritmos o inversión, sino a un problema estructural: las arquitecturas de datos tradicionales, diseñadas para generar reportes retrospectivos en lotes, colapsan ante las exigencias de la IA en tiempo real, al menos de aquí al 2030.
Senthil Devarajan, ejecutivo de la empresa advierte que “la información corporativa permanece atrapada en silos aislados, impidiendo que los modelos predictivos se traduzcan en decisiones operativas reales”.
El arsenal legislativo
Para solucionar este déficit de infraestructura y dependencia, el paquete propuesto por Bruselas, y al que han tenido acceso medios como Financial Times, se estructurará en pilares fundamentales que prometen marcar un hito similar al del RGPD.
En primer lugar, la Cloud and AI Development Act (Ley de Desarrollo de la Nube y la IA) buscará triplicar la capacidad de los centros de datos europeos en los próximos cinco a siete años. Además de simplificar la normativa, la ley implementará “evaluaciones de riesgos para la soberanía”, basándose en cuatro criterios a la hora de elegir proveedores.
La estrategia busca impulsar a actores europeos que tengan soluciones de tecnología en la nube (como Scaleway, Exoscale y Stackit) y alternativas de IA (como Mistral AI, Aleph Alpha o Multiverse Computing), al mismo tiempo que someterá a la nube actual a pruebas de estrés para anticiparse a un posible “apagón” estadounidense.
En segundo lugar, se presentarán los Chips Act 2. Tras lo sucedido con empresas como Nexperia, donde la intervención del gobierno de Países Bajos derivó en un corte de suministro por parte de China que paralizó la industria automotriz, la Comisión asumirá poderes sin precedentes. En caso de emergencia, Europa podrá anular contratos de suministro, actuar como comprador central para los 27 estados miembros (tal como hizo con las vacunas del COVID) y sancionar a las empresas que oculten información. Esto también beneficiará el desarrollo de semiconductores de código abierto, como los que diseña el Barcelona Supercomputing Center.
Complementando estas leyes, se lanzará una estrategia masiva de software libre para crear soluciones autóctonas frente al software propietario estadounidense, junto con una hoja de ruta para digitalizar el sector energético. Todo esto requerirá una inyección financiera monumental: €200,000 millones de euros para centros de datos hasta 2036 y €20,000 millones más para la energía, que se espera provengan principalmente de la inversión privada.
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Las sombras del proyecto
A pesar de la magnitud del plan, el historial europeo invita a la prudencia. En el pasado, los fondos para la fabricación de chips se dispersaron debido a la falta de una estrategia de un bloque en común, con estados jugando sus propias cartas, por ejemplo, Alemania negoció sola con Intel y Francia con STMicroelectronics.
Hoy, el músculo de manufactura europeo sigue siendo minúsculo frente al de China, Corea del Sur o Estados Unidos, y existe el riesgo de que la financiación privada no logre asegurarse.
Europa tiene la capacidad de legislar, pero aún carece de un ecosistema industrial completo y cohesionado.
A este desafío de infraestructura se suma la necesidad de generar credibilidad en el mercado. Martyna Studniarska, estratega creativa de la agencia tecnológica global Sköna, señaló que nos encontramos en un punto de inflexión: “Para ganar credibilidad en la era de la IA, creo que las empresas deben empezar a hablar más sobre su punto de vista sobre la IA en el contexto de lo que hacen u ofrecen… además de ser capaces de demostrar que pueden respaldarlo”.
Este reto de gobernanza es algo que Sköna conoce de primera mano tras colaborar con WitnessAI, una startup dedicada a la seguridad en IA que recientemente logró levantar $58 millones de dólares para ayudar a las grandes organizaciones a desplegar estas tecnologías sin riesgos.
Al final, la verdadera carrera geopolítica y tecnológica no se ganará acumulando datos o redactando leyes, sino logrando conectar eventos y decisiones con efectividad, modernizando los cimientos digitales corporativos y estatales.
La promesa de una Europa tecnológicamente libre dependerá de si logra transformar sus ambiciones desde las salas de laboratorio hacia la arquitectura de su toma de decisiones diarias.
Conclusiones Clave
- Europa depende del extranjero para más del 80% de su infraestructura digital, y tres empresas estadounidenses (Amazon, Microsoft y Google) controlan el 70% de su mercado de nube.
- El paquete legislativo incluye una nueva ley de nube e IA, una segunda versión de la Chips Act y una estrategia masiva de software libre para reducir la dependencia del software propietario estadounidense.
La Unión Europea se ha cansado de ser un actor secundario en la era de la revolución digital. Consciente de que más del 80% de sus infraestructuras digitales provienen del extranjero, principalmente de potencias como Estados Unidos y China, el viejo continente prepara un golpe sobre la mesa.
Esta semana, la comisaria de tecnología, Henna Virkkunen, presentó un ambicioso paquete legislativo diseñado para recuperar el control geopolítico y establecer la ansiada “soberanía tecnológica” del continente.
La idea de apartarse del escenario se da por el temor a que líderes extranjeros, como Donald Trump, puedan utilizar esta fuerte dependencia tecnológica como un arma de presión política.
Actualmente, tres gigantes de Estados Unidos (Amazon, Microsoft y Google) dominan el 70% del mercado europeo de la nube, mientras que las alternativas locales apenas alcanzan un modesto 15%. Esto significa que infraestructuras críticas como hospitales, defensa y administraciones públicas funcionan hoy en servidores donde, en última instancia, manda Washington.
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La cruda realidad de la IA europea
La urgencia de Europa por independizarse choca, sin embargo, con un estancamiento operativo grave. Aunque el continente se ha fijado la meta de alcanzar un 75% de adopción de inteligencia artificial (IA) para el año 2030, en pleno 2025 apenas un 20% de las empresas utiliza activamente esta tecnología.
Según un informe de Ness Digital Engineering, este rezago no se debe a la falta de algoritmos o inversión, sino a un problema estructural: las arquitecturas de datos tradicionales, diseñadas para generar reportes retrospectivos en lotes, colapsan ante las exigencias de la IA en tiempo real, al menos de aquí al 2030.
Senthil Devarajan, ejecutivo de la empresa advierte que “la información corporativa permanece atrapada en silos aislados, impidiendo que los modelos predictivos se traduzcan en decisiones operativas reales”.
El arsenal legislativo
Para solucionar este déficit de infraestructura y dependencia, el paquete propuesto por Bruselas, y al que han tenido acceso medios como Financial Times, se estructurará en pilares fundamentales que prometen marcar un hito similar al del RGPD.
En primer lugar, la Cloud and AI Development Act (Ley de Desarrollo de la Nube y la IA) buscará triplicar la capacidad de los centros de datos europeos en los próximos cinco a siete años. Además de simplificar la normativa, la ley implementará “evaluaciones de riesgos para la soberanía”, basándose en cuatro criterios a la hora de elegir proveedores.
La estrategia busca impulsar a actores europeos que tengan soluciones de tecnología en la nube (como Scaleway, Exoscale y Stackit) y alternativas de IA (como Mistral AI, Aleph Alpha o Multiverse Computing), al mismo tiempo que someterá a la nube actual a pruebas de estrés para anticiparse a un posible “apagón” estadounidense.
En segundo lugar, se presentarán los Chips Act 2. Tras lo sucedido con empresas como Nexperia, donde la intervención del gobierno de Países Bajos derivó en un corte de suministro por parte de China que paralizó la industria automotriz, la Comisión asumirá poderes sin precedentes. En caso de emergencia, Europa podrá anular contratos de suministro, actuar como comprador central para los 27 estados miembros (tal como hizo con las vacunas del COVID) y sancionar a las empresas que oculten información. Esto también beneficiará el desarrollo de semiconductores de código abierto, como los que diseña el Barcelona Supercomputing Center.
Complementando estas leyes, se lanzará una estrategia masiva de software libre para crear soluciones autóctonas frente al software propietario estadounidense, junto con una hoja de ruta para digitalizar el sector energético. Todo esto requerirá una inyección financiera monumental: €200,000 millones de euros para centros de datos hasta 2036 y €20,000 millones más para la energía, que se espera provengan principalmente de la inversión privada.
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Las sombras del proyecto
A pesar de la magnitud del plan, el historial europeo invita a la prudencia. En el pasado, los fondos para la fabricación de chips se dispersaron debido a la falta de una estrategia de un bloque en común, con estados jugando sus propias cartas, por ejemplo, Alemania negoció sola con Intel y Francia con STMicroelectronics.
Hoy, el músculo de manufactura europeo sigue siendo minúsculo frente al de China, Corea del Sur o Estados Unidos, y existe el riesgo de que la financiación privada no logre asegurarse.
Europa tiene la capacidad de legislar, pero aún carece de un ecosistema industrial completo y cohesionado.
A este desafío de infraestructura se suma la necesidad de generar credibilidad en el mercado. Martyna Studniarska, estratega creativa de la agencia tecnológica global Sköna, señaló que nos encontramos en un punto de inflexión: “Para ganar credibilidad en la era de la IA, creo que las empresas deben empezar a hablar más sobre su punto de vista sobre la IA en el contexto de lo que hacen u ofrecen… además de ser capaces de demostrar que pueden respaldarlo”.
Este reto de gobernanza es algo que Sköna conoce de primera mano tras colaborar con WitnessAI, una startup dedicada a la seguridad en IA que recientemente logró levantar $58 millones de dólares para ayudar a las grandes organizaciones a desplegar estas tecnologías sin riesgos.
Al final, la verdadera carrera geopolítica y tecnológica no se ganará acumulando datos o redactando leyes, sino logrando conectar eventos y decisiones con efectividad, modernizando los cimientos digitales corporativos y estatales.
La promesa de una Europa tecnológicamente libre dependerá de si logra transformar sus ambiciones desde las salas de laboratorio hacia la arquitectura de su toma de decisiones diarias.