Banca digital acelera su expansión regulada en América Latina con nuevo movimiento en Perú

Con un valor de $75,000 millones de dólares, Revolut, la fintech más valiosa de Europa ahora suma su quinto mercado en América Latina como parte de su expansión en mercados de alto crecimiento.

Por Sofía Osuna | Ene 31, 2026
agaliza | Getty Immages
Lima, Peru along the coast also known as Circuito de Playas de la Costa Verde at a golden hour sunset

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • El movimiento muestra que las fintech globales están transitando de modelos ágiles y ligeros hacia estructuras bancarias supervisadas, donde gobernanza, AML, ciberseguridad y resiliencia operativa pesan tanto como la experiencia digital.
  • La inclusión financiera en los mercados latinoamericanos no depende solo de apps o smartphones, sino de la capacidad de operar con ingresos informales, gestionar riesgo sin elevar fraude y cumplir estándares regulatorios desde el diseño del modelo.
  • La región combina alta digitalización con exigencia supervisora creciente, obligando a las fintech a demostrar que pueden escalar como bancos reales, no solo como plataformas tecnológicas.
  • El impacto no será solo una guerra de precios, sino presión sobre la banca tradicional para modernizar core, UX, analítica de riesgo y arquitectura tecnológica gobernada.

El 19 de enero de 2026, la fintech británica Revolut anunció que había solicitado una licencia bancaria completa en Perú, lo que marcaría su quinto mercado en América Latina. Con un valor de $75,000 millones de dólares —lo que la convierte en la fintech más valiosa de Europa— Revolut viene expandiéndose agresivamente en mercados de alto crecimiento bajo su estrategia global de alcanzar 100 millones de clientes para 2027. 

La incursión en Perú incluye el nombramiento de Julien Labrot (exejecutivo de Banco Ripley en Chile) como CEO de Revolut Perú para liderar las operaciones locales. La compañía enfatiza que construirá un negocio “a largo plazo, plenamente regulado y con raíces locales” en el país, adaptado a una economía que se digitaliza rápidamente.

Según Carlos Urrutia, responsable de expansión internacional de Revolut, la entrada en Perú obedece a la convicción de que los servicios financieros digitales deben ser accesibles, seguros y que empoderen a las personas. Por ello, al buscar una licencia bancaria completa, “no solo estamos ingresando a un nuevo mercado, sino que nos comprometemos a ser parte confiable e integral del ecosistema financiero peruano”. 

La compañía afirmó que su llegada acelerará los objetivos de digitalización, competencia e inclusión financiera en Perú. En los próximos meses, Revolut planea contratar talento local y regional, preparándose para lanzar una oferta bancaria de clase mundial en cuanto obtenga la aprobación regulatoria.

Relacionado: El verdadero costo detrás de cada transacción y por qué la velocidad de cobro impulsa liquidez

América Latina como laboratorio regulado para la banca digital global

Ítalo Migone, gerente general de Nisum Perú —firma que acompaña a bancos y fintechs en la modernización regulada—, sostiene que el otorgamiento de una licencia a un operador digital no se define solo por “cumplir” la norma escrita. 

En la práctica, dice, el regulador prioriza señales de madurez: gobernanza efectiva, controles antilavado ajustados al contexto local, resiliencia operativa, una postura clara de ciberseguridad y de continuidad del negocio, y —punto crítico— gestión rigurosa de terceros tecnológicos, incluida la externalización de servicio en la nube y el riesgo de proveedores. Su conclusión es pragmática: Perú no es el mercado más flexible, pero sí uno en el que la predictibilidad aumenta cuando la arquitectura tecnológica y el modelo operativo se diseñan bien desde el inicio, como si fueran auditados y sometidos a pruebas de resistencia a escala.

Ese enfoque tiene implicaciones concretas. Solicitar licencia implica asumir costos de entrada (capital, compliance, reportes, supervisión continua) y demostrar que el banco digital puede operar sin “sorpresas” cuando aumente el volumen: onboarding remoto robusto frente al fraude, monitoreo transaccional con trazabilidad, atención y gestión de reclamos escalables, continuidad ante incidentes y contratos con proveedores cloud que permitan auditoría y planes de salida. En otras palabras: el riesgo operacional deja de ser un capítulo y se vuelve el eje.

El atractivo del mercado peruano no se reduce a la adopción de smartphones. Perú ha acelerado la digitalización de pagos — el Banco Central reportó 591 pagos digitales por adulto en promedio al cierre de junio de 2025 — y el país se mueve hacia esquemas más interoperables. Sin embargo, Migone subraya que las barreras centrales para la inclusión financiera no son tecnológicas: pesan la informalidad de los ingresos, el costo percibido de los servicios, la escasa educación financiera y la fricción en los procesos de alta. Su estimación de que entre el 40 y el 45% de los adultos no están bancarizados apunta a un mercado amplio, pero difícil: captarlo exige modelos de riesgo y cumplimiento capaces de operar con ingresos irregulares sin elevar el fraude ni la morosidad.

Si Revolut obtiene la licencia, Migone anticipa efectos en un plazo de 12 a 24 meses que van más allá de una guerra de comisiones. El impacto probable estaría en elevar el estándar de experiencia digital (altas más simples, productos más integrados, mejor UX) y forzar a la banca tradicional a acelerar la modernización de plataformas core, analítica de riesgo y canales digitales. La lectura competitiva es clara: ganarán las instituciones —bancos o fintech— que entiendan que la tecnología “bien gobernada” y alineada con la regulación es el habilitador para capturar al mercado subatendido; perderán los que dependan de la fricción (trámites, opacidad tarifaria, lentitud operativa) para retener clientes.

Se puede decir que la noticia no es solo que Revolut llegue a Perú, sino que intenta pasar del rol de fintech global al de banco local supervisado. Si logra demostrar la madurez operativa que describe Nisum Perú —gobernanza, AML, ciberseguridad, terceros y resiliencia—, Perú podría convertirse en una pieza clave de su corredor latinoamericano. Si no, el cuello de botella no será la demanda del mercado, sino la capacidad de sostener el estándar bancario en un entorno regulado.

Conclusiones Clave

  • El movimiento muestra que las fintech globales están transitando de modelos ágiles y ligeros hacia estructuras bancarias supervisadas, donde gobernanza, AML, ciberseguridad y resiliencia operativa pesan tanto como la experiencia digital.
  • La inclusión financiera en los mercados latinoamericanos no depende solo de apps o smartphones, sino de la capacidad de operar con ingresos informales, gestionar riesgo sin elevar fraude y cumplir estándares regulatorios desde el diseño del modelo.
  • La región combina alta digitalización con exigencia supervisora creciente, obligando a las fintech a demostrar que pueden escalar como bancos reales, no solo como plataformas tecnológicas.
  • El impacto no será solo una guerra de precios, sino presión sobre la banca tradicional para modernizar core, UX, analítica de riesgo y arquitectura tecnológica gobernada.

El 19 de enero de 2026, la fintech británica Revolut anunció que había solicitado una licencia bancaria completa en Perú, lo que marcaría su quinto mercado en América Latina. Con un valor de $75,000 millones de dólares —lo que la convierte en la fintech más valiosa de Europa— Revolut viene expandiéndose agresivamente en mercados de alto crecimiento bajo su estrategia global de alcanzar 100 millones de clientes para 2027. 

La incursión en Perú incluye el nombramiento de Julien Labrot (exejecutivo de Banco Ripley en Chile) como CEO de Revolut Perú para liderar las operaciones locales. La compañía enfatiza que construirá un negocio “a largo plazo, plenamente regulado y con raíces locales” en el país, adaptado a una economía que se digitaliza rápidamente.

Según Carlos Urrutia, responsable de expansión internacional de Revolut, la entrada en Perú obedece a la convicción de que los servicios financieros digitales deben ser accesibles, seguros y que empoderen a las personas. Por ello, al buscar una licencia bancaria completa, “no solo estamos ingresando a un nuevo mercado, sino que nos comprometemos a ser parte confiable e integral del ecosistema financiero peruano”. 

La compañía afirmó que su llegada acelerará los objetivos de digitalización, competencia e inclusión financiera en Perú. En los próximos meses, Revolut planea contratar talento local y regional, preparándose para lanzar una oferta bancaria de clase mundial en cuanto obtenga la aprobación regulatoria.

Relacionado: El verdadero costo detrás de cada transacción y por qué la velocidad de cobro impulsa liquidez

América Latina como laboratorio regulado para la banca digital global

Ítalo Migone, gerente general de Nisum Perú —firma que acompaña a bancos y fintechs en la modernización regulada—, sostiene que el otorgamiento de una licencia a un operador digital no se define solo por “cumplir” la norma escrita. 

En la práctica, dice, el regulador prioriza señales de madurez: gobernanza efectiva, controles antilavado ajustados al contexto local, resiliencia operativa, una postura clara de ciberseguridad y de continuidad del negocio, y —punto crítico— gestión rigurosa de terceros tecnológicos, incluida la externalización de servicio en la nube y el riesgo de proveedores. Su conclusión es pragmática: Perú no es el mercado más flexible, pero sí uno en el que la predictibilidad aumenta cuando la arquitectura tecnológica y el modelo operativo se diseñan bien desde el inicio, como si fueran auditados y sometidos a pruebas de resistencia a escala.

Ese enfoque tiene implicaciones concretas. Solicitar licencia implica asumir costos de entrada (capital, compliance, reportes, supervisión continua) y demostrar que el banco digital puede operar sin “sorpresas” cuando aumente el volumen: onboarding remoto robusto frente al fraude, monitoreo transaccional con trazabilidad, atención y gestión de reclamos escalables, continuidad ante incidentes y contratos con proveedores cloud que permitan auditoría y planes de salida. En otras palabras: el riesgo operacional deja de ser un capítulo y se vuelve el eje.

El atractivo del mercado peruano no se reduce a la adopción de smartphones. Perú ha acelerado la digitalización de pagos — el Banco Central reportó 591 pagos digitales por adulto en promedio al cierre de junio de 2025 — y el país se mueve hacia esquemas más interoperables. Sin embargo, Migone subraya que las barreras centrales para la inclusión financiera no son tecnológicas: pesan la informalidad de los ingresos, el costo percibido de los servicios, la escasa educación financiera y la fricción en los procesos de alta. Su estimación de que entre el 40 y el 45% de los adultos no están bancarizados apunta a un mercado amplio, pero difícil: captarlo exige modelos de riesgo y cumplimiento capaces de operar con ingresos irregulares sin elevar el fraude ni la morosidad.

Si Revolut obtiene la licencia, Migone anticipa efectos en un plazo de 12 a 24 meses que van más allá de una guerra de comisiones. El impacto probable estaría en elevar el estándar de experiencia digital (altas más simples, productos más integrados, mejor UX) y forzar a la banca tradicional a acelerar la modernización de plataformas core, analítica de riesgo y canales digitales. La lectura competitiva es clara: ganarán las instituciones —bancos o fintech— que entiendan que la tecnología “bien gobernada” y alineada con la regulación es el habilitador para capturar al mercado subatendido; perderán los que dependan de la fricción (trámites, opacidad tarifaria, lentitud operativa) para retener clientes.

Se puede decir que la noticia no es solo que Revolut llegue a Perú, sino que intenta pasar del rol de fintech global al de banco local supervisado. Si logra demostrar la madurez operativa que describe Nisum Perú —gobernanza, AML, ciberseguridad, terceros y resiliencia—, Perú podría convertirse en una pieza clave de su corredor latinoamericano. Si no, el cuello de botella no será la demanda del mercado, sino la capacidad de sostener el estándar bancario en un entorno regulado.

Sofía Osuna

Colaboradora en Latin America Reports

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