Cuando nadie apostaba por el venture capital en Chihuahua, este fondo decidió intentarlo
Hace diez años, el norte de México era un desierto para la inversión de riesgo. La creación de Orion Startups Fund I marcó el inicio de una nueva etapa para el emprendimiento tecnológico en la región.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- Apostar por el capital de riesgo regiones fuera de los hubs tradicionales puede detonar ecosistemas tecnológicos y atraer talento e inversión a largo plazo.
- La experiencia de Orion Startups muestra que el capital emprendedor, combinado con talento local y visión de largo plazo, puede transformar economías regionales.
Cuando Luis Miguel Almanza Rueda escuchó por primera vez que quería crear un fondo de venture capital en Chihuahua, lo que menos esperaba era la respuesta de la industria: “Todo el mundo nos decía que Chihuahua no es tierra para hacer venture capital, no van a poder, son muy ‘chiquitos’”, recuerda el Managing Director de Orion Startups. Diez años después, el fondo celebra más de 15 salidas exitosas y el respaldo a más de 25 compañías locales.
En 2015, el norte de México era un desierto para la inversión de riesgo. En ese entonces no se hablaba de escalamiento, startups o capital emprendedor. Con la llegada de Orion Startups Fund I, el primer fondo estructurado de Chihuahua apoyado por el Tec de Monterrey, comenzó a germinar una nueva forma de entender los negocios tecnológicos en la región.
Hoy México se ha consolidado como el segundo mercado de venture capital en América Latina. Sin embargo, históricamente los recursos se concentraban en la Ciudad de México. Almanza explica que, al estudiar hubs globales como Silicon Valley o Israel, notaron algo revelador: “Muchas de las piezas de los ecosistemas exitosos en el mundo ya las teníamos en Chihuahua. Había talento, universidades y mentalidad industrial, pero existía un hueco súper importante: el tema del capital”.
Una apuesta por la innovación local
Fundado hace una década, Orion nació para activar la innovación tecnológica en una región emergente, apostando cuando no había historiales comprobados. Fue un movimiento que desafió el statu quo financiero del país. Almanza añade que parte del éxito fue no tener miedo a ir en contracultura y rodearse de personas que creyeran genuinamente en el proyecto desde el primer día.
Desde su creación, el fondo ha invertido en cerca de 25 compañías, con un enfoque diversificado en sectores de alto impacto como la biotecnología, agrotech, inteligencia artificial, edtech, healthtech e internet de las cosas, conforman su portafolio, donde destacan nombres como SaveFruit, Omdena, Biobotix y Emonitech.
A lo largo de esta década, plataformas de datos financieros como PitchBook han registrado alrededor de 15 eventos de salida para el fondo. Estas operaciones demuestran que el ciclo de inversión puede completarse con éxito fuera de los grandes centros financieros del país.
A pesar del escepticismo inicial sobre el impacto posible en el ecosistema, los inversionistas apoyaron la iniciativa motivados por algo más que el retorno económico. Al brindar capital semilla y aceleración, el fondo logró poner a Chihuahua en el mapa tecnológico, atrayendo incluso a emprendedores internacionales que hoy ven en el estado una plataforma de despegue.
Según el reporte Venture Capital en México 2024 de la Asociación Mexicana de Capital Privado, Chihuahua ha captado más de $120 millones de dólares en inversión de riesgo en los últimos cinco años, posicionándose como el tercer estado con mayor actividad fuera de la Ciudad de México y Jalisco, solo detrás de Nuevo León.
Para el empresario Juan Carlos Noble Ayub, la motivación inicial para sumarse al fondo fue profundamente personal. “Pensaba en cómo retribuir, cómo devolver un poco lo que esta vida me ha dado en el nivel empresarial, especialmente por la ayuda que tuve del Tec de Monterrey”. Añadió que la experiencia ha sido “muy gratificante al poder ser parte, aunque sea al poner un granito de arena, en este ecosistema de desarrollo de empresas nuevas”.
Al evaluar los resultados del trabajo hecho hasta ahora, Almanza asegura que: “son empresas que valen millones de dólares y están resolviendo problemas importantes en el mundo”. Esta trayectoria demuestra que el talento local puede competir frente a frente con el de Silicon Valley; solo hacía falta enfoque, paciencia y capital con visión de largo plazo.
Relacionado: La importancia de la gobernanza de la IA en América Latina como base para innovar con confianza
El efecto a largo plazo
Por cada peso invertido en fondos de capital emprendedor en regiones emergentes del norte de México, se generan 4.3 pesos en actividad económica indirecta y se retiene el 60% del talento local que anteriormente migraba a centros urbanos o al extranjero.
El evento de aniversario cerró con la entrega de pines simbólicos y la firma de un lienzo por parte de los inversores. La ceremonia, cargada de simbolismo, reafirmó que el ecosistema no pertenece a una sola institución, sino a quienes asumen el riesgo de activarlo y mantenerlo vivo.
Para Almanza, este momento representa más que un cumpleaños corporativo. “Hemos demostrado que el tamaño de la ciudad no determina la calidad de las startups. La determinación de un grupo de personas puede cambiar la narrativa completa de una región”, reflexiona.
En los próximos años, el fondo se enfocará en expandir su infraestructura y explorar nuevas geografías dentro del norte del país. La meta es demostrar que el capital de riesgo, antes que una simple transacción financiera, es una apuesta humana a largo plazo que transforma realidades locales.
Las más de 25 compañías respaldadas generan hoy cientos de empleos especializados y colocan a Chihuahua en el radar de inversionistas internacionales. Lo que comenzó como una idea contracorriente se ha convertido en un modelo de desarrollo económico que otras regiones mexicanas comienzan a replicar. Para los próximos años, el fondo espera atraer más capital institucional y demostrar que el ecosistema norteño puede producir unicornios desde la frontera. Pero quienes han recorrido este camino saben que los mayores obstáculos ya fueron superados; el primero era creer que sí era posible.
Conclusiones Clave
- Apostar por el capital de riesgo regiones fuera de los hubs tradicionales puede detonar ecosistemas tecnológicos y atraer talento e inversión a largo plazo.
- La experiencia de Orion Startups muestra que el capital emprendedor, combinado con talento local y visión de largo plazo, puede transformar economías regionales.
Cuando Luis Miguel Almanza Rueda escuchó por primera vez que quería crear un fondo de venture capital en Chihuahua, lo que menos esperaba era la respuesta de la industria: “Todo el mundo nos decía que Chihuahua no es tierra para hacer venture capital, no van a poder, son muy ‘chiquitos’”, recuerda el Managing Director de Orion Startups. Diez años después, el fondo celebra más de 15 salidas exitosas y el respaldo a más de 25 compañías locales.
En 2015, el norte de México era un desierto para la inversión de riesgo. En ese entonces no se hablaba de escalamiento, startups o capital emprendedor. Con la llegada de Orion Startups Fund I, el primer fondo estructurado de Chihuahua apoyado por el Tec de Monterrey, comenzó a germinar una nueva forma de entender los negocios tecnológicos en la región.
Hoy México se ha consolidado como el segundo mercado de venture capital en América Latina. Sin embargo, históricamente los recursos se concentraban en la Ciudad de México. Almanza explica que, al estudiar hubs globales como Silicon Valley o Israel, notaron algo revelador: “Muchas de las piezas de los ecosistemas exitosos en el mundo ya las teníamos en Chihuahua. Había talento, universidades y mentalidad industrial, pero existía un hueco súper importante: el tema del capital”.
Una apuesta por la innovación local
Fundado hace una década, Orion nació para activar la innovación tecnológica en una región emergente, apostando cuando no había historiales comprobados. Fue un movimiento que desafió el statu quo financiero del país. Almanza añade que parte del éxito fue no tener miedo a ir en contracultura y rodearse de personas que creyeran genuinamente en el proyecto desde el primer día.
Desde su creación, el fondo ha invertido en cerca de 25 compañías, con un enfoque diversificado en sectores de alto impacto como la biotecnología, agrotech, inteligencia artificial, edtech, healthtech e internet de las cosas, conforman su portafolio, donde destacan nombres como SaveFruit, Omdena, Biobotix y Emonitech.
A lo largo de esta década, plataformas de datos financieros como PitchBook han registrado alrededor de 15 eventos de salida para el fondo. Estas operaciones demuestran que el ciclo de inversión puede completarse con éxito fuera de los grandes centros financieros del país.
A pesar del escepticismo inicial sobre el impacto posible en el ecosistema, los inversionistas apoyaron la iniciativa motivados por algo más que el retorno económico. Al brindar capital semilla y aceleración, el fondo logró poner a Chihuahua en el mapa tecnológico, atrayendo incluso a emprendedores internacionales que hoy ven en el estado una plataforma de despegue.
Según el reporte Venture Capital en México 2024 de la Asociación Mexicana de Capital Privado, Chihuahua ha captado más de $120 millones de dólares en inversión de riesgo en los últimos cinco años, posicionándose como el tercer estado con mayor actividad fuera de la Ciudad de México y Jalisco, solo detrás de Nuevo León.
Para el empresario Juan Carlos Noble Ayub, la motivación inicial para sumarse al fondo fue profundamente personal. “Pensaba en cómo retribuir, cómo devolver un poco lo que esta vida me ha dado en el nivel empresarial, especialmente por la ayuda que tuve del Tec de Monterrey”. Añadió que la experiencia ha sido “muy gratificante al poder ser parte, aunque sea al poner un granito de arena, en este ecosistema de desarrollo de empresas nuevas”.
Al evaluar los resultados del trabajo hecho hasta ahora, Almanza asegura que: “son empresas que valen millones de dólares y están resolviendo problemas importantes en el mundo”. Esta trayectoria demuestra que el talento local puede competir frente a frente con el de Silicon Valley; solo hacía falta enfoque, paciencia y capital con visión de largo plazo.
Relacionado: La importancia de la gobernanza de la IA en América Latina como base para innovar con confianza
El efecto a largo plazo
Por cada peso invertido en fondos de capital emprendedor en regiones emergentes del norte de México, se generan 4.3 pesos en actividad económica indirecta y se retiene el 60% del talento local que anteriormente migraba a centros urbanos o al extranjero.
El evento de aniversario cerró con la entrega de pines simbólicos y la firma de un lienzo por parte de los inversores. La ceremonia, cargada de simbolismo, reafirmó que el ecosistema no pertenece a una sola institución, sino a quienes asumen el riesgo de activarlo y mantenerlo vivo.
Para Almanza, este momento representa más que un cumpleaños corporativo. “Hemos demostrado que el tamaño de la ciudad no determina la calidad de las startups. La determinación de un grupo de personas puede cambiar la narrativa completa de una región”, reflexiona.
En los próximos años, el fondo se enfocará en expandir su infraestructura y explorar nuevas geografías dentro del norte del país. La meta es demostrar que el capital de riesgo, antes que una simple transacción financiera, es una apuesta humana a largo plazo que transforma realidades locales.
Las más de 25 compañías respaldadas generan hoy cientos de empleos especializados y colocan a Chihuahua en el radar de inversionistas internacionales. Lo que comenzó como una idea contracorriente se ha convertido en un modelo de desarrollo económico que otras regiones mexicanas comienzan a replicar. Para los próximos años, el fondo espera atraer más capital institucional y demostrar que el ecosistema norteño puede producir unicornios desde la frontera. Pero quienes han recorrido este camino saben que los mayores obstáculos ya fueron superados; el primero era creer que sí era posible.