Pagos invisibles: la siguiente etapa de SPEI en México
La infraestructura de pagos en México ya resolvió la velocidad. Lo que viene es integrarla tanto a otras experiencias que el acto de pagar deje de sentirse como un paso aparte.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- Cada paso que desaparece entre querer pagar y pagar es la verdadera métrica de avance en esta siguiente etapa de los pagos.
Hay una frase que en México decimos casi todos los días: “te hago un SPEI”. Para pagar la comida, dividir una cuenta, liquidar una factura o mandar dinero a alguien. Es algo tan cotidiano que ya conocemos el ritual de memoria: abrir la app del banco, buscar al beneficiario, poner la cantidad y confirmar. Lo hacemos sin pensarlo demasiado y quizá por eso tampoco nos preguntamos algo bastante obvio: si la infraestructura de pagos ha avanzado tanto, ¿por qué seguimos teniendo que hacer todos esos pasos?
SPEI lleva más de dos décadas resolviendo algo enorme para México: que el dinero pueda moverse entre instituciones prácticamente en tiempo real. Y lo ha hecho a una escala que hace algunos años habría sido difícil imaginar. Solo en 2025 procesó más de 7,410 millones de operaciones, alrededor de 37% más que un año antes, de acuerdo con datos de Banco de México. No estamos hablando de una infraestructura que necesite demostrar que funciona, sino de una que ya forma parte de cómo movemos dinero todos los días. Justamente por eso creo que su siguiente evolución no necesariamente está en hacer un SPEI más rápido, sino en dejar de hacerlo.
No porque SPEI vaya a desaparecer. Más bien porque puede ocurrir lo contrario: que esté tan integrado a lo que hacemos que dejemos de pensar en él como una acción independiente. Ahí es donde Embedded A2A empieza a ponerse interesante para México, porque el pago de cuenta a cuenta puede suceder dentro de la misma experiencia que lo necesita, ya sea una compra, un cobro o una operación, sin obligarnos a salir de ella para mover el dinero.
Relacionado: SPEI 2.0: el dinero ya viaja en segundos, la confianza también debería hacerlo
Pensemos en algo tan sencillo como comprar en un marketplace. Si estoy ahí, quiero comprar; no quiero detenerme a hacer una transferencia, salir del checkout, abrir otra aplicación, copiar una CLABE, confirmar, regresar y esperar a que el comercio identifique mi pago. Si ya construimos una infraestructura capaz de mover dinero prácticamente en tiempo real, quizá el siguiente gran avance no sea moverlo todavía más rápido, sino conseguir que hacerlo deje de sentirse como una tarea.
Algo similar ocurre con una empresa que trabaja desde un ERP: si una factura ya fue revisada y aprobada dentro del sistema, ¿por qué el siguiente paso tendría que ser salir de ahí, entrar a otro portal y comenzar un proceso distinto para pagarla? Parece una diferencia pequeña, pero cambia bastante la conversación porque durante años nos concentramos en conseguir que el dinero se moviera cada vez más rápido y ahora tenemos otro reto por delante: lograr que moverlo también requiera cada vez menos pasos. Cuando eso sucede, el pago comienza poco a poco a desaparecer de la experiencia.
Relacionado: SPEI cumple 22 años: ¿México está entrando en la era de los pagos de cuenta a cuenta?
Claro que hacerlo invisible para el usuario no significa que detrás exista menos tecnología; normalmente ocurre justo lo contrario. La operación sigue necesitando autenticación, conexión con la infraestructura financiera, prevención de fraude, protección de credenciales, conciliación, manejo de excepciones y disponibilidad. La diferencia es que toda esa complejidad deja de trasladarse a quien simplemente quiere comprar, pagar una factura o completar una operación. El usuario puede dejar de ver el pago; la infraestructura no puede darse ese lujo.
Y quizá ahí está una de las conversaciones que todavía tenemos pendientes sobre SPEI. Después de haber demostrado que puede operar a enorme escala, la pregunta para su siguiente etapa no tendría que limitarse a cuántas transferencias adicionales somos capaces de procesar, sino a cuántas experiencias podemos construir sobre esa infraestructura. Marketplaces, plataformas financieras, ERPs, aplicaciones de movilidad y servicios digitales pueden convertir el movimiento de dinero en una capacidad integrada al flujo donde ya está sucediendo otra cosa y, conforme esa lógica avance, también comenzará a cambiar nuestra relación con los pagos.
México ya resolvió una parte especialmente compleja: construir una infraestructura capaz de mover dinero en segundos, todos los días y a una escala que hace algunos años habría sido difícil imaginar. El siguiente reto podría estar en conseguir que toda esa infraestructura deje de sentirse como infraestructura; que pagar una factura, comprar en un marketplace o mover dinero desde una plataforma ocurra como parte natural de lo que ya estamos haciendo, sin obligarnos a detener la experiencia para pensar en cómo vamos a pagar.
Quizá por eso llevamos demasiado tiempo preguntándonos cómo conseguir que SPEI procese más operaciones, cuando la pregunta que viene puede ser bastante más interesante: ¿qué podemos construir encima de él?
Si llegamos ahí, probablemente dejaremos de decir “te hago un SPEI”, no porque SPEI haya perdido relevancia, sino porque habrá ganado tanta que ya no necesitaremos verlo.
Conclusiones Clave
- Cada paso que desaparece entre querer pagar y pagar es la verdadera métrica de avance en esta siguiente etapa de los pagos.
Hay una frase que en México decimos casi todos los días: “te hago un SPEI”. Para pagar la comida, dividir una cuenta, liquidar una factura o mandar dinero a alguien. Es algo tan cotidiano que ya conocemos el ritual de memoria: abrir la app del banco, buscar al beneficiario, poner la cantidad y confirmar. Lo hacemos sin pensarlo demasiado y quizá por eso tampoco nos preguntamos algo bastante obvio: si la infraestructura de pagos ha avanzado tanto, ¿por qué seguimos teniendo que hacer todos esos pasos?
SPEI lleva más de dos décadas resolviendo algo enorme para México: que el dinero pueda moverse entre instituciones prácticamente en tiempo real. Y lo ha hecho a una escala que hace algunos años habría sido difícil imaginar. Solo en 2025 procesó más de 7,410 millones de operaciones, alrededor de 37% más que un año antes, de acuerdo con datos de Banco de México. No estamos hablando de una infraestructura que necesite demostrar que funciona, sino de una que ya forma parte de cómo movemos dinero todos los días. Justamente por eso creo que su siguiente evolución no necesariamente está en hacer un SPEI más rápido, sino en dejar de hacerlo.
No porque SPEI vaya a desaparecer. Más bien porque puede ocurrir lo contrario: que esté tan integrado a lo que hacemos que dejemos de pensar en él como una acción independiente. Ahí es donde Embedded A2A empieza a ponerse interesante para México, porque el pago de cuenta a cuenta puede suceder dentro de la misma experiencia que lo necesita, ya sea una compra, un cobro o una operación, sin obligarnos a salir de ella para mover el dinero.
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Pensemos en algo tan sencillo como comprar en un marketplace. Si estoy ahí, quiero comprar; no quiero detenerme a hacer una transferencia, salir del checkout, abrir otra aplicación, copiar una CLABE, confirmar, regresar y esperar a que el comercio identifique mi pago. Si ya construimos una infraestructura capaz de mover dinero prácticamente en tiempo real, quizá el siguiente gran avance no sea moverlo todavía más rápido, sino conseguir que hacerlo deje de sentirse como una tarea.
Algo similar ocurre con una empresa que trabaja desde un ERP: si una factura ya fue revisada y aprobada dentro del sistema, ¿por qué el siguiente paso tendría que ser salir de ahí, entrar a otro portal y comenzar un proceso distinto para pagarla? Parece una diferencia pequeña, pero cambia bastante la conversación porque durante años nos concentramos en conseguir que el dinero se moviera cada vez más rápido y ahora tenemos otro reto por delante: lograr que moverlo también requiera cada vez menos pasos. Cuando eso sucede, el pago comienza poco a poco a desaparecer de la experiencia.
Relacionado: SPEI cumple 22 años: ¿México está entrando en la era de los pagos de cuenta a cuenta?
Claro que hacerlo invisible para el usuario no significa que detrás exista menos tecnología; normalmente ocurre justo lo contrario. La operación sigue necesitando autenticación, conexión con la infraestructura financiera, prevención de fraude, protección de credenciales, conciliación, manejo de excepciones y disponibilidad. La diferencia es que toda esa complejidad deja de trasladarse a quien simplemente quiere comprar, pagar una factura o completar una operación. El usuario puede dejar de ver el pago; la infraestructura no puede darse ese lujo.
Y quizá ahí está una de las conversaciones que todavía tenemos pendientes sobre SPEI. Después de haber demostrado que puede operar a enorme escala, la pregunta para su siguiente etapa no tendría que limitarse a cuántas transferencias adicionales somos capaces de procesar, sino a cuántas experiencias podemos construir sobre esa infraestructura. Marketplaces, plataformas financieras, ERPs, aplicaciones de movilidad y servicios digitales pueden convertir el movimiento de dinero en una capacidad integrada al flujo donde ya está sucediendo otra cosa y, conforme esa lógica avance, también comenzará a cambiar nuestra relación con los pagos.
México ya resolvió una parte especialmente compleja: construir una infraestructura capaz de mover dinero en segundos, todos los días y a una escala que hace algunos años habría sido difícil imaginar. El siguiente reto podría estar en conseguir que toda esa infraestructura deje de sentirse como infraestructura; que pagar una factura, comprar en un marketplace o mover dinero desde una plataforma ocurra como parte natural de lo que ya estamos haciendo, sin obligarnos a detener la experiencia para pensar en cómo vamos a pagar.
Quizá por eso llevamos demasiado tiempo preguntándonos cómo conseguir que SPEI procese más operaciones, cuando la pregunta que viene puede ser bastante más interesante: ¿qué podemos construir encima de él?
Si llegamos ahí, probablemente dejaremos de decir “te hago un SPEI”, no porque SPEI haya perdido relevancia, sino porque habrá ganado tanta que ya no necesitaremos verlo.