La IA está cambiando el trabajo de los robots y las industrias que pueden transformar

La inteligencia artificial ya no se queda en la pantalla: robots, drones y vehículos autónomos empiezan a moverse por fábricas, calles y edificios.

Por Stiven Cartagena | Sep 15, 2026
Andriy Onufriyenko | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • Empresas como Waymo, BMW, Tesla y SkyPSI muestran cómo la “IA física” está dejando de ser experimento para convertirse en negocio real.
  • No todos los robots necesitan forma humana: muchas veces la solución más eficiente es diseñar una máquina alrededor de una tarea específica, como ocurre con los drones de limpieza o los vehículos autónomos, que ya generan negocios rentables sin imitar al cuerpo humano.

Durante años, la inteligencia artificial (IA) trabajó puertas adentro. Escribía textos, analizaba documentos, recomendaba productos y respondía preguntas. Todo ocurría en un cuadro de texto.

Eso está cambiando. Hoy la IA empieza a salir a la calle. Se mueve por fábricas, almacenes, hospitales y fachadas de edificios.

Este fenómeno ya tiene nombre: IA física. Son sistemas que perciben su entorno, toman decisiones y actúan sobre el mundo real, ya sea a través de robots, autos autónomos, drones o cualquier otra máquina. Deloitte dice que los robots están saliendo de sus entornos controlados para aprender a moverse en tiempo real, en el mundo real.

Y el negocio detrás de todo esto ya es enorme.

McKinsey calcula que los agentes de IA y los robots podrían generar cerca de $2.9 billones de dólares en valor económico anual en Estados Unidos para 2030. Ese potencial, eso sí, dependerá de qué tan rápido las empresas rediseñen sus procesos y se animen a adoptar estas tecnologías.

No hay un solo tipo de robot detrás de esta ola. Algunos ya transportan personas. Otros trabajan en líneas de producción y almacenes. Y una nueva generación empieza a moverse por espacios que originalmente se diseñaron solo para humanos.

Relacionado: La economía de los agentes de IA ya comenzó, aunque pocas empresas lo hayan notado

De los robotaxis a los humanoides

Los vehículos autónomos son quizás la cara más visible de esta transición.

Waymo, la compañía de Alphabet dedicada a la conducción autónoma, ya opera servicios comerciales sin conductor en varias ciudades de Estados Unidos. En 2025 superó los 15 millones de viajes anuales. Un año después, en 2026, empezó a expandirse a nuevos mercados y ya acumula más de 20 millones de viajes autónomos.

Ese crecimiento también atrajo capital. En febrero de 2026, Waymo cerró una ronda de $16,000 millones de dólares que la dejó valorada en $126,000 millones.

Pero los autos autónomos son solo una parte de la historia.

En las fábricas, los robots están dejando de repetir movimientos programados. Ahora empiezan a interpretar el espacio y a ajustar sus acciones sobre la marcha. BMW, por ejemplo, probó robots humanoides de Figure en su planta de Spartanburg. Según la compañía, su robot Figure 02 ayudó a fabricar más de 30,000 vehículos BMW durante ese despliegue.

Tesla trabaja en su propio camino con Optimus. Para 2026, la empresa anunció que la versión Gen 3 será su primer diseño pensado para producción en serie, con una línea que apunta a fabricar hasta un millón de robots al año.

¿Por qué tanto interés en los humanoides? La razón es simple: buena parte del mundo ya está construido para cuerpos humanos. Puertas, escaleras, herramientas y líneas de producción no necesitan rediseñarse si una máquina aprende a moverse dentro de ellas tal como están.

McKinsey coincide en que los humanoides están saliendo de la etapa de prototipo para llegar a despliegues reales. Aun así, quedan retos grandes por resolver: costos, baterías, seguridad, movilidad y destreza.

Relacionado: Los robots humanoides están por llegar al trabajo. Esto es lo que necesitas saber

Robots que no necesitan parecerse a nosotros

La robótica, sin embargo, no siempre pasa por construir máquinas con brazos y piernas.

Muchas veces la solución más eficiente es diseñar un robot alrededor de una tarea puntual. Un dron que inspecciona infraestructura, un robot que recorre un almacén o una máquina que trabaja en un entorno peligroso pueden resolver un problema concreto sin necesitar forma humana.

Los drones son uno de los segmentos que más crece. Technavio proyecta que el mercado global de drones comerciales sumará $22,330 millones de dólares entre 2025 y 2030, con un crecimiento anual compuesto del 12.6%.

La tecnología dentro de estas aeronaves también evolucionó. Con cámaras, sensores, navegación autónoma e IA, un dron dejó de ser solo una máquina operada a control remoto. Ahora puede interpretar su entorno y ejecutar una tarea por su cuenta.

Ahí entra un caso como el de SkyPSI, una startup que lleva los drones autónomos a una actividad mucho más cotidiana, la limpieza comercial.

La compañía usa drones para automatizar la limpieza exterior de edificios, sobre todo en superficies y estructuras donde los trabajadores quedarían expuestos a los riesgos del trabajo en altura. SkyPSI entrega los equipos, capacita y certifica a sus operadores, y opera bajo contratos comerciales que se ejecutan con estas máquinas.

La idea no es sacar al trabajador de la ecuación; es trasladar la parte física y peligrosa del trabajo al robot, mientras una persona supervisa la operación y gestiona el servicio.

“Para la clase trabajadora, la ecuación siempre fue la misma: cambiabas tu cuerpo por un sueldo. Ya no es así. El robot asume el riesgo. Tú te quedas con el contrato. Y esta vez, tu nombre figura en la empresa”, dice Vic Pellicano, fundador y CEO de SkyPSI.

SkyPSI arrancó en Dallas-Fort Worth y hoy apunta a hoteles, comunidades para adultos mayores, edificios de oficinas, complejos multifamiliares, instalaciones médicas, estacionamientos y comercios.

Relacionado: Robots y seguridad urbana en Latinoamérica, una apuesta tecnológica bajo debate

La siguiente etapa de la robótica

Lo que está pasando ahora es distinto a la primera ola de automatización. Antes, las máquinas quedaban confinadas a una línea de producción y programadas para repetir siempre el mismo movimiento. Hoy combinan sensores, visión computacional, modelos de IA y sistemas de navegación para moverse en ambientes mucho menos predecibles.

Para Deloitte, los vehículos autónomos y los drones son las caras más visibles de esta IA física. Los humanoides, en cambio, representan una apuesta distinta: máquinas capaces de hacer múltiples tareas dentro de espacios que ya están construidos para personas.

Este cambio también tiene un lado laboral. En América Latina, McKinsey estima que más de la mitad de las horas de trabajo actuales podrían automatizarse con la tecnología que ya existe. En un escenario intermedio, la firma calcula que la IA y la automatización podrían generar cerca de $450,000 millones de valor económico anual en la región para 2030.

Eso no quiere decir que todos esos empleos vayan a desaparecer. La misma investigación de McKinsey señala que muchas habilidades seguirán siendo necesarias. Lo que cambiará es cómo las personas las usan al trabajar junto a máquinas inteligentes.

Y ahí puede estar el verdadero giro de esta etapa. La robótica no avanza únicamente hacia máquinas que hacen más cosas por su cuenta; avanza hacia sistemas capaces de asumir partes específicas de un trabajo.

Un robotaxi puede encargarse de conducir. Un humanoide puede mover piezas en una fábrica. Un dron puede limpiar una fachada o inspeccionar una estructura. En cada caso, la tecnología toma un pedazo concreto de una actividad que antes dependía por completo de una persona. La pregunta ya no es solo qué trabajos pueden hacer los robots. Es cómo van a cambiar esos trabajos cuando las máquinas asuman las partes más repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes de ellos.

Conclusiones Clave

  • Empresas como Waymo, BMW, Tesla y SkyPSI muestran cómo la “IA física” está dejando de ser experimento para convertirse en negocio real.
  • No todos los robots necesitan forma humana: muchas veces la solución más eficiente es diseñar una máquina alrededor de una tarea específica, como ocurre con los drones de limpieza o los vehículos autónomos, que ya generan negocios rentables sin imitar al cuerpo humano.

Durante años, la inteligencia artificial (IA) trabajó puertas adentro. Escribía textos, analizaba documentos, recomendaba productos y respondía preguntas. Todo ocurría en un cuadro de texto.

Eso está cambiando. Hoy la IA empieza a salir a la calle. Se mueve por fábricas, almacenes, hospitales y fachadas de edificios.

Este fenómeno ya tiene nombre: IA física. Son sistemas que perciben su entorno, toman decisiones y actúan sobre el mundo real, ya sea a través de robots, autos autónomos, drones o cualquier otra máquina. Deloitte dice que los robots están saliendo de sus entornos controlados para aprender a moverse en tiempo real, en el mundo real.

Y el negocio detrás de todo esto ya es enorme.

McKinsey calcula que los agentes de IA y los robots podrían generar cerca de $2.9 billones de dólares en valor económico anual en Estados Unidos para 2030. Ese potencial, eso sí, dependerá de qué tan rápido las empresas rediseñen sus procesos y se animen a adoptar estas tecnologías.

No hay un solo tipo de robot detrás de esta ola. Algunos ya transportan personas. Otros trabajan en líneas de producción y almacenes. Y una nueva generación empieza a moverse por espacios que originalmente se diseñaron solo para humanos.

Relacionado: La economía de los agentes de IA ya comenzó, aunque pocas empresas lo hayan notado

De los robotaxis a los humanoides

Los vehículos autónomos son quizás la cara más visible de esta transición.

Waymo, la compañía de Alphabet dedicada a la conducción autónoma, ya opera servicios comerciales sin conductor en varias ciudades de Estados Unidos. En 2025 superó los 15 millones de viajes anuales. Un año después, en 2026, empezó a expandirse a nuevos mercados y ya acumula más de 20 millones de viajes autónomos.

Ese crecimiento también atrajo capital. En febrero de 2026, Waymo cerró una ronda de $16,000 millones de dólares que la dejó valorada en $126,000 millones.

Pero los autos autónomos son solo una parte de la historia.

En las fábricas, los robots están dejando de repetir movimientos programados. Ahora empiezan a interpretar el espacio y a ajustar sus acciones sobre la marcha. BMW, por ejemplo, probó robots humanoides de Figure en su planta de Spartanburg. Según la compañía, su robot Figure 02 ayudó a fabricar más de 30,000 vehículos BMW durante ese despliegue.

Tesla trabaja en su propio camino con Optimus. Para 2026, la empresa anunció que la versión Gen 3 será su primer diseño pensado para producción en serie, con una línea que apunta a fabricar hasta un millón de robots al año.

¿Por qué tanto interés en los humanoides? La razón es simple: buena parte del mundo ya está construido para cuerpos humanos. Puertas, escaleras, herramientas y líneas de producción no necesitan rediseñarse si una máquina aprende a moverse dentro de ellas tal como están.

McKinsey coincide en que los humanoides están saliendo de la etapa de prototipo para llegar a despliegues reales. Aun así, quedan retos grandes por resolver: costos, baterías, seguridad, movilidad y destreza.

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Robots que no necesitan parecerse a nosotros

La robótica, sin embargo, no siempre pasa por construir máquinas con brazos y piernas.

Muchas veces la solución más eficiente es diseñar un robot alrededor de una tarea puntual. Un dron que inspecciona infraestructura, un robot que recorre un almacén o una máquina que trabaja en un entorno peligroso pueden resolver un problema concreto sin necesitar forma humana.

Los drones son uno de los segmentos que más crece. Technavio proyecta que el mercado global de drones comerciales sumará $22,330 millones de dólares entre 2025 y 2030, con un crecimiento anual compuesto del 12.6%.

La tecnología dentro de estas aeronaves también evolucionó. Con cámaras, sensores, navegación autónoma e IA, un dron dejó de ser solo una máquina operada a control remoto. Ahora puede interpretar su entorno y ejecutar una tarea por su cuenta.

Ahí entra un caso como el de SkyPSI, una startup que lleva los drones autónomos a una actividad mucho más cotidiana, la limpieza comercial.

La compañía usa drones para automatizar la limpieza exterior de edificios, sobre todo en superficies y estructuras donde los trabajadores quedarían expuestos a los riesgos del trabajo en altura. SkyPSI entrega los equipos, capacita y certifica a sus operadores, y opera bajo contratos comerciales que se ejecutan con estas máquinas.

La idea no es sacar al trabajador de la ecuación; es trasladar la parte física y peligrosa del trabajo al robot, mientras una persona supervisa la operación y gestiona el servicio.

“Para la clase trabajadora, la ecuación siempre fue la misma: cambiabas tu cuerpo por un sueldo. Ya no es así. El robot asume el riesgo. Tú te quedas con el contrato. Y esta vez, tu nombre figura en la empresa”, dice Vic Pellicano, fundador y CEO de SkyPSI.

SkyPSI arrancó en Dallas-Fort Worth y hoy apunta a hoteles, comunidades para adultos mayores, edificios de oficinas, complejos multifamiliares, instalaciones médicas, estacionamientos y comercios.

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La siguiente etapa de la robótica

Lo que está pasando ahora es distinto a la primera ola de automatización. Antes, las máquinas quedaban confinadas a una línea de producción y programadas para repetir siempre el mismo movimiento. Hoy combinan sensores, visión computacional, modelos de IA y sistemas de navegación para moverse en ambientes mucho menos predecibles.

Para Deloitte, los vehículos autónomos y los drones son las caras más visibles de esta IA física. Los humanoides, en cambio, representan una apuesta distinta: máquinas capaces de hacer múltiples tareas dentro de espacios que ya están construidos para personas.

Este cambio también tiene un lado laboral. En América Latina, McKinsey estima que más de la mitad de las horas de trabajo actuales podrían automatizarse con la tecnología que ya existe. En un escenario intermedio, la firma calcula que la IA y la automatización podrían generar cerca de $450,000 millones de valor económico anual en la región para 2030.

Eso no quiere decir que todos esos empleos vayan a desaparecer. La misma investigación de McKinsey señala que muchas habilidades seguirán siendo necesarias. Lo que cambiará es cómo las personas las usan al trabajar junto a máquinas inteligentes.

Y ahí puede estar el verdadero giro de esta etapa. La robótica no avanza únicamente hacia máquinas que hacen más cosas por su cuenta; avanza hacia sistemas capaces de asumir partes específicas de un trabajo.

Un robotaxi puede encargarse de conducir. Un humanoide puede mover piezas en una fábrica. Un dron puede limpiar una fachada o inspeccionar una estructura. En cada caso, la tecnología toma un pedazo concreto de una actividad que antes dependía por completo de una persona. La pregunta ya no es solo qué trabajos pueden hacer los robots. Es cómo van a cambiar esos trabajos cuando las máquinas asuman las partes más repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes de ellos.

El autor es editor del sitio Geektime en Español.

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