¿Tu empresa necesita estrategia o necesita que te enciendas?
Hoy todo mundo quiere digitalizar y automatizar, pero ¿qué pasaría si la clave estuviera en encender la parte espiritual de una empresa?
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- Cuando las estrategias dejan de funcionar, el problema muchas veces no está en el proceso, sino en los patrones de quienes lo ejecutan.
- Antes de sumar más metodologías o automatizar con IA, vale la pena observar los patrones de comportamiento y comunicación que se repiten en la organización.
Todo mundo quiere digitalizar, automatizar, introducir la inteligencia artificial (IA) más potente, pero, ¿qué pasaría si la clave estuviera en encender la parte espiritual de una empresa?
Hay una pregunta que últimamente me hago mucho cuando trabajo con empresas: ¿qué pasa cuando el problema no está en la estrategia, sino en la persona que está tratando de ejecutarla?
No es un cuestionamiento cómodo, mucho menos cuando llevas meses buscando una nueva metodología, implementando IA, contratando consultores, cambiando procesos o haciendo reuniones para entender por qué las cosas no terminan de funcionar.
Pero después de años acompañando empresas y midiendo su desempeño con tecnología, empecé a notar algo que durante mucho tiempo parecía demasiado subjetivo: la parte espiritual de una organización.
Y para eso hay que encenderse. Encender es una palabra que a todos nos mueve, porque no habla de convertirse en otra persona, habla de prender la luz, y así poder ver mejor.
Es empezar a darte cuenta de cómo estás tomando decisiones, de qué haces cuando algo no sale como esperabas, de las conversaciones que estás evitando y, sobre todo, de los patrones que se repiten, aunque cambien las personas involucradas.
Por ejemplo, si transformaste al equipo y el problema sigue, quizá es momento de mirar otra cosa. Si ajustaste el proceso y el problema sigue, quizá el proceso no era todo lo que había que repensar. Y si llevas años diciendo que “la gente no se compromete”, tal vez llegó el momento de preguntarte qué tipo de organización estás construyendo para que las personas quieran comprometerse.
He aquí otro caso: una junta que debería durar una hora se convierte en tres porque nadie quiere decir lo que realmente está pasando. Un líder pide autonomía, pero termina aprobando cada decisión. Un equipo tiene un conflicto y, en lugar de resolverlo, crea un nuevo proceso para no volver a hablar del tema. Atención a clientes recibe una queja, responde correctamente según el protocolo y, aun así, el cliente termina sintiéndose mal. Todo esto con IA que verifica, sigue, monitorea y revisa que se haya seguido el plan. ¿Pero qué clase de plan puede liberar el conflicto que originó todo, el del bloqueo de comunicación estratégica?
Desde afuera parecen problemas distintos. Desde adentro muchas veces tienen algo en común: nadie se ha detenido a mirar qué está sucediendo entre las personas. Dicen que las personas somos el activo más potente de una organización, y sí… pero también lo que tenemos internamente las personas.
Aquí es donde, para mí, la consciencia deja de ser una palabra bonita y empieza a convertirse en una herramienta espiritual en el ámbito empresarial.
Porque encenderte puede cambiar una conversación; hacer que en esa junta alguien deje de defender su posición y empiece a escuchar; que una persona de atención al cliente deje de pensar en quién tiene la razón y busque una solución donde ambas partes ganen; o que un líder reconozca que lleva meses pidiendo a su equipo algo que él mismo no está dispuesto a hacer.
Eso sí mueve una empresa. Por eso me interesa tanto poder medir estas cosas. Durante mucho tiempo nos acostumbramos a medir ventas, productividad, rotación, satisfacción y rentabilidad, pero pocas veces nos preguntamos qué está pasando con las personas que producen esos resultados.
Relacionado: Estás perdiendo el arte de la conversación — y eso afecta a tu empresa
Hoy la tecnología nos permite empezar a observarlo de otra manera. No para convertir la consciencia en otro KPI vacío, sino para dejar de adivinar qué sucede en una organización y comenzar a encontrar patrones.
Cuando encuentras un patrón, ya no puedes hacer como que no lo viste. Ahí empieza a encenderse todo y no significa tener todas las respuestas. A veces significa hacer la pregunta correcta.
¿Qué estoy haciendo yo para que esto siga ocurriendo?
¿Qué parte de este problema estoy alimentando sin darme cuenta?
¿Qué tendría que cambiar en mi manera de liderar para que mi equipo pudiera responder distinto?
Quizá por eso algunas empresas necesitan menos recetas y más capacidad de observarse.
No estoy diciendo que la estrategia no importe. Todo lo contrario. Una buena estrategia puede cambiar el rumbo de una empresa, pero también he visto estrategias extraordinarias ejecutadas por personas que siguen atrapadas en los mismos patrones y entonces la estrategia termina chocando con ellos.
El negocio puede crecer hasta donde la consciencia de quienes lo dirigen esté encendida.
Así que antes de comprar otra tecnología, implementar la metodología de moda, abrir otro tablero o convocar otra junta para resolver lo mismo, quizá valga la pena hacer algo mucho más sencillo.
Prender la luz. Mirarte. Y preguntarte, con toda honestidad: ¿qué cambiaría en tu empresa si tú decidieras, de una vez por todas, encenderte?
Conclusiones Clave
- Cuando las estrategias dejan de funcionar, el problema muchas veces no está en el proceso, sino en los patrones de quienes lo ejecutan.
- Antes de sumar más metodologías o automatizar con IA, vale la pena observar los patrones de comportamiento y comunicación que se repiten en la organización.
Todo mundo quiere digitalizar, automatizar, introducir la inteligencia artificial (IA) más potente, pero, ¿qué pasaría si la clave estuviera en encender la parte espiritual de una empresa?
Hay una pregunta que últimamente me hago mucho cuando trabajo con empresas: ¿qué pasa cuando el problema no está en la estrategia, sino en la persona que está tratando de ejecutarla?
No es un cuestionamiento cómodo, mucho menos cuando llevas meses buscando una nueva metodología, implementando IA, contratando consultores, cambiando procesos o haciendo reuniones para entender por qué las cosas no terminan de funcionar.
Pero después de años acompañando empresas y midiendo su desempeño con tecnología, empecé a notar algo que durante mucho tiempo parecía demasiado subjetivo: la parte espiritual de una organización.
Y para eso hay que encenderse. Encender es una palabra que a todos nos mueve, porque no habla de convertirse en otra persona, habla de prender la luz, y así poder ver mejor.
Es empezar a darte cuenta de cómo estás tomando decisiones, de qué haces cuando algo no sale como esperabas, de las conversaciones que estás evitando y, sobre todo, de los patrones que se repiten, aunque cambien las personas involucradas.
Por ejemplo, si transformaste al equipo y el problema sigue, quizá es momento de mirar otra cosa. Si ajustaste el proceso y el problema sigue, quizá el proceso no era todo lo que había que repensar. Y si llevas años diciendo que “la gente no se compromete”, tal vez llegó el momento de preguntarte qué tipo de organización estás construyendo para que las personas quieran comprometerse.
He aquí otro caso: una junta que debería durar una hora se convierte en tres porque nadie quiere decir lo que realmente está pasando. Un líder pide autonomía, pero termina aprobando cada decisión. Un equipo tiene un conflicto y, en lugar de resolverlo, crea un nuevo proceso para no volver a hablar del tema. Atención a clientes recibe una queja, responde correctamente según el protocolo y, aun así, el cliente termina sintiéndose mal. Todo esto con IA que verifica, sigue, monitorea y revisa que se haya seguido el plan. ¿Pero qué clase de plan puede liberar el conflicto que originó todo, el del bloqueo de comunicación estratégica?
Desde afuera parecen problemas distintos. Desde adentro muchas veces tienen algo en común: nadie se ha detenido a mirar qué está sucediendo entre las personas. Dicen que las personas somos el activo más potente de una organización, y sí… pero también lo que tenemos internamente las personas.
Aquí es donde, para mí, la consciencia deja de ser una palabra bonita y empieza a convertirse en una herramienta espiritual en el ámbito empresarial.
Porque encenderte puede cambiar una conversación; hacer que en esa junta alguien deje de defender su posición y empiece a escuchar; que una persona de atención al cliente deje de pensar en quién tiene la razón y busque una solución donde ambas partes ganen; o que un líder reconozca que lleva meses pidiendo a su equipo algo que él mismo no está dispuesto a hacer.
Eso sí mueve una empresa. Por eso me interesa tanto poder medir estas cosas. Durante mucho tiempo nos acostumbramos a medir ventas, productividad, rotación, satisfacción y rentabilidad, pero pocas veces nos preguntamos qué está pasando con las personas que producen esos resultados.
Relacionado: Estás perdiendo el arte de la conversación — y eso afecta a tu empresa
Hoy la tecnología nos permite empezar a observarlo de otra manera. No para convertir la consciencia en otro KPI vacío, sino para dejar de adivinar qué sucede en una organización y comenzar a encontrar patrones.
Cuando encuentras un patrón, ya no puedes hacer como que no lo viste. Ahí empieza a encenderse todo y no significa tener todas las respuestas. A veces significa hacer la pregunta correcta.
¿Qué estoy haciendo yo para que esto siga ocurriendo?
¿Qué parte de este problema estoy alimentando sin darme cuenta?
¿Qué tendría que cambiar en mi manera de liderar para que mi equipo pudiera responder distinto?
Quizá por eso algunas empresas necesitan menos recetas y más capacidad de observarse.
No estoy diciendo que la estrategia no importe. Todo lo contrario. Una buena estrategia puede cambiar el rumbo de una empresa, pero también he visto estrategias extraordinarias ejecutadas por personas que siguen atrapadas en los mismos patrones y entonces la estrategia termina chocando con ellos.
El negocio puede crecer hasta donde la consciencia de quienes lo dirigen esté encendida.
Así que antes de comprar otra tecnología, implementar la metodología de moda, abrir otro tablero o convocar otra junta para resolver lo mismo, quizá valga la pena hacer algo mucho más sencillo.
Prender la luz. Mirarte. Y preguntarte, con toda honestidad: ¿qué cambiaría en tu empresa si tú decidieras, de una vez por todas, encenderte?