El drama de la salida de Sam Altman de OpenAI y las lecciones que el evento dejó serán llevados al cine

El nuevo tráiler de Artificial, la película de Luca Guadagnino sobre la salida y regreso de Sam Altman a OpenAI, reabre un episodio que dejó más que drama corporativo…

Por Stiven Cartagena | Sep 11, 2026
Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • Cuando una compañía crece más rápido que sus estructuras de gobierno, el riesgo no es solo perder a su cabeza; también puede perder el control sobre cómo se toman las decisiones.

Esta semana se dio a conocer el primer tráiler de Artificial, la película de Luca Guadagnino que llevará a la pantalla uno de los episodios más inesperados de la historia reciente de Silicon Valley: el despido de Sam Altman como CEO de OpenAI y su regreso a la compañía apenas cinco días después.

Andrew Garfield da vida a Altman en la cinta. El estreno mundial será el 5 de octubre en el Festival de Cine de Nueva York, y llegará a los cines de Estados Unidos el 25 de diciembre. La historia reconstruye lo que pasó en noviembre de 2023, cuando el consejo de OpenAI decidió sacar a quien había convertido a la compañía en uno de los nombres más importantes de la inteligencia artificial (IA).

Pero detrás de ese drama corporativo que ahora Hollywood lleva a la pantalla, quedó algo mucho más útil para quienes dirigen empresas: un manual, sin querer, sobre liderazgo, gobierno corporativo, comunicación y concentración de poder.

El episodio fue tan extraordinario que incluso especialistas en gobierno corporativo lo convirtieron en un caso de estudio. Un análisis publicado en Case Western Reserve Journal of Law, Technology & the Internet señaló que la crisis expuso problemas de gobierno capaces de poner en riesgo el valor de la compañía, su talento y la continuidad de una tecnología con impacto global.

Y algunas de esas lecciones siguen siendo relevantes para cualquier empresa que crezca más rápido que sus estructuras internas.

Relacionado: Sam Altman está de vuelta en OpenAI, pero el daño reputacional puede ser irreparable

Una empresa puede crecer más rápido que su gobierno corporativo

OpenAI no era una compañía convencional. Su estructura combinaba una organización sin ánimo de lucro con una entidad con fines de lucro, una configuración creada para mantener la misión original de desarrollar una IA que beneficiara a la humanidad mientras permitía levantar capital y competir en un mercado cada vez más costoso.

Esa estructura terminó siendo uno de los elementos centrales de la crisis.

El 17 de noviembre de 2023, el consejo anunció que Altman dejaba el cargo porque, según su comunicado, no había sido “consistentemente sincero” en sus comunicaciones con la junta, lo que había afectado su capacidad para ejercer sus responsabilidades. La explicación fue breve y dejó abiertas muchas preguntas sobre qué había ocurrido realmente.

Lo que ocurrió después mostró el problema desde otro ángulo.

Los empleados se rebelaron contra la decisión. Más de 700 de los aproximadamente 770 trabajadores de OpenAI amenazaron con renunciar y trasladarse a Microsoft si el consejo no revertía su decisión. Altman terminó regresando y el consejo que había ordenado su salida fue reemplazado.

La primera enseñanza es incómoda para cualquier fundador: tener el control formal de una compañía no significa necesariamente tener el control real de la organización.

El consejo puede contratar y despedir al CEO. Pero si la empresa depende profundamente de una persona para su estrategia, talento, relaciones con inversionistas o credibilidad frente al mercado, una decisión tomada desde la sala de juntas puede tener consecuencias mucho mayores de las previstas.

Eso no significa que los consejos deban renunciar a su autoridad. Significa que deben construir estructuras capaces de ejercerla antes de que llegue una crisis.

Relacionado: OpenAI dice que su IA acaba de resolver un problema matemático de 90 años: un matemático lo llama plagio

La comunicación interna también es infraestructura

Una de las características más llamativas del episodio de OpenAI fue la velocidad con la que una decisión tomada por un pequeño grupo de directores se convirtió en una crisis para toda la organización.

El problema no fue solamente la decisión de despedir a Altman. También fue la incapacidad de explicar con claridad qué había llevado al consejo a tomarla.

Forbes identificó precisamente esa falta de claridad como una de las principales lecciones del episodio: si un consejo decide remover a un CEO, debe ser capaz de sostener la decisión de manera inequívoca y comunicarla con suficiente claridad.

Para una startup, esto puede parecer un asunto secundario frente a producto, ventas o financiamiento. No lo es.

Cuando una compañía depende del conocimiento de cientos de empleados, una ruptura de confianza puede convertirse rápidamente en un problema operativo. En OpenAI, los empleados no esperaron a conocer todos los detalles para tomar una posición: la reacción colectiva terminó alterando el equilibrio de poder.

La cultura, en otras palabras, también puede convertirse en una forma de poder corporativo.

El episodio dejó además una lección para los fundadores. Un CEO puede ser la persona más visible de una empresa, pero no debería convertirse en el único punto alrededor del cual funciona la organización.

La información que llega al consejo importa tanto como las decisiones que toma

Quizá una de las lecciones más importantes del caso está en una palabra que apareció repetidamente en la explicación oficial de OpenAI: información.

El consejo dijo que Altman no había sido “consistentemente sincero” en sus comunicaciones. Aunque los detalles de esas acusaciones no quedaron completamente expuestos en ese momento, el episodio puso sobre la mesa una pregunta fundamental para cualquier compañía: ¿qué información necesita realmente un consejo para cumplir con su responsabilidad?

Especialistas en gobierno corporativo señalaron después que las empresas necesitan sistemas claros para que los directores reciban información sobre riesgos críticos, especialmente cuando supervisan compañías de tecnología que operan en áreas con consecuencias potencialmente amplias.

Para una startup en crecimiento, esto adquiere todavía más importancia. Cuando el fundador también es CEO, principal vocero, recaudador de capital y responsable de la estrategia, es fácil que las fronteras entre dirección y supervisión se vuelvan difusas.

El consejo no está para administrar la empresa en lugar del CEO. Pero tampoco está para funcionar como una formalidad.

Su trabajo es hacer preguntas difíciles, entender los riesgos y tener suficiente información para intervenir cuando sea necesario.

Relacionado: ¿La IA ya es peligrosa? OpenAI frena su próximo modelo por riesgos críticos de ciberataques

El talento también tiene poder en una empresa

La imagen habitual de una crisis corporativa es la de un consejo tomando una decisión y los empleados esperando instrucciones.

OpenAI mostró algo diferente.

La reacción de sus empleados fue determinante. La amenaza de una salida masiva hacia Microsoft cambió el cálculo de los directores y convirtió una decisión que parecía definitiva en una crisis que terminó con la reincorporación de Altman.

Andrew Ng, fundador de DeepLearning.AI y antiguo líder de Google Brain, resumió otra de las lecciones en medio de la crisis: los empleados tienen poder, incluso dentro de organizaciones grandes.

Para los emprendedores, la conclusión va más allá de OpenAI. El talento no solo ejecuta una estrategia; en compañías de conocimiento puede ser parte fundamental de su valor.

Una empresa tecnológica puede tener una marca reconocida, millones de dólares en financiamiento y una enorme base de usuarios, pero si su equipo clave decide marcharse, buena parte de ese valor puede desaparecer rápidamente.

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La propia experiencia de Altman dejó otra lección

Hay una última enseñanza que no vino de los analistas ni de los abogados corporativos, sino del propio Altman.

Casi un año después de su despido, el CEO habló públicamente sobre lo ocurrido y reconoció que la experiencia había sido traumática. También dijo que había aprendido a valorar más la gratitud y el sentido del deber, y que el episodio lo había llevado a pensar de manera diferente sobre su papel como líder.

En una reflexión publicada posteriormente, Altman fue todavía más directo. Describió su despido como un “big failure of governance” (“un gran fracaso de gobernanza”) y reconoció que él también había cometido errores. Dijo además que había aprendido la importancia de contar con un consejo con puntos de vista diversos y experiencia suficiente para manejar desafíos complejos.

Esa reflexión resulta especialmente interesante porque cambia el foco de la historia.

La pregunta no es solamente por qué un consejo despidió a uno de los fundadores más importantes de Silicon Valley, ni cómo ese fundador consiguió regresar cinco días después.

La pregunta más útil para otros empresarios es qué estructura necesita una compañía cuando su crecimiento, su valoración y la importancia de su tecnología comienzan a superar las reglas con las que fue creada.Artificial contará esa historia desde Hollywood. Para los emprendedores, sin embargo, el episodio de 2023 ya había dejado una conclusión mucho más práctica: una empresa puede tener una visión extraordinaria y aun así fracasar si no construye, al mismo tiempo, las estructuras capaces de gobernarla.

Conclusiones Clave

  • Cuando una compañía crece más rápido que sus estructuras de gobierno, el riesgo no es solo perder a su cabeza; también puede perder el control sobre cómo se toman las decisiones.

Esta semana se dio a conocer el primer tráiler de Artificial, la película de Luca Guadagnino que llevará a la pantalla uno de los episodios más inesperados de la historia reciente de Silicon Valley: el despido de Sam Altman como CEO de OpenAI y su regreso a la compañía apenas cinco días después.

Andrew Garfield da vida a Altman en la cinta. El estreno mundial será el 5 de octubre en el Festival de Cine de Nueva York, y llegará a los cines de Estados Unidos el 25 de diciembre. La historia reconstruye lo que pasó en noviembre de 2023, cuando el consejo de OpenAI decidió sacar a quien había convertido a la compañía en uno de los nombres más importantes de la inteligencia artificial (IA).

Pero detrás de ese drama corporativo que ahora Hollywood lleva a la pantalla, quedó algo mucho más útil para quienes dirigen empresas: un manual, sin querer, sobre liderazgo, gobierno corporativo, comunicación y concentración de poder.

El episodio fue tan extraordinario que incluso especialistas en gobierno corporativo lo convirtieron en un caso de estudio. Un análisis publicado en Case Western Reserve Journal of Law, Technology & the Internet señaló que la crisis expuso problemas de gobierno capaces de poner en riesgo el valor de la compañía, su talento y la continuidad de una tecnología con impacto global.

Y algunas de esas lecciones siguen siendo relevantes para cualquier empresa que crezca más rápido que sus estructuras internas.

Relacionado: Sam Altman está de vuelta en OpenAI, pero el daño reputacional puede ser irreparable

Una empresa puede crecer más rápido que su gobierno corporativo

OpenAI no era una compañía convencional. Su estructura combinaba una organización sin ánimo de lucro con una entidad con fines de lucro, una configuración creada para mantener la misión original de desarrollar una IA que beneficiara a la humanidad mientras permitía levantar capital y competir en un mercado cada vez más costoso.

Esa estructura terminó siendo uno de los elementos centrales de la crisis.

El 17 de noviembre de 2023, el consejo anunció que Altman dejaba el cargo porque, según su comunicado, no había sido “consistentemente sincero” en sus comunicaciones con la junta, lo que había afectado su capacidad para ejercer sus responsabilidades. La explicación fue breve y dejó abiertas muchas preguntas sobre qué había ocurrido realmente.

Lo que ocurrió después mostró el problema desde otro ángulo.

Los empleados se rebelaron contra la decisión. Más de 700 de los aproximadamente 770 trabajadores de OpenAI amenazaron con renunciar y trasladarse a Microsoft si el consejo no revertía su decisión. Altman terminó regresando y el consejo que había ordenado su salida fue reemplazado.

La primera enseñanza es incómoda para cualquier fundador: tener el control formal de una compañía no significa necesariamente tener el control real de la organización.

El consejo puede contratar y despedir al CEO. Pero si la empresa depende profundamente de una persona para su estrategia, talento, relaciones con inversionistas o credibilidad frente al mercado, una decisión tomada desde la sala de juntas puede tener consecuencias mucho mayores de las previstas.

Eso no significa que los consejos deban renunciar a su autoridad. Significa que deben construir estructuras capaces de ejercerla antes de que llegue una crisis.

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La comunicación interna también es infraestructura

Una de las características más llamativas del episodio de OpenAI fue la velocidad con la que una decisión tomada por un pequeño grupo de directores se convirtió en una crisis para toda la organización.

El problema no fue solamente la decisión de despedir a Altman. También fue la incapacidad de explicar con claridad qué había llevado al consejo a tomarla.

Forbes identificó precisamente esa falta de claridad como una de las principales lecciones del episodio: si un consejo decide remover a un CEO, debe ser capaz de sostener la decisión de manera inequívoca y comunicarla con suficiente claridad.

Para una startup, esto puede parecer un asunto secundario frente a producto, ventas o financiamiento. No lo es.

Cuando una compañía depende del conocimiento de cientos de empleados, una ruptura de confianza puede convertirse rápidamente en un problema operativo. En OpenAI, los empleados no esperaron a conocer todos los detalles para tomar una posición: la reacción colectiva terminó alterando el equilibrio de poder.

La cultura, en otras palabras, también puede convertirse en una forma de poder corporativo.

El episodio dejó además una lección para los fundadores. Un CEO puede ser la persona más visible de una empresa, pero no debería convertirse en el único punto alrededor del cual funciona la organización.

La información que llega al consejo importa tanto como las decisiones que toma

Quizá una de las lecciones más importantes del caso está en una palabra que apareció repetidamente en la explicación oficial de OpenAI: información.

El consejo dijo que Altman no había sido “consistentemente sincero” en sus comunicaciones. Aunque los detalles de esas acusaciones no quedaron completamente expuestos en ese momento, el episodio puso sobre la mesa una pregunta fundamental para cualquier compañía: ¿qué información necesita realmente un consejo para cumplir con su responsabilidad?

Especialistas en gobierno corporativo señalaron después que las empresas necesitan sistemas claros para que los directores reciban información sobre riesgos críticos, especialmente cuando supervisan compañías de tecnología que operan en áreas con consecuencias potencialmente amplias.

Para una startup en crecimiento, esto adquiere todavía más importancia. Cuando el fundador también es CEO, principal vocero, recaudador de capital y responsable de la estrategia, es fácil que las fronteras entre dirección y supervisión se vuelvan difusas.

El consejo no está para administrar la empresa en lugar del CEO. Pero tampoco está para funcionar como una formalidad.

Su trabajo es hacer preguntas difíciles, entender los riesgos y tener suficiente información para intervenir cuando sea necesario.

Relacionado: ¿La IA ya es peligrosa? OpenAI frena su próximo modelo por riesgos críticos de ciberataques

El talento también tiene poder en una empresa

La imagen habitual de una crisis corporativa es la de un consejo tomando una decisión y los empleados esperando instrucciones.

OpenAI mostró algo diferente.

La reacción de sus empleados fue determinante. La amenaza de una salida masiva hacia Microsoft cambió el cálculo de los directores y convirtió una decisión que parecía definitiva en una crisis que terminó con la reincorporación de Altman.

Andrew Ng, fundador de DeepLearning.AI y antiguo líder de Google Brain, resumió otra de las lecciones en medio de la crisis: los empleados tienen poder, incluso dentro de organizaciones grandes.

Para los emprendedores, la conclusión va más allá de OpenAI. El talento no solo ejecuta una estrategia; en compañías de conocimiento puede ser parte fundamental de su valor.

Una empresa tecnológica puede tener una marca reconocida, millones de dólares en financiamiento y una enorme base de usuarios, pero si su equipo clave decide marcharse, buena parte de ese valor puede desaparecer rápidamente.

Relacionado: “Made With IA”: Anthropic implementa marcas de agua invisibles en los contenidos generados por Claude

La propia experiencia de Altman dejó otra lección

Hay una última enseñanza que no vino de los analistas ni de los abogados corporativos, sino del propio Altman.

Casi un año después de su despido, el CEO habló públicamente sobre lo ocurrido y reconoció que la experiencia había sido traumática. También dijo que había aprendido a valorar más la gratitud y el sentido del deber, y que el episodio lo había llevado a pensar de manera diferente sobre su papel como líder.

En una reflexión publicada posteriormente, Altman fue todavía más directo. Describió su despido como un “big failure of governance” (“un gran fracaso de gobernanza”) y reconoció que él también había cometido errores. Dijo además que había aprendido la importancia de contar con un consejo con puntos de vista diversos y experiencia suficiente para manejar desafíos complejos.

Esa reflexión resulta especialmente interesante porque cambia el foco de la historia.

La pregunta no es solamente por qué un consejo despidió a uno de los fundadores más importantes de Silicon Valley, ni cómo ese fundador consiguió regresar cinco días después.

La pregunta más útil para otros empresarios es qué estructura necesita una compañía cuando su crecimiento, su valoración y la importancia de su tecnología comienzan a superar las reglas con las que fue creada.Artificial contará esa historia desde Hollywood. Para los emprendedores, sin embargo, el episodio de 2023 ya había dejado una conclusión mucho más práctica: una empresa puede tener una visión extraordinaria y aun así fracasar si no construye, al mismo tiempo, las estructuras capaces de gobernarla.

El autor es editor del sitio Geektime en Español.

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