Los agentes de IA ya pueden actuar por sí mismos y las empresas comienzan a adoptarlos

La inteligencia artificial está pasando de responder preguntas a ejecutar procesos completos, conectándose con los sistemas y datos de las empresas para tomar decisiones y actuar de forma autónoma.

Por Stiven Cartagena | Oct 07, 2026
akinbostanci | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • La adopción de agentes de IA obliga a las empresas a replantear cómo distribuyen tareas y decisiones entre humanos y sistemas autónomos

La revolución silenciosa de la inteligencia artificial (IA) y el amanecer de los agentes cognitivos en las empresas

El auge de la inteligencia artificial generativa ha entrado en una fase mucho más madura y pragmática. Atrás quedaron los meses de fascinación inicial por los simples chats conversacionales capaces de responder preguntas abiertas o redactar textos de cortesía. Hoy, el verdadero salto tecnológico se concentra en los agentes cognitivos, sistemas diseñados no solo para procesar información, sino para razonar, tomar decisiones complejas y ejecutar tareas de forma autónoma.

Este cambio de paradigma explica el apetito voraz de los fondos de inversión globales. Durante el año 2025, el flujo de financiamiento enfocado en el desarrollo de IA escaló hasta alcanzar los $212 mil millones de dólares, marcando un impresionante crecimiento del 85% en comparación con el año anterior. En este panorama de hipereficiencia, el mercado de agentes autónomos ya ostenta una valoración global superior a los $7,500 millones de dólares, consolidándose como la infraestructura que redefinirá la relación entre humanos y software.

Relacionado: La IA está creando un mundo completamente nuevo para los creadores: ¿la estás aprovechando bien?

De la automatización rígida al pensamiento contextual

La gran diferencia entre la automatización convencional y esta nueva ola agéntica radica en la flexibilidad para resolver problemas. Un bot tradicional de RPA o un chatbot básico de primera generación se quiebran ante cualquier cambio inesperado en sus instrucciones. Un agente cognitivo, por el contrario, interpreta el contexto real, deduce la intención del usuario y ajusta su toma de decisiones de manera dinámica en tiempo real.

En el escenario global, los titanes de Silicon Valley lideran la carrera por dominar esta infraestructura. OpenAI, por ejemplo, ha redirigido sus esfuerzos de investigación hacia agentes capaces de operar computadoras de manera autónoma, ejecutando tareas complejas directamente en el navegador del usuario. Google no se queda atrás, desarrollando agentes multitarea integrados que automatizan flujos complejos de trabajo diario.

Al mismo tiempo, Meta ha apostado fuertemente por democratizar esta capacidad mediante sus modelos de código abierto LLaMA, permitiendo que millones de desarrolladores creen agentes conversacionales hiperpersonalizados para interactuar de forma autónoma en canales como WhatsApp.

De hecho, Mark Zuckerberg dijo hace poco que miles de millones de personas tendrán agentes de IA personales en cinco años.

Por su parte, Microsoft, mediante su ecosistema de copilots autónomos, ya permite a las empresas desplegar trabajadores digitales que gestionan cadenas de suministro completas sin intervención humana directa.

Este nivel de destreza operativa permite rediseñar por completo industrias globales críticas como la salud o las finanzas. Al cruzar datos estructurados con historiales complejos, los agentes agilizan el análisis de riesgos o validaciones documentales en minutos. Es un salto que deja atrás las interacciones cosméticas para adentrarse en la resolución profunda del back office operativo.

Relacionado: El futuro es de quienes orquestan la IA, no de quienes solo le delegan tareas

La apuesta latinoamericana por los agentes que orquestan sistemas

Frente al despliegue masivo de las multinacionales tecnológicas, destaca la startup latinoamericana Kognia. Su propuesta no busca competir con los modelos generales de los gigantes de la industria, sino conectar esos modelos con los sistemas y datos que utilizan las empresas para resolver procesos complejos. Para lograrlo, la compañía ha desarrollado Alan Agentic Systems.

Luis Guillermo Pardo, CEO de Kognia, explicó que estos sistemas consisten en “conectar esa inteligencia general que nos proveen los modelos de lenguaje con todo un ecosistema de información externa”. El ejecutivo señala que la meta de la compañía es aplicar estos conceptos de sistemas de razonamiento y aprendizaje continuo para resolver problemas de gran impacto organizacional. 

La arquitectura de Alan se divide en dos verticales orientadas a distintos procesos de sus clientes. Por un lado, Alan Customer Experience gestiona la interacción directa con el cliente mediante agentes de voz híbridos y avatares. Por otro, Process Intelligence optimiza los procesos administrativos del back office, acelerando validaciones documentales de semanas a solo minutos. 

El componente central de la plataforma es su motor de razonamiento, conocido como Alan Reasoning Engine. En una empresa de telecomunicaciones, por ejemplo, si un cliente reclama un descuento omitido, el motor recibe la solicitud y define sus propios pasos de consulta de manera autónoma, ingresando al CRM para validar el contrato, revisando la facturación e identificando la inconsistencia.

“Primero voy a consultar en el CRM el contrato de María”, ejemplificó Pardo al describir cómo opera el motor en tiempo real. Al detectar el error, el agente emite una solución compensatoria personalizada. Todo ocurre bajo lineamientos generales de negocio, sin necesidad de un guion rígido preprogramado por un desarrollador.

Relacionado: Tener el modelo de IA más reciente puede ser una mala decisión empresarial

El desafío técnico de los sistemas heredados y el desborde humano

El gran desafío técnico para el despliegue empresarial de esta tecnología radica en la conexión de estos cerebros digitales con las infraestructuras existentes. Mientras que las plataformas modernas se comunican de forma fluida mediante APIs seguras, la integración con sistemas legacy o heredados es mucho más compleja, lo que ha obligado a Kognia a diseñar técnicas especializadas para interactuar con estas fuentes de datos de manera segura.

Para garantizar la fiabilidad del sistema antes de su puesta en producción, la startup desarrolló una solución llamada Alan Hive, un entorno donde se emulan miles de usuarios con distintas personalidades y casuísticas para llamar al agente de voz. “Es una inteligencia hablando con otra inteligencia para testear el comportamiento y ver cómo resuelve los problemas”, detalló Pardo.

A largo plazo, esta escalada del razonamiento redefine el rol de los profesionales dentro de las organizaciones. En lugar de plantear un reemplazo total del factor humano, el modelo propone una sinergia donde la tecnología atiende el primer contacto de forma predeterminada. “El primer contacto es con la IA y ahora el humano se convierte en un apoyo o en un ‘desborde’ para cuando la IA no tiene el contexto”, explicó el directivo en la entrevista.

De este modo, los seres humanos se liberan de las cargas de trabajo repetitivas y de alto volumen para asumir roles estratégicos basados en la creatividad, el análisis y el sentido crítico. Las startups y grandes tecnológicas están demostrando que el éxito en la era de los agentes cognitivos no consiste únicamente en automatizar tareas aisladas, sino en acompañar a las empresas en un cambio de mentalidad profundo que reconfigure por completo sus modelos comerciales para el futuro.

Conclusiones Clave

  • La adopción de agentes de IA obliga a las empresas a replantear cómo distribuyen tareas y decisiones entre humanos y sistemas autónomos

La revolución silenciosa de la inteligencia artificial (IA) y el amanecer de los agentes cognitivos en las empresas

El auge de la inteligencia artificial generativa ha entrado en una fase mucho más madura y pragmática. Atrás quedaron los meses de fascinación inicial por los simples chats conversacionales capaces de responder preguntas abiertas o redactar textos de cortesía. Hoy, el verdadero salto tecnológico se concentra en los agentes cognitivos, sistemas diseñados no solo para procesar información, sino para razonar, tomar decisiones complejas y ejecutar tareas de forma autónoma.

Este cambio de paradigma explica el apetito voraz de los fondos de inversión globales. Durante el año 2025, el flujo de financiamiento enfocado en el desarrollo de IA escaló hasta alcanzar los $212 mil millones de dólares, marcando un impresionante crecimiento del 85% en comparación con el año anterior. En este panorama de hipereficiencia, el mercado de agentes autónomos ya ostenta una valoración global superior a los $7,500 millones de dólares, consolidándose como la infraestructura que redefinirá la relación entre humanos y software.

Relacionado: La IA está creando un mundo completamente nuevo para los creadores: ¿la estás aprovechando bien?

De la automatización rígida al pensamiento contextual

La gran diferencia entre la automatización convencional y esta nueva ola agéntica radica en la flexibilidad para resolver problemas. Un bot tradicional de RPA o un chatbot básico de primera generación se quiebran ante cualquier cambio inesperado en sus instrucciones. Un agente cognitivo, por el contrario, interpreta el contexto real, deduce la intención del usuario y ajusta su toma de decisiones de manera dinámica en tiempo real.

En el escenario global, los titanes de Silicon Valley lideran la carrera por dominar esta infraestructura. OpenAI, por ejemplo, ha redirigido sus esfuerzos de investigación hacia agentes capaces de operar computadoras de manera autónoma, ejecutando tareas complejas directamente en el navegador del usuario. Google no se queda atrás, desarrollando agentes multitarea integrados que automatizan flujos complejos de trabajo diario.

Al mismo tiempo, Meta ha apostado fuertemente por democratizar esta capacidad mediante sus modelos de código abierto LLaMA, permitiendo que millones de desarrolladores creen agentes conversacionales hiperpersonalizados para interactuar de forma autónoma en canales como WhatsApp.

De hecho, Mark Zuckerberg dijo hace poco que miles de millones de personas tendrán agentes de IA personales en cinco años.

Por su parte, Microsoft, mediante su ecosistema de copilots autónomos, ya permite a las empresas desplegar trabajadores digitales que gestionan cadenas de suministro completas sin intervención humana directa.

Este nivel de destreza operativa permite rediseñar por completo industrias globales críticas como la salud o las finanzas. Al cruzar datos estructurados con historiales complejos, los agentes agilizan el análisis de riesgos o validaciones documentales en minutos. Es un salto que deja atrás las interacciones cosméticas para adentrarse en la resolución profunda del back office operativo.

Relacionado: El futuro es de quienes orquestan la IA, no de quienes solo le delegan tareas

La apuesta latinoamericana por los agentes que orquestan sistemas

Frente al despliegue masivo de las multinacionales tecnológicas, destaca la startup latinoamericana Kognia. Su propuesta no busca competir con los modelos generales de los gigantes de la industria, sino conectar esos modelos con los sistemas y datos que utilizan las empresas para resolver procesos complejos. Para lograrlo, la compañía ha desarrollado Alan Agentic Systems.

Luis Guillermo Pardo, CEO de Kognia, explicó que estos sistemas consisten en “conectar esa inteligencia general que nos proveen los modelos de lenguaje con todo un ecosistema de información externa”. El ejecutivo señala que la meta de la compañía es aplicar estos conceptos de sistemas de razonamiento y aprendizaje continuo para resolver problemas de gran impacto organizacional. 

La arquitectura de Alan se divide en dos verticales orientadas a distintos procesos de sus clientes. Por un lado, Alan Customer Experience gestiona la interacción directa con el cliente mediante agentes de voz híbridos y avatares. Por otro, Process Intelligence optimiza los procesos administrativos del back office, acelerando validaciones documentales de semanas a solo minutos. 

El componente central de la plataforma es su motor de razonamiento, conocido como Alan Reasoning Engine. En una empresa de telecomunicaciones, por ejemplo, si un cliente reclama un descuento omitido, el motor recibe la solicitud y define sus propios pasos de consulta de manera autónoma, ingresando al CRM para validar el contrato, revisando la facturación e identificando la inconsistencia.

“Primero voy a consultar en el CRM el contrato de María”, ejemplificó Pardo al describir cómo opera el motor en tiempo real. Al detectar el error, el agente emite una solución compensatoria personalizada. Todo ocurre bajo lineamientos generales de negocio, sin necesidad de un guion rígido preprogramado por un desarrollador.

Relacionado: Tener el modelo de IA más reciente puede ser una mala decisión empresarial

El desafío técnico de los sistemas heredados y el desborde humano

El gran desafío técnico para el despliegue empresarial de esta tecnología radica en la conexión de estos cerebros digitales con las infraestructuras existentes. Mientras que las plataformas modernas se comunican de forma fluida mediante APIs seguras, la integración con sistemas legacy o heredados es mucho más compleja, lo que ha obligado a Kognia a diseñar técnicas especializadas para interactuar con estas fuentes de datos de manera segura.

Para garantizar la fiabilidad del sistema antes de su puesta en producción, la startup desarrolló una solución llamada Alan Hive, un entorno donde se emulan miles de usuarios con distintas personalidades y casuísticas para llamar al agente de voz. “Es una inteligencia hablando con otra inteligencia para testear el comportamiento y ver cómo resuelve los problemas”, detalló Pardo.

A largo plazo, esta escalada del razonamiento redefine el rol de los profesionales dentro de las organizaciones. En lugar de plantear un reemplazo total del factor humano, el modelo propone una sinergia donde la tecnología atiende el primer contacto de forma predeterminada. “El primer contacto es con la IA y ahora el humano se convierte en un apoyo o en un ‘desborde’ para cuando la IA no tiene el contexto”, explicó el directivo en la entrevista.

De este modo, los seres humanos se liberan de las cargas de trabajo repetitivas y de alto volumen para asumir roles estratégicos basados en la creatividad, el análisis y el sentido crítico. Las startups y grandes tecnológicas están demostrando que el éxito en la era de los agentes cognitivos no consiste únicamente en automatizar tareas aisladas, sino en acompañar a las empresas en un cambio de mentalidad profundo que reconfigure por completo sus modelos comerciales para el futuro.

El autor es editor del sitio Geektime en Español.

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