Dejé una carrera segura para volverme emprendedor: y no estaba tan preparado como pensaba

¿Estás pensando en dejar tu empleo para emprender? Estas tres pruebas revelan si de verdad estás preparado.

Por Paul Kluskowski | Sep 08, 2026
Eoneren | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • Tras dejar mi empleo seguro para dedicarme a emprender, aprendí que ser competente como empleado dentro de una gran organización no garantiza el éxito en un entorno emprendedor.
  • Pasar de empleado a emprendedor exige superar tres pruebas: ¿puedes sobrevivir la transición? ¿tienes las habilidades necesarias para conectar con el mercado? ¿puedes soportar la incertidumbre el tiempo suficiente para lograrlo?
  • Entiende que ser bueno en un trabajo y estar preparado para emprender son dos cosas muy distintas.

Llegué a la operación comercial de energía nuclear a los 18 años, y no tardé en descubrir que tenía facilidad para el trabajo. A los 22 ya era Operador de Reactor licenciado, algo casi inaudito en esa época. A los 25 obtuve mi licencia de Operador Senior de Reactor y seguí escalando por operación de turno, supervisión y gerencia.

Sin embargo, a los 38 años empecé a sentir una inquietud: la sensación de haber dominado la profesión y de haber hecho ya casi todo lo que tenía que hacer ahí.

Fue entonces cuando di con la idea del “potencial de ingresos ilimitado”. Las ventas y ser dueño de un negocio parecían ofrecer algo que mi carrera en la eléctrica no podía darme: una conexión directa entre esfuerzo, habilidad y recompensa económica. Así que hice lo que, en retrospectiva, se ve casi temerario. Dejé una carrera segura en el sector eléctrico después de 19 años, me mudé de Michigan a Washington, D.C., y descubrí muy rápido que la realidad es el lugar donde aterrizas cuando el piso de tu mundo se desmorona.

Quedó claro que ser competente como empleado dentro de una gran organización no garantiza el éxito en un entorno emprendedor.

Desde afuera, las ventas y el emprendimiento pueden parecer libertad. Hay muchos libros, seminarios y programas que te muestran lo sencilla que puede ser esta transición. Lo sé porque leí varios de esos libros y tomé varios de esos programas.

Con los años, sin embargo, aprendí que pasar de empleado a emprendedor exige superar tres pruebas muy distintas, pruebas a las que casi no se les presta atención.

Relacionado: Tienes todo lo que querías, pero el éxito no se siente como pensabas. Esta antigua paradoja griega revela por qué

1. ¿Puedes sobrevivir la transición?

Antes de dar el salto, yo me haría cuatro preguntas:

  1. ¿Cuál es tu “por qué”? Una razón suficientemente poderosa puede sostenerte cuando el entusiasmo inicial se desvanece. En mi caso, quería resolver algo que me había inquietado durante años: si lo perdía todo, ¿podría reconstruirlo de nuevo? No todos piensan así, pero varios operadores nucleares sí.
  2. ¿Cuáles son tus fuentes de ingreso? Mi esposa trabajaba tiempo completo y tenía prestaciones, lo cual ayudó a amortiguar varios de los muchos periodos de bajos ingresos que enfrenté.
  3. ¿En qué condición están las finanzas de tu hogar? Mantuvimos distintos niveles de reservas líquidas y teníamos pensiones del sector eléctrico para hacerle frente al futuro. También vendimos nuestra casa en Michigan y rentamos durante varios años, tanto para reducir gastos como para disponer de efectivo.
  4. ¿Está lista tu pareja para las concesiones y la incertidumbre que vienen? El emprendimiento rara vez afecta solo al emprendedor. La volatilidad de ingresos, la gratificación postergada y las prioridades cambiantes se convierten muy rápido en asuntos de todo el hogar.

2. ¿Tienes las habilidades necesarias para conectar con el mercado?

La segunda prueba es si tienes las habilidades necesarias para conectar con el mercado. Hay muchas, pero cuatro merecen atención especial.

  1. ¿Eres capaz de persuadir a la gente? Yo pensaba que era muy bueno para eso. Dentro de una gran organización, me había ganado la reputación de ser competente, directo y con carácter fuerte. Podía decirle a la gente qué había que hacer, y la mayoría de las veces lo hacía. Cuando no, siempre había una cadena de mando disponible para hacer valer la orden. Intenta eso en el mercado. Los clientes no te reportan a ti. A los prospectos no les importa tu puesto ni las siglas después de tu apellido. Tienes que ganarte su atención, su confianza y, al final, su disposición a actuar.
  2. ¿Puedes vender lo que sea? La capacidad de vender un producto o servicio es el motor de cualquier negocio. A Mark Twain se le atribuye la observación de que quien ha cargado a un gato de la cola aprende algo que no se puede aprender de ninguna otra forma. Las ventas funcionan de manera muy similar. Puedes leer libros, estudiar técnicas y asistir a seminarios, pero al final tienes que convencer a alguien de comprar.
  3. ¿Cuál es tu habilidad valiosa? Mis primeras respuestas eran vagas: estándares altos, liderazgo sólido, capacidad para resolver problemas. Esas cualidades se ven bien en un currículum, pero no son particularmente útiles en un mercado saturado de opciones. El cliente necesita entender qué puedes hacer realmente por él.
  4. ¿Qué necesidad del mercado puede satisfacer tu habilidad valiosa? Soy alguien con facilidad para los números. En la operación de energía nuclear, esa habilidad tenía un lugar obvio. Fuera de ese mundo, tuve que descubrir dónde esas mismas habilidades generaban valor económico. Con el tiempo, me di cuenta de que podía usarlas para resolver problemas financieros y fiscales. Dicho de otro modo: ¿dónde está la multitud hambrienta, y qué puedes ofrecerle?

3. ¿Puedes soportar la incertidumbre el tiempo suficiente para lograrlo?

Esta es una realidad de la que pocos gurús hablan. Tuve que echarle ganas durante casi diez años antes de realmente dominar lo que necesitaba entender. Estas preguntas importan porque ponen a prueba el carácter emocional más que la capacidad académica o intelectual.

  1. ¿Puedes perseverar hasta terminar? Esto aplica tanto en cosas pequeñas como en grandes. Necesitas la perseverancia para llegar hasta el final, no solo mantenerte ocupado y esforzarte. Esa fue una de las lecciones más importantes al pasar de empleado a emprendedor. El mercado no paga por el esfuerzo. Paga por trabajo terminado, problemas resueltos y valor entregado. Terminas un trabajo, luego otro, luego otro, hasta que eventualmente hay un negocio donde antes solo había una idea.
  2. ¿Puedes soportar el rechazo? El rechazo puede doler lo suficiente como para hacerte cuestionar tus decisiones, tu oferta y, a veces, a ti mismo. Tuve que aprender que el rechazo también es información. El mercado puede estarte diciendo que la oferta está mal, que el público no es el correcto, que el momento no es el indicado o que el mensaje no es claro. El reto es aprender del rechazo sin dejar que te defina.
  3. ¿Cómo manejas la ambigüedad? Mi lema no oficial era: “Espera, déjame pensarlo demasiado”. Tuve que aprender que los emprendedores rara vez cuentan con información completa y verificada antes de tomar decisiones importantes. En algún punto, reúnes lo que puedes, sopesas los riesgos y avanzas.
  4. ¿Puedes recuperarte de los reveses? Parafraseando a Rocky Balboa, la vida no se trata de qué tan fuerte puedes golpear, sino de qué tanto puedes aguantar los golpes y seguir avanzando. Le he dado vueltas a esa idea más de una vez. Todo emprendedor eventualmente recibe golpes duros. Yo, desde luego, los he recibido. La pregunta es si puedes absorberlos, aprender de ellos y seguir adelante.

Antes de dar el salto de empleado a emprendedor, entiende que ser bueno en un trabajo y estar preparado para emprender son dos cosas muy distintas.

Es fácil ver Shark Tank, leer una historia de éxito o asistir a un seminario e imaginarte del otro lado. Lo que normalmente no ves son los años de incertidumbre, las ofertas rechazadas, los sacrificios económicos, los tropiezos y las lecciones que vinieron antes del éxito.

Eso no significa que no debas dar el salto. Significa que debes hacer un inventario antes de hacerlo. ¿Puede tu hogar sobrevivir la transición? ¿Tienes las habilidades para conectar con un mercado y convencer a la gente de pagar por lo que ofreces? ¿Tienes el temperamento para seguir adelante cuando las respuestas no son claras y los resultados tardan en llegar?

Lo alentador es que puedes prepararte para mucho de esto. Puedes fortalecer tus finanzas. Puedes aprender a vender. Puedes afinar una habilidad valiosa y encontrar el mercado que la necesita. Puedes practicar tomar decisiones con información imperfecta. Y puedes empezar a ponerte a prueba antes de que tu sueldo desaparezca.

El emprendimiento, al final, me ha dado buena parte de la libertad y la oportunidad que esperaba. Ha sido nada menos que transformador. Pero tomó mucho más tiempo, y exigió mucho más de mí y de mi esposa, de lo que imaginé cuando dejé ese trabajo seguro en la eléctrica. Antes de preguntarte si estás listo para ser emprendedor, hazte una mejor pregunta: ¿en quién necesito convertirme para construir el negocio que imagino?

Conclusiones Clave

  • Tras dejar mi empleo seguro para dedicarme a emprender, aprendí que ser competente como empleado dentro de una gran organización no garantiza el éxito en un entorno emprendedor.
  • Pasar de empleado a emprendedor exige superar tres pruebas: ¿puedes sobrevivir la transición? ¿tienes las habilidades necesarias para conectar con el mercado? ¿puedes soportar la incertidumbre el tiempo suficiente para lograrlo?
  • Entiende que ser bueno en un trabajo y estar preparado para emprender son dos cosas muy distintas.

Llegué a la operación comercial de energía nuclear a los 18 años, y no tardé en descubrir que tenía facilidad para el trabajo. A los 22 ya era Operador de Reactor licenciado, algo casi inaudito en esa época. A los 25 obtuve mi licencia de Operador Senior de Reactor y seguí escalando por operación de turno, supervisión y gerencia.

Sin embargo, a los 38 años empecé a sentir una inquietud: la sensación de haber dominado la profesión y de haber hecho ya casi todo lo que tenía que hacer ahí.

Fue entonces cuando di con la idea del “potencial de ingresos ilimitado”. Las ventas y ser dueño de un negocio parecían ofrecer algo que mi carrera en la eléctrica no podía darme: una conexión directa entre esfuerzo, habilidad y recompensa económica. Así que hice lo que, en retrospectiva, se ve casi temerario. Dejé una carrera segura en el sector eléctrico después de 19 años, me mudé de Michigan a Washington, D.C., y descubrí muy rápido que la realidad es el lugar donde aterrizas cuando el piso de tu mundo se desmorona.

Quedó claro que ser competente como empleado dentro de una gran organización no garantiza el éxito en un entorno emprendedor.

Desde afuera, las ventas y el emprendimiento pueden parecer libertad. Hay muchos libros, seminarios y programas que te muestran lo sencilla que puede ser esta transición. Lo sé porque leí varios de esos libros y tomé varios de esos programas.

Con los años, sin embargo, aprendí que pasar de empleado a emprendedor exige superar tres pruebas muy distintas, pruebas a las que casi no se les presta atención.

Relacionado: Tienes todo lo que querías, pero el éxito no se siente como pensabas. Esta antigua paradoja griega revela por qué

1. ¿Puedes sobrevivir la transición?

Antes de dar el salto, yo me haría cuatro preguntas:

  1. ¿Cuál es tu “por qué”? Una razón suficientemente poderosa puede sostenerte cuando el entusiasmo inicial se desvanece. En mi caso, quería resolver algo que me había inquietado durante años: si lo perdía todo, ¿podría reconstruirlo de nuevo? No todos piensan así, pero varios operadores nucleares sí.
  2. ¿Cuáles son tus fuentes de ingreso? Mi esposa trabajaba tiempo completo y tenía prestaciones, lo cual ayudó a amortiguar varios de los muchos periodos de bajos ingresos que enfrenté.
  3. ¿En qué condición están las finanzas de tu hogar? Mantuvimos distintos niveles de reservas líquidas y teníamos pensiones del sector eléctrico para hacerle frente al futuro. También vendimos nuestra casa en Michigan y rentamos durante varios años, tanto para reducir gastos como para disponer de efectivo.
  4. ¿Está lista tu pareja para las concesiones y la incertidumbre que vienen? El emprendimiento rara vez afecta solo al emprendedor. La volatilidad de ingresos, la gratificación postergada y las prioridades cambiantes se convierten muy rápido en asuntos de todo el hogar.

2. ¿Tienes las habilidades necesarias para conectar con el mercado?

La segunda prueba es si tienes las habilidades necesarias para conectar con el mercado. Hay muchas, pero cuatro merecen atención especial.

  1. ¿Eres capaz de persuadir a la gente? Yo pensaba que era muy bueno para eso. Dentro de una gran organización, me había ganado la reputación de ser competente, directo y con carácter fuerte. Podía decirle a la gente qué había que hacer, y la mayoría de las veces lo hacía. Cuando no, siempre había una cadena de mando disponible para hacer valer la orden. Intenta eso en el mercado. Los clientes no te reportan a ti. A los prospectos no les importa tu puesto ni las siglas después de tu apellido. Tienes que ganarte su atención, su confianza y, al final, su disposición a actuar.
  2. ¿Puedes vender lo que sea? La capacidad de vender un producto o servicio es el motor de cualquier negocio. A Mark Twain se le atribuye la observación de que quien ha cargado a un gato de la cola aprende algo que no se puede aprender de ninguna otra forma. Las ventas funcionan de manera muy similar. Puedes leer libros, estudiar técnicas y asistir a seminarios, pero al final tienes que convencer a alguien de comprar.
  3. ¿Cuál es tu habilidad valiosa? Mis primeras respuestas eran vagas: estándares altos, liderazgo sólido, capacidad para resolver problemas. Esas cualidades se ven bien en un currículum, pero no son particularmente útiles en un mercado saturado de opciones. El cliente necesita entender qué puedes hacer realmente por él.
  4. ¿Qué necesidad del mercado puede satisfacer tu habilidad valiosa? Soy alguien con facilidad para los números. En la operación de energía nuclear, esa habilidad tenía un lugar obvio. Fuera de ese mundo, tuve que descubrir dónde esas mismas habilidades generaban valor económico. Con el tiempo, me di cuenta de que podía usarlas para resolver problemas financieros y fiscales. Dicho de otro modo: ¿dónde está la multitud hambrienta, y qué puedes ofrecerle?

3. ¿Puedes soportar la incertidumbre el tiempo suficiente para lograrlo?

Esta es una realidad de la que pocos gurús hablan. Tuve que echarle ganas durante casi diez años antes de realmente dominar lo que necesitaba entender. Estas preguntas importan porque ponen a prueba el carácter emocional más que la capacidad académica o intelectual.

  1. ¿Puedes perseverar hasta terminar? Esto aplica tanto en cosas pequeñas como en grandes. Necesitas la perseverancia para llegar hasta el final, no solo mantenerte ocupado y esforzarte. Esa fue una de las lecciones más importantes al pasar de empleado a emprendedor. El mercado no paga por el esfuerzo. Paga por trabajo terminado, problemas resueltos y valor entregado. Terminas un trabajo, luego otro, luego otro, hasta que eventualmente hay un negocio donde antes solo había una idea.
  2. ¿Puedes soportar el rechazo? El rechazo puede doler lo suficiente como para hacerte cuestionar tus decisiones, tu oferta y, a veces, a ti mismo. Tuve que aprender que el rechazo también es información. El mercado puede estarte diciendo que la oferta está mal, que el público no es el correcto, que el momento no es el indicado o que el mensaje no es claro. El reto es aprender del rechazo sin dejar que te defina.
  3. ¿Cómo manejas la ambigüedad? Mi lema no oficial era: “Espera, déjame pensarlo demasiado”. Tuve que aprender que los emprendedores rara vez cuentan con información completa y verificada antes de tomar decisiones importantes. En algún punto, reúnes lo que puedes, sopesas los riesgos y avanzas.
  4. ¿Puedes recuperarte de los reveses? Parafraseando a Rocky Balboa, la vida no se trata de qué tan fuerte puedes golpear, sino de qué tanto puedes aguantar los golpes y seguir avanzando. Le he dado vueltas a esa idea más de una vez. Todo emprendedor eventualmente recibe golpes duros. Yo, desde luego, los he recibido. La pregunta es si puedes absorberlos, aprender de ellos y seguir adelante.

Antes de dar el salto de empleado a emprendedor, entiende que ser bueno en un trabajo y estar preparado para emprender son dos cosas muy distintas.

Es fácil ver Shark Tank, leer una historia de éxito o asistir a un seminario e imaginarte del otro lado. Lo que normalmente no ves son los años de incertidumbre, las ofertas rechazadas, los sacrificios económicos, los tropiezos y las lecciones que vinieron antes del éxito.

Eso no significa que no debas dar el salto. Significa que debes hacer un inventario antes de hacerlo. ¿Puede tu hogar sobrevivir la transición? ¿Tienes las habilidades para conectar con un mercado y convencer a la gente de pagar por lo que ofreces? ¿Tienes el temperamento para seguir adelante cuando las respuestas no son claras y los resultados tardan en llegar?

Lo alentador es que puedes prepararte para mucho de esto. Puedes fortalecer tus finanzas. Puedes aprender a vender. Puedes afinar una habilidad valiosa y encontrar el mercado que la necesita. Puedes practicar tomar decisiones con información imperfecta. Y puedes empezar a ponerte a prueba antes de que tu sueldo desaparezca.

El emprendimiento, al final, me ha dado buena parte de la libertad y la oportunidad que esperaba. Ha sido nada menos que transformador. Pero tomó mucho más tiempo, y exigió mucho más de mí y de mi esposa, de lo que imaginé cuando dejé ese trabajo seguro en la eléctrica. Antes de preguntarte si estás listo para ser emprendedor, hazte una mejor pregunta: ¿en quién necesito convertirme para construir el negocio que imagino?

Paul Kluskowski es Agente Registrado ante el IRS (Enrolled Agent) y fundador de Cobalt Tax... Read more

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