Del metaverso a la IA: cómo Meta se sacude del fracaso y está reescribiendo su futuro
Más de $80,000 millones después, el metaverso fracasa. ¿Qué hay detrás de esta “fallida” visión de Meta?
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- El metaverso de Meta no fracasó por falta de inversión, sino por no resolver una necesidad real del usuario ni justificar el cambio de comportamiento.
- El giro hacia la IA y los wearables refleja una apuesta más pragmática: construir la próxima plataforma tecnológica sin depender de Apple y Google.
La visión de Mark Zuckerberg con respecto a un metaverso ha fracasado tras perder más de $80,000 millones de dólares. Si bien este concepto existe desde hace varias décadas, durante la pandemia surgió una inevitable necesidad de crear un mundo virtual en el que pudiéramos interactuar en las diferentes facetas de la vida diaria.
En 2021, Zuckerberg tomó la decisión de invertir miles de millones de dólares para crear el metaverso que cambiaría la manera de conectarnos en el mundo digital. Como prueba de su gran apuesta, decidió cambiar el nombre de la empresaFacebook Inc. por Meta y apostó el futuro de la empresa a esa visión.
Hoy, menos de cinco años después, esa visión continúa retrocediendo silenciosamente y el mercado ya ha demostrado que el metaverso, tal como fue prometido, ha fracasado.
Este año Meta comenzó a eliminar o reducir varios de los pilares de su ecosistema virtual, incluyendo Horizon Worlds y Horizon Workrooms, un metaverso centrado en el trabajo, dos productos que habían sido presentados como el futuro del trabajo y la interacción social en realidad virtual.
La situación además ha desencadenado una ola de despidos masivos. En enero Meta despidió a unos 1,000 trabajadores de su equipo de Reality Labs, cerró tres estudios de realidad virtual y detuvo el nuevo contenido para su aplicación de fitness de realidad virtual Supernatural. Esta semana, algunos medios han informado que prepara nuevos despidos que podrían incluir más empleados de Reality Labs.
Estas decisiones no se anunciaron como una retirada estratégica, pero en la práctica nos confirman que la adopción nunca alcanzó las expectativas.
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Un camino de lecciones
El problema no fue únicamente tecnológico. El verdadero fallo fue de producto y de mercado. El metaverso proponía un cambio radical en el comportamiento del usuario: abandonar pantallas planas, usar gafas VR voluminosas y pasar horas en entornos virtuales para realizar actividades que ya podían hacerse de forma más rápida y cómoda en el mundo real o en aplicaciones tradicionales.
En términos empresariales, esto significa que la propuesta no resolvía un problema suficientemente grande como para justificar la fricción que imponía.
Los números ayudan a entender la magnitud de la apuesta. Solo en 2025, la división Reality Labs registró pérdidas operativas de $19,200 millones de dólares, continuando una racha de pérdidas que se ha extendido durante años sin señales claras de rentabilidad. Aun así, Meta pudo permitirse ese gasto gracias a que su negocio principal de publicidad en Facebook, Instagram y WhatsApp siguió generando decenas de miles de millones en ingresos. En otras palabras, el metaverso no fracasó por falta de financiación, sino por falta de usuarios.
Por otro lado, la narrativa tecnológica global cambió de forma abrupta. La explosión de la inteligencia artificial (IA) generativa desvió la atención de consumidores, empresas e inversores.
En cuestión de meses, la promesa de mundos virtuales persistentes fue reemplazada por la de asistentes inteligentes, agentes autónomos y modelos capaces de automatizar tareas complejas.
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Giro estratégico: del metaverso a la “computación invisible”Meta reaccionó como lo hacen las grandes compañías cuando perciben que han apostado por la tendencia equivocada. Comenzó a redirigir capital, talento y marketing hacia IA y wearables inteligentes como las Ray-Ban Meta.
Sin embargo, declarar muerto al metaverso sería simplificar demasiado la historia. Lo que ha colapsado no es la idea de entornos digitales tridimensionales, sino la versión centralizada, social y masiva que Meta intentó imponer.
En el mundo empresarial, la realidad virtual y aumentada siguen encontrando espacio en nichos concretos, especialmente en formación, simulación y diseño industrial, donde el retorno de inversión puede medirse de forma más clara que en una red social virtual.
La verdadera razón por la que Meta no puede abandonar completamente el metaverso es estratégica, no tecnológica. La compañía depende estructuralmente de Apple y Google para distribuir sus aplicaciones en iOS y Android. Cada cambio en las políticas de privacidad o en las tiendas de aplicaciones afecta directamente sus ingresos publicitarios.
El metaverso, y ahora las gafas inteligentes con IA, representan su intento de construir una nueva plataforma informática que no esté controlada por terceros. No se trataba solo de crear avatares y mundos virtuales; se trataba de escapar del duopolio móvil que dominan Google y Apple.
Desde esta perspectiva, el metaverso estuvo lejos de ser un producto final y más bien fue un experimento para asegurar la relevancia futura de la compañía. El fracaso no está en haber intentado construir la próxima plataforma, sino en haber intentado imponerla antes de que los usuarios estuvieran preparados.
Esto en la historia de la tecnología es una lección clásica. Traer una visión disruptiva demasiado pronto puede ser indistinguible de estar equivocado.
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Del hype al aprendizaje
Para los emprendedores, el caso de Meta es particularmente revelador. Muestra que incluso las empresas con recursos casi ilimitados pueden fallar cuando confunden una narrativa convincente con una necesidad real del mercado.
También demuestra que el hype tecnológico puede inflar expectativas hasta niveles que ningún producto puede cumplir en el corto plazo, generando una inevitable fase de desilusión.
Lo más interesante es que el legado del metaverso podría sobrevivir bajo otros nombres. La computación espacial, las interfaces inmersivas y la mezcla entre mundo físico y digital continúan avanzando, pero ahora lo hacen sin la carga semántica y mediática de un término que prometía demasiado.
Con la llegada de opciones como las Ray-Ban Meta Display, el Apple Vision Pro, entre otros productos similares, es posible que dentro de unos años interactuemos principalmente con tecnologías que se parezcan mucho a lo que Meta imaginó, solo que no las llamaremos metaverso. Personalmente, veo esto como solo una historia más que sirve para confirmar que el futuro de la tecnología no se construye solo con visión, sino con paciencia, timing y, sobre todo, con usuarios que realmente quieran adaptarse a nuevas realidades.
Conclusiones Clave
- El metaverso de Meta no fracasó por falta de inversión, sino por no resolver una necesidad real del usuario ni justificar el cambio de comportamiento.
- El giro hacia la IA y los wearables refleja una apuesta más pragmática: construir la próxima plataforma tecnológica sin depender de Apple y Google.
La visión de Mark Zuckerberg con respecto a un metaverso ha fracasado tras perder más de $80,000 millones de dólares. Si bien este concepto existe desde hace varias décadas, durante la pandemia surgió una inevitable necesidad de crear un mundo virtual en el que pudiéramos interactuar en las diferentes facetas de la vida diaria.
En 2021, Zuckerberg tomó la decisión de invertir miles de millones de dólares para crear el metaverso que cambiaría la manera de conectarnos en el mundo digital. Como prueba de su gran apuesta, decidió cambiar el nombre de la empresaFacebook Inc. por Meta y apostó el futuro de la empresa a esa visión.
Hoy, menos de cinco años después, esa visión continúa retrocediendo silenciosamente y el mercado ya ha demostrado que el metaverso, tal como fue prometido, ha fracasado.
Este año Meta comenzó a eliminar o reducir varios de los pilares de su ecosistema virtual, incluyendo Horizon Worlds y Horizon Workrooms, un metaverso centrado en el trabajo, dos productos que habían sido presentados como el futuro del trabajo y la interacción social en realidad virtual.
La situación además ha desencadenado una ola de despidos masivos. En enero Meta despidió a unos 1,000 trabajadores de su equipo de Reality Labs, cerró tres estudios de realidad virtual y detuvo el nuevo contenido para su aplicación de fitness de realidad virtual Supernatural. Esta semana, algunos medios han informado que prepara nuevos despidos que podrían incluir más empleados de Reality Labs.
Estas decisiones no se anunciaron como una retirada estratégica, pero en la práctica nos confirman que la adopción nunca alcanzó las expectativas.
Relacionado: OpenAI cierra Sora, su plataforma generativa de video
Un camino de lecciones
El problema no fue únicamente tecnológico. El verdadero fallo fue de producto y de mercado. El metaverso proponía un cambio radical en el comportamiento del usuario: abandonar pantallas planas, usar gafas VR voluminosas y pasar horas en entornos virtuales para realizar actividades que ya podían hacerse de forma más rápida y cómoda en el mundo real o en aplicaciones tradicionales.
En términos empresariales, esto significa que la propuesta no resolvía un problema suficientemente grande como para justificar la fricción que imponía.
Los números ayudan a entender la magnitud de la apuesta. Solo en 2025, la división Reality Labs registró pérdidas operativas de $19,200 millones de dólares, continuando una racha de pérdidas que se ha extendido durante años sin señales claras de rentabilidad. Aun así, Meta pudo permitirse ese gasto gracias a que su negocio principal de publicidad en Facebook, Instagram y WhatsApp siguió generando decenas de miles de millones en ingresos. En otras palabras, el metaverso no fracasó por falta de financiación, sino por falta de usuarios.
Por otro lado, la narrativa tecnológica global cambió de forma abrupta. La explosión de la inteligencia artificial (IA) generativa desvió la atención de consumidores, empresas e inversores.
En cuestión de meses, la promesa de mundos virtuales persistentes fue reemplazada por la de asistentes inteligentes, agentes autónomos y modelos capaces de automatizar tareas complejas.
Relacionado: Es posible que la estrategia de IA de tu empresa esté equivocada. Así puedes corregirla
Giro estratégico: del metaverso a la “computación invisible”Meta reaccionó como lo hacen las grandes compañías cuando perciben que han apostado por la tendencia equivocada. Comenzó a redirigir capital, talento y marketing hacia IA y wearables inteligentes como las Ray-Ban Meta.
Sin embargo, declarar muerto al metaverso sería simplificar demasiado la historia. Lo que ha colapsado no es la idea de entornos digitales tridimensionales, sino la versión centralizada, social y masiva que Meta intentó imponer.
En el mundo empresarial, la realidad virtual y aumentada siguen encontrando espacio en nichos concretos, especialmente en formación, simulación y diseño industrial, donde el retorno de inversión puede medirse de forma más clara que en una red social virtual.
La verdadera razón por la que Meta no puede abandonar completamente el metaverso es estratégica, no tecnológica. La compañía depende estructuralmente de Apple y Google para distribuir sus aplicaciones en iOS y Android. Cada cambio en las políticas de privacidad o en las tiendas de aplicaciones afecta directamente sus ingresos publicitarios.
El metaverso, y ahora las gafas inteligentes con IA, representan su intento de construir una nueva plataforma informática que no esté controlada por terceros. No se trataba solo de crear avatares y mundos virtuales; se trataba de escapar del duopolio móvil que dominan Google y Apple.
Desde esta perspectiva, el metaverso estuvo lejos de ser un producto final y más bien fue un experimento para asegurar la relevancia futura de la compañía. El fracaso no está en haber intentado construir la próxima plataforma, sino en haber intentado imponerla antes de que los usuarios estuvieran preparados.
Esto en la historia de la tecnología es una lección clásica. Traer una visión disruptiva demasiado pronto puede ser indistinguible de estar equivocado.
Relacionado: Latinoamérica no será el próximo Silicon Valley, será el laboratorio global de IA aplicada
Del hype al aprendizaje
Para los emprendedores, el caso de Meta es particularmente revelador. Muestra que incluso las empresas con recursos casi ilimitados pueden fallar cuando confunden una narrativa convincente con una necesidad real del mercado.
También demuestra que el hype tecnológico puede inflar expectativas hasta niveles que ningún producto puede cumplir en el corto plazo, generando una inevitable fase de desilusión.
Lo más interesante es que el legado del metaverso podría sobrevivir bajo otros nombres. La computación espacial, las interfaces inmersivas y la mezcla entre mundo físico y digital continúan avanzando, pero ahora lo hacen sin la carga semántica y mediática de un término que prometía demasiado.
Con la llegada de opciones como las Ray-Ban Meta Display, el Apple Vision Pro, entre otros productos similares, es posible que dentro de unos años interactuemos principalmente con tecnologías que se parezcan mucho a lo que Meta imaginó, solo que no las llamaremos metaverso. Personalmente, veo esto como solo una historia más que sirve para confirmar que el futuro de la tecnología no se construye solo con visión, sino con paciencia, timing y, sobre todo, con usuarios que realmente quieran adaptarse a nuevas realidades.