El trabajo global ya no es el problema, la infraestructura para pagarlo sí
La primera generación de compañías de trabajo remoto ayudó a que las fronteras fueran menos relevantes para contratar. La siguiente podría conseguir que también lo sean para operar.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- Hoy no basta con mover dinero rápido entre países. La ventaja competitiva la tiene quien pueda absorber la complejidad legal, fiscal y administrativa sin inflar su estructura.
Una empresa puede contratar hoy a un ingeniero en Colombia, un diseñador en Argentina y un desarrollador en Polonia sin que ninguno de ellos tenga que entrar físicamente a una oficina. Las herramientas para encontrar talento, entrevistarlo y trabajar con él a distancia ya forman parte de la operación de muchas compañías.
Sin embargo, cuando llega el momento de elaborar contratos, cumplir con las normas laborales y fiscales de cada país, procesar pagos internacionales o gestionar beneficios, la operación puede volverse considerablemente más compleja.
Aunque hoy el trabajo puede ser global, la infraestructura que lo sostiene todavía no lo es del todo.
Esa brecha está dando lugar a una nueva competencia dentro de la industria tecnológica: construir las herramientas que permitan a una empresa contratar y administrar trabajadores como si las fronteras fueran cada vez menos relevantes.
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La carrera por construir el sistema operativo del trabajo global
La primera generación de plataformas para el trabajo remoto ayudó a que contratar o pagar a alguien que está en otro país fuera posible. La siguiente está intentando solucionar un problema mucho más amplio: cómo administrar una empresa cuya fuerza laboral puede estar distribuida permanentemente entre distintas jurisdicciones.
Deel, por ejemplo, comenzó con servicios de Employer of Record y payroll y posteriormente amplió su plataforma hacia recursos humanos, cumplimiento y otras herramientas para empresas con trabajadores internacionales. Rippling también ha extendido su oferta internacional para combinar recursos humanos, payroll y gestión de empleados.
La diferencia es importante. Pagarle a un trabajador en otro país es una transacción; administrar una fuerza laboral global es una infraestructura.
Y en esa carrera también participa una startup nacida en Colombia.
Ontop comenzó en 2020, cuando la pandemia convirtió el trabajo remoto en una necesidad para miles de empresas. La compañía nació alrededor de una pregunta concreta: ¿cómo pagarle a una persona que trabaja desde otro país?
Seis años después, esa pregunta es mucho más amplia.
La primera etapa de Ontop estuvo marcada por una expansión acelerada. La compañía pasó de 14 empleados a 270 en 25 países, levantó una Serie A de $20 millones de dólares y superó los $31 millones en capital captado. También procesó más de $1,000 millones de dólares en pagos internacionales, de acuerdo con datos publicados previamente por Contxto.
El crecimiento coincidió con un momento excepcional para el trabajo remoto. La pandemia demostró que una persona podía trabajar para una compañía ubicada a miles de kilómetros sin necesidad de trasladarse, pero también hizo evidente que contratar internacionalmente implicaba mucho más que conectarse a una videollamada.
Cada trabajador podía significar una combinación diferente de legislación, impuestos, contratos, monedas, pagos y obligaciones administrativas.
Para compañías como Ontop, la oportunidad comenzó a desplazarse entonces desde una función específica, mover dinero de un país a otro, hacia una infraestructura capaz de absorber buena parte de esa complejidad.
Pero el crecimiento también trajo una pregunta diferente: ¿qué ocurre cuando crecer más ya no significa necesariamente construir una empresa mejor?
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Cuando crecer deja de ser suficiente
Después de varios años de expansión, Ontop entró en una etapa enfocada en eficiencia y rentabilidad. En 2024, Julián Torres asumió como CEO y la compañía inició una reestructuración.
Torres resumió el cambio de estrategia con una frase que captura una de las principales discusiones del ecosistema startup después de los años de crecimiento impulsado por capital: “Escalar sí, pero con márgenes”.
La lógica detrás de esa transición es sencilla. Una compañía puede aumentar sus ingresos contratando más personas, entrando en nuevos mercados y sumando clientes, pero si cada unidad adicional de negocio exige una estructura proporcionalmente mayor, el crecimiento termina siendo costoso.
Para una plataforma que opera en múltiples países, esa ecuación puede ser especialmente compleja.
La tecnología tiene que hacer más.
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La IA como una capa de la operación
Es ahí donde entra la inteligencia artificial (IA). Ontop no está planteando la IA únicamente como una nueva funcionalidad para sus clientes, sino como una capa operativa que atraviesa procesos relacionados con contratos, cumplimiento, pagos y gestión de trabajadores.
El objetivo es que una mayor parte de esa complejidad pueda ser absorbida por tecnología. Si una plataforma automatiza procesos que actualmente requieren equipos especializados, podría atender un volumen mayor de trabajadores y compañías sin aumentar su estructura al mismo ritmo.
Ese es uno de los objetivos detrás de OntopAI.
“Crecemos solo en la medida en que el crecimiento no erosione la eficiencia del modelo. La IA nos permite seguir expandiéndonos sin necesidad de crecer en headcount ni infraestructura, manteniendo una estructura liviana y márgenes sanos”, dijo Torres.
En 2025, Ontop tenía 197 empleados distribuidos en 20 países y había señalado que sus inversiones en inteligencia artificial le permitirían escalar hasta diez veces sin incrementar su plantilla en la misma proporción.
La apuesta, por tanto, no es únicamente tecnológica. También busca cambiar la economía de operar una plataforma de trabajo global.
De los pagos a una infraestructura laboral
La evolución de Ontop también puede observarse en las funciones que ha ido incorporando. La compañía comenzó resolviendo una parte específica del problema: los pagos internacionales. Después amplió su propuesta hacia contratación, cumplimiento y servicios financieros para trabajadores.
Su Ontop Wallet, por ejemplo, permite recibir ingresos en dólares y acceder a una tarjeta internacional.
El movimiento responde a una lógica que está ganando espacio en esta industria: si una empresa necesita resolver diferentes problemas para contratar a una persona en otro país, existe una oportunidad para convertirse en la plataforma que conecte esas funciones.
Contratar, cumplir, pagar y gestionar.
La pregunta es si todas esas piezas pueden terminar funcionando dentro de una misma infraestructura.
Ontop está intentando construir esa capa alrededor de los pagos, pero su evolución ocurre en un mercado donde otras compañías también están ampliando sus servicios. La competencia, por tanto, no está únicamente en quién puede procesar una transacción más rápido, sino en quién consigue convertirse en una pieza central de la operación de una empresa con trabajadores distribuidos por el mundo.
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Latinoamérica no solo está exportando talento
Esta transformación tiene una dimensión particularmente relevante para América Latina porque Ontop nació en Colombia para resolver un problema que la región conocía de primera mano.
Durante los últimos años, profesionales latinoamericanos han adquirido mayor acceso a compañías de Estados Unidos, Europa y otros mercados sin necesidad de trasladarse físicamente. Los datos de Deel muestran esa dinámica: en su reporte de 2024, Argentina ocupó el tercer lugar entre los países con más trabajadores registrados en su plataforma, mientras Bogotá apareció como la tercera ciudad con más trabajadores.
Sus reportes más recientes también muestran una demanda internacional importante por perfiles especializados, especialmente en tecnología e inteligencia artificial.
La relación entre ambas partes del mercado es significativa. Mientras las compañías globales buscan talento fuera de sus mercados domésticos, los trabajadores latinoamericanos encuentran nuevas oportunidades para vender sus conocimientos en mercados donde los salarios y la demanda pueden ser diferentes.
Latinoamérica no solo está exportando talento; también está empezando a construir las herramientas que permiten exportarlo.
Ontop es uno de esos ejemplos. Su origen colombiano no es un detalle secundario: la compañía surgió en uno de los mercados desde los cuales se estaba acelerando esa conexión entre talento local y empresas internacionales.
La primera etapa del trabajo remoto estuvo marcada por una pregunta: ¿puede una empresa contratar a alguien que vive en otro país?
La respuesta ya está bastante clara. Ahora aparece una cuestión más difícil: ¿puede hacerlo sin multiplicar la complejidad de su operación?
Contratar internacionalmente implica lidiar con legislaciones diferentes, sistemas tributarios, monedas, contratos, beneficios y procesos administrativos que fueron diseñados, en buena medida, alrededor de una fuerza laboral localizada en un mismo país. La inteligencia artificial podría automatizar parte de esa complejidad, pero las empresas que compiten en esta categoría tendrán que demostrar que esa automatización puede traducirse en eficiencia sin sacrificar cumplimiento o confianza.
En 2020, la pregunta era cómo pagarle a alguien que trabajaba desde otro país. Después vino la necesidad de contratarlo y cumplir con las reglas de esa jurisdicción. Ahora la oportunidad está en integrar esas funciones y hacerlo de una manera económicamente sostenible. La primera generación de compañías de trabajo remoto ayudó a que las fronteras fueran menos relevantes para contratar. La siguiente podría conseguir que también lo sean para operar. Y ahí es donde empieza la verdadera competencia por construir la infraestructura del trabajo global.
Conclusiones Clave
- Hoy no basta con mover dinero rápido entre países. La ventaja competitiva la tiene quien pueda absorber la complejidad legal, fiscal y administrativa sin inflar su estructura.
Una empresa puede contratar hoy a un ingeniero en Colombia, un diseñador en Argentina y un desarrollador en Polonia sin que ninguno de ellos tenga que entrar físicamente a una oficina. Las herramientas para encontrar talento, entrevistarlo y trabajar con él a distancia ya forman parte de la operación de muchas compañías.
Sin embargo, cuando llega el momento de elaborar contratos, cumplir con las normas laborales y fiscales de cada país, procesar pagos internacionales o gestionar beneficios, la operación puede volverse considerablemente más compleja.
Aunque hoy el trabajo puede ser global, la infraestructura que lo sostiene todavía no lo es del todo.
Esa brecha está dando lugar a una nueva competencia dentro de la industria tecnológica: construir las herramientas que permitan a una empresa contratar y administrar trabajadores como si las fronteras fueran cada vez menos relevantes.
Relacionado: El nuevo marketing: tendencias, ideas y jugadores en un entorno dominado por la IA
La carrera por construir el sistema operativo del trabajo global
La primera generación de plataformas para el trabajo remoto ayudó a que contratar o pagar a alguien que está en otro país fuera posible. La siguiente está intentando solucionar un problema mucho más amplio: cómo administrar una empresa cuya fuerza laboral puede estar distribuida permanentemente entre distintas jurisdicciones.
Deel, por ejemplo, comenzó con servicios de Employer of Record y payroll y posteriormente amplió su plataforma hacia recursos humanos, cumplimiento y otras herramientas para empresas con trabajadores internacionales. Rippling también ha extendido su oferta internacional para combinar recursos humanos, payroll y gestión de empleados.
La diferencia es importante. Pagarle a un trabajador en otro país es una transacción; administrar una fuerza laboral global es una infraestructura.
Y en esa carrera también participa una startup nacida en Colombia.
Ontop comenzó en 2020, cuando la pandemia convirtió el trabajo remoto en una necesidad para miles de empresas. La compañía nació alrededor de una pregunta concreta: ¿cómo pagarle a una persona que trabaja desde otro país?
Seis años después, esa pregunta es mucho más amplia.
La primera etapa de Ontop estuvo marcada por una expansión acelerada. La compañía pasó de 14 empleados a 270 en 25 países, levantó una Serie A de $20 millones de dólares y superó los $31 millones en capital captado. También procesó más de $1,000 millones de dólares en pagos internacionales, de acuerdo con datos publicados previamente por Contxto.
El crecimiento coincidió con un momento excepcional para el trabajo remoto. La pandemia demostró que una persona podía trabajar para una compañía ubicada a miles de kilómetros sin necesidad de trasladarse, pero también hizo evidente que contratar internacionalmente implicaba mucho más que conectarse a una videollamada.
Cada trabajador podía significar una combinación diferente de legislación, impuestos, contratos, monedas, pagos y obligaciones administrativas.
Para compañías como Ontop, la oportunidad comenzó a desplazarse entonces desde una función específica, mover dinero de un país a otro, hacia una infraestructura capaz de absorber buena parte de esa complejidad.
Pero el crecimiento también trajo una pregunta diferente: ¿qué ocurre cuando crecer más ya no significa necesariamente construir una empresa mejor?
Relacionado: Transformación digital: el nuevo motor de competitividad empresarial en América Latina
Cuando crecer deja de ser suficiente
Después de varios años de expansión, Ontop entró en una etapa enfocada en eficiencia y rentabilidad. En 2024, Julián Torres asumió como CEO y la compañía inició una reestructuración.
Torres resumió el cambio de estrategia con una frase que captura una de las principales discusiones del ecosistema startup después de los años de crecimiento impulsado por capital: “Escalar sí, pero con márgenes”.
La lógica detrás de esa transición es sencilla. Una compañía puede aumentar sus ingresos contratando más personas, entrando en nuevos mercados y sumando clientes, pero si cada unidad adicional de negocio exige una estructura proporcionalmente mayor, el crecimiento termina siendo costoso.
Para una plataforma que opera en múltiples países, esa ecuación puede ser especialmente compleja.
La tecnología tiene que hacer más.
Relacionado: Medellín sigue creciendo como hub de innovación en Latinoamérica
La IA como una capa de la operación
Es ahí donde entra la inteligencia artificial (IA). Ontop no está planteando la IA únicamente como una nueva funcionalidad para sus clientes, sino como una capa operativa que atraviesa procesos relacionados con contratos, cumplimiento, pagos y gestión de trabajadores.
El objetivo es que una mayor parte de esa complejidad pueda ser absorbida por tecnología. Si una plataforma automatiza procesos que actualmente requieren equipos especializados, podría atender un volumen mayor de trabajadores y compañías sin aumentar su estructura al mismo ritmo.
Ese es uno de los objetivos detrás de OntopAI.
“Crecemos solo en la medida en que el crecimiento no erosione la eficiencia del modelo. La IA nos permite seguir expandiéndonos sin necesidad de crecer en headcount ni infraestructura, manteniendo una estructura liviana y márgenes sanos”, dijo Torres.
En 2025, Ontop tenía 197 empleados distribuidos en 20 países y había señalado que sus inversiones en inteligencia artificial le permitirían escalar hasta diez veces sin incrementar su plantilla en la misma proporción.
La apuesta, por tanto, no es únicamente tecnológica. También busca cambiar la economía de operar una plataforma de trabajo global.
De los pagos a una infraestructura laboral
La evolución de Ontop también puede observarse en las funciones que ha ido incorporando. La compañía comenzó resolviendo una parte específica del problema: los pagos internacionales. Después amplió su propuesta hacia contratación, cumplimiento y servicios financieros para trabajadores.
Su Ontop Wallet, por ejemplo, permite recibir ingresos en dólares y acceder a una tarjeta internacional.
El movimiento responde a una lógica que está ganando espacio en esta industria: si una empresa necesita resolver diferentes problemas para contratar a una persona en otro país, existe una oportunidad para convertirse en la plataforma que conecte esas funciones.
Contratar, cumplir, pagar y gestionar.
La pregunta es si todas esas piezas pueden terminar funcionando dentro de una misma infraestructura.
Ontop está intentando construir esa capa alrededor de los pagos, pero su evolución ocurre en un mercado donde otras compañías también están ampliando sus servicios. La competencia, por tanto, no está únicamente en quién puede procesar una transacción más rápido, sino en quién consigue convertirse en una pieza central de la operación de una empresa con trabajadores distribuidos por el mundo.
Relacionado: El dinero ya no viaja por un solo camino: bienvenidos al mundo multi-rail
Latinoamérica no solo está exportando talento
Esta transformación tiene una dimensión particularmente relevante para América Latina porque Ontop nació en Colombia para resolver un problema que la región conocía de primera mano.
Durante los últimos años, profesionales latinoamericanos han adquirido mayor acceso a compañías de Estados Unidos, Europa y otros mercados sin necesidad de trasladarse físicamente. Los datos de Deel muestran esa dinámica: en su reporte de 2024, Argentina ocupó el tercer lugar entre los países con más trabajadores registrados en su plataforma, mientras Bogotá apareció como la tercera ciudad con más trabajadores.
Sus reportes más recientes también muestran una demanda internacional importante por perfiles especializados, especialmente en tecnología e inteligencia artificial.
La relación entre ambas partes del mercado es significativa. Mientras las compañías globales buscan talento fuera de sus mercados domésticos, los trabajadores latinoamericanos encuentran nuevas oportunidades para vender sus conocimientos en mercados donde los salarios y la demanda pueden ser diferentes.
Latinoamérica no solo está exportando talento; también está empezando a construir las herramientas que permiten exportarlo.
Ontop es uno de esos ejemplos. Su origen colombiano no es un detalle secundario: la compañía surgió en uno de los mercados desde los cuales se estaba acelerando esa conexión entre talento local y empresas internacionales.
La primera etapa del trabajo remoto estuvo marcada por una pregunta: ¿puede una empresa contratar a alguien que vive en otro país?
La respuesta ya está bastante clara. Ahora aparece una cuestión más difícil: ¿puede hacerlo sin multiplicar la complejidad de su operación?
Contratar internacionalmente implica lidiar con legislaciones diferentes, sistemas tributarios, monedas, contratos, beneficios y procesos administrativos que fueron diseñados, en buena medida, alrededor de una fuerza laboral localizada en un mismo país. La inteligencia artificial podría automatizar parte de esa complejidad, pero las empresas que compiten en esta categoría tendrán que demostrar que esa automatización puede traducirse en eficiencia sin sacrificar cumplimiento o confianza.
En 2020, la pregunta era cómo pagarle a alguien que trabajaba desde otro país. Después vino la necesidad de contratarlo y cumplir con las reglas de esa jurisdicción. Ahora la oportunidad está en integrar esas funciones y hacerlo de una manera económicamente sostenible. La primera generación de compañías de trabajo remoto ayudó a que las fronteras fueran menos relevantes para contratar. La siguiente podría conseguir que también lo sean para operar. Y ahí es donde empieza la verdadera competencia por construir la infraestructura del trabajo global.