La industria argentina opera al 57.9% de su capacidad: ¿puede la eficiencia operativa convertirse en una ventaja competitiva?
En tiempos de incertidumbre el mantenimiento inteligente de activos deja de ser un gasto prescindible y se convierte en la herramienta estratégica más accesible para proteger los márgenes y garantizar la continuidad operativa.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- Lejos de reducir costos en tiempo de crisis, recortar el mantenimiento aumenta el riesgo operativo y el costo total del negocio.
- Las empresas que mejor atraviesen los tiempos difíciles serán las que digitalicen su gestión de activos y pasen de un mantenimiento reactivo a uno predictivo.
El sector industrial en Argentina experimenta un momento crítico. Con la segunda mayor caída industrial a nivel global, muchas empresas enfrentan un escenario de márgenes estrechos y presión operativa que obliga a replantear sus modelos de eficiencia, pues algunos sectores industriales ya muestran indicadores peores que los observados durante la pandemia.
De acuerdo con datos revelados en un informe reciente, 2,436 empresas manufactureras han cerrado sus puertas y se perdieron más de 73,000 empleos directos durante los primeros dos años del actual gobierno.
En un contexto tan desafiante, las empresas buscan la manera de optimizar cada activo disponible para mantener la continuidad operativa y proteger sus márgenes en un entorno volátil.
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La eficiencia operativa como base para la resiliencia
Actualmente, la industria argentina opera apenas al 57.9% de su capacidad instalada. Esto significa que casi la mitad de la infraestructura productiva del país está detenida, generando un costo que impacta de manera negativa los márgenes de rentabilidad.
Además, el escenario macroeconómico genera una presión extra para mantenerse a flote. Con mayores costos energéticos, inflación en insumos, la caída del consumo interno y limitaciones de financiamiento se ha reducido el margen de maniobra para muchas compañías.
Con este panorama, las empresas se encuentran en un momento en el que solo les queda apostar por la eficiencia total o la salida definitiva del mercado. Hoy, el mantenimiento inteligente se ha convertido en la mejor opción ya que está al alcance de empresas de todos los tamaños.
Como explica Tomás Allen, VP de Ventas para Latinoamérica de Fracttal, el mayor error en contextos de caída industrial es confundir ahorro con eficiencia. “Cuando la actividad baja, muchas empresas reaccionan recortando mantenimiento, postergando intervenciones o reduciendo inversiones en tecnología operativa. Aunque en el corto plazo parece una forma de reducir costos, en realidad aumenta el riesgo operativo y el costo total del negocio. Las compañías que mejor atraviesan estos ciclos no son las que menos gastan, sino las que gestionan mejor sus activos”.
Históricamente, en muchas PyMEs argentinas el mantenimiento se veía como un mal necesario o un gasto que se recortaba ante la primera crisis. Con los desafíos de la actualidad, esa visión solo podría acelerar el cierre.
Cuando no hay margen para invertir en maquinaria nueva, la decisión estratégica más inteligente es cuidar y optimizar lo que ya se tiene. En esa misma dirección apunta Mike Hoey, fundador de Source Meridian, al remarcar la importancia de usar la información disponible para anticiparse a los problemas en lugar de reaccionar tarde: “Cuando pones los datos correctos en manos de los equipos adecuados, dejas de reaccionar tarde y empiezas a anticipar los problemas: pasas de apagar incendios a diseñar resultados”.
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Del enfoque reactivo al estratégico
La ineficiencia operativa no siempre se ve en la contabilidad, pero se siente con fuerza en el flujo de caja a través de diversos drenajes financieros.
Por ejemplo, cada minuto que una línea de producción se detiene por una parada no programada, el costo unitario del producto aumenta de forma incontrolable. A esto se suma el problema de los equipos subutilizados, donde la maquinaria trabaja a ritmos inadecuados que aceleran su desgaste sin maximizar la producción.
Al final, la falta de trazabilidad en los activos impide saber cuánto cuesta realmente mantener cada pieza, lo que anula cualquier posibilidad de tomar decisiones basadas en datos reales.
La diferencia entre el modelo tradicional y el de supervivencia es abismal. Mientras que el enfoque reactivo simplemente espera a que la máquina se rompa, el enfoque estratégico lo entiende como una protección esencial del capital.
En lugar de enfrentar paradas de emergencia costosas e impredecibles, la industria resiliente planifica intervenciones breves y controladas que distribuyen el gasto de forma inteligente y garantizan la continuidad operativa.
En este sentido, Allen subraya que hoy el mantenimiento dejó de ser solo una función técnica y pasó a ser una herramienta directa de gestión financiera:“Cada decisión impacta en variables clave del negocio como la disponibilidad de los activos, los costos operativos, la productividad y la vida útil de la infraestructura”, explica. “Cuando las empresas digitalizan su mantenimiento, empiezan a tomar decisiones basadas en datos, transformándolo en una herramienta estratégica para proteger márgenes, optimizar CAPEX y mejorar el retorno sobre los activos”.
En una economía en plena recesión, la optimización de activos existentes pasa a ser la inversión más segura disponible. El mantenimiento se convierte así en una herramienta financiera de primer orden, ya que extiende la vida útil de activos que hoy son casi imposibles de reponer debido al costo del crédito y las persistentes trabas a la importación.
Para superar este difícil momento, la industria argentina debe cambiar su configuración tradicional. Las empresas que logren superar los retos a lo largo de este 2026 no serán necesariamente las que más vendan en el corto plazo, sino aquellas que consigan la mayor disponibilidad de sus activos con el menor costo operativo posible.
Allen concluye que las industrias que mejor atravesarán los próximos 24 meses serán aquellas que entiendan que la eficiencia operativa será el principal factor de competitividad. Para ello, identifica tres decisiones clave: digitalizar la gestión de activos, pasar de mantenimiento reactivo a predictivo y profesionalizar el mantenimiento como función estratégica.
En economías volátiles como la argentina, la resiliencia industrial depende cada vez más de qué tan bien una empresa gestiona sus activos.
Conclusiones Clave
- Lejos de reducir costos en tiempo de crisis, recortar el mantenimiento aumenta el riesgo operativo y el costo total del negocio.
- Las empresas que mejor atraviesen los tiempos difíciles serán las que digitalicen su gestión de activos y pasen de un mantenimiento reactivo a uno predictivo.
El sector industrial en Argentina experimenta un momento crítico. Con la segunda mayor caída industrial a nivel global, muchas empresas enfrentan un escenario de márgenes estrechos y presión operativa que obliga a replantear sus modelos de eficiencia, pues algunos sectores industriales ya muestran indicadores peores que los observados durante la pandemia.
De acuerdo con datos revelados en un informe reciente, 2,436 empresas manufactureras han cerrado sus puertas y se perdieron más de 73,000 empleos directos durante los primeros dos años del actual gobierno.
En un contexto tan desafiante, las empresas buscan la manera de optimizar cada activo disponible para mantener la continuidad operativa y proteger sus márgenes en un entorno volátil.
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La eficiencia operativa como base para la resiliencia
Actualmente, la industria argentina opera apenas al 57.9% de su capacidad instalada. Esto significa que casi la mitad de la infraestructura productiva del país está detenida, generando un costo que impacta de manera negativa los márgenes de rentabilidad.
Además, el escenario macroeconómico genera una presión extra para mantenerse a flote. Con mayores costos energéticos, inflación en insumos, la caída del consumo interno y limitaciones de financiamiento se ha reducido el margen de maniobra para muchas compañías.
Con este panorama, las empresas se encuentran en un momento en el que solo les queda apostar por la eficiencia total o la salida definitiva del mercado. Hoy, el mantenimiento inteligente se ha convertido en la mejor opción ya que está al alcance de empresas de todos los tamaños.
Como explica Tomás Allen, VP de Ventas para Latinoamérica de Fracttal, el mayor error en contextos de caída industrial es confundir ahorro con eficiencia. “Cuando la actividad baja, muchas empresas reaccionan recortando mantenimiento, postergando intervenciones o reduciendo inversiones en tecnología operativa. Aunque en el corto plazo parece una forma de reducir costos, en realidad aumenta el riesgo operativo y el costo total del negocio. Las compañías que mejor atraviesan estos ciclos no son las que menos gastan, sino las que gestionan mejor sus activos”.
Históricamente, en muchas PyMEs argentinas el mantenimiento se veía como un mal necesario o un gasto que se recortaba ante la primera crisis. Con los desafíos de la actualidad, esa visión solo podría acelerar el cierre.
Cuando no hay margen para invertir en maquinaria nueva, la decisión estratégica más inteligente es cuidar y optimizar lo que ya se tiene. En esa misma dirección apunta Mike Hoey, fundador de Source Meridian, al remarcar la importancia de usar la información disponible para anticiparse a los problemas en lugar de reaccionar tarde: “Cuando pones los datos correctos en manos de los equipos adecuados, dejas de reaccionar tarde y empiezas a anticipar los problemas: pasas de apagar incendios a diseñar resultados”.
Relacionado: La mejor defensa contra la incertidumbre no es una sola estrategia, sino una mentalidad
Del enfoque reactivo al estratégico
La ineficiencia operativa no siempre se ve en la contabilidad, pero se siente con fuerza en el flujo de caja a través de diversos drenajes financieros.
Por ejemplo, cada minuto que una línea de producción se detiene por una parada no programada, el costo unitario del producto aumenta de forma incontrolable. A esto se suma el problema de los equipos subutilizados, donde la maquinaria trabaja a ritmos inadecuados que aceleran su desgaste sin maximizar la producción.
Al final, la falta de trazabilidad en los activos impide saber cuánto cuesta realmente mantener cada pieza, lo que anula cualquier posibilidad de tomar decisiones basadas en datos reales.
La diferencia entre el modelo tradicional y el de supervivencia es abismal. Mientras que el enfoque reactivo simplemente espera a que la máquina se rompa, el enfoque estratégico lo entiende como una protección esencial del capital.
En lugar de enfrentar paradas de emergencia costosas e impredecibles, la industria resiliente planifica intervenciones breves y controladas que distribuyen el gasto de forma inteligente y garantizan la continuidad operativa.
En este sentido, Allen subraya que hoy el mantenimiento dejó de ser solo una función técnica y pasó a ser una herramienta directa de gestión financiera:“Cada decisión impacta en variables clave del negocio como la disponibilidad de los activos, los costos operativos, la productividad y la vida útil de la infraestructura”, explica. “Cuando las empresas digitalizan su mantenimiento, empiezan a tomar decisiones basadas en datos, transformándolo en una herramienta estratégica para proteger márgenes, optimizar CAPEX y mejorar el retorno sobre los activos”.
En una economía en plena recesión, la optimización de activos existentes pasa a ser la inversión más segura disponible. El mantenimiento se convierte así en una herramienta financiera de primer orden, ya que extiende la vida útil de activos que hoy son casi imposibles de reponer debido al costo del crédito y las persistentes trabas a la importación.
Para superar este difícil momento, la industria argentina debe cambiar su configuración tradicional. Las empresas que logren superar los retos a lo largo de este 2026 no serán necesariamente las que más vendan en el corto plazo, sino aquellas que consigan la mayor disponibilidad de sus activos con el menor costo operativo posible.
Allen concluye que las industrias que mejor atravesarán los próximos 24 meses serán aquellas que entiendan que la eficiencia operativa será el principal factor de competitividad. Para ello, identifica tres decisiones clave: digitalizar la gestión de activos, pasar de mantenimiento reactivo a predictivo y profesionalizar el mantenimiento como función estratégica.
En economías volátiles como la argentina, la resiliencia industrial depende cada vez más de qué tan bien una empresa gestiona sus activos.