Open finance, ¿está Latinoamérica preparada para la integración de la banca?
El gran desafío sigue siendo lograr que bancos tradicionales y fintechs se pongan de acuerdo en un mismo lenguaje, además de tejer reglas que no dejen lugar a dudas.
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Conclusiones Clave
- El open finance avanza en Latinoamérica, pero su éxito depende de contar con datos limpios, marcos regulatorios claros y la confianza del usuario.
- Colombia, Chile y Perú ya tienen definidas hojas de ruta, aunque su implementación podría demorarse al menos hasta 2027.
En la región, el open finance todavía no termina de levantar vuelo, pero no es por falta de iniciativa, sino por problemas técnicos y normativos. El gran desafío sigue siendo lograr que bancos tradicionales y fintechs se pongan de acuerdo en un mismo lenguaje, además de tejer reglas que no dejen lugar a dudas. Pero más allá de esas barreras, varios países avanzan con hojas de ruta concretas para implementar esta nueva forma de gestionar las finanzas.
Para que una entidad financiera pueda entender a otra, ambas necesitan un idioma compartido. Eso implica contar con datos limpios y bien ordenados. Porque de poco sirve recibir un pago etiquetado como “pago_01” si luego no se sabe si correspondía al seguro del automóvil o a la suscripción de Netflix que el cliente olvidó cancelar.
Oscar Hernández, de la consultora Bluetab Latam, explica que: “El open finance es súper útil para evaluar el riesgo de alguien que pide un crédito. Pero la información no siempre está centralizada ni ordenada”.
Tanto así, que a veces en una misma base de datos aparecen tres personas distintas: ‘María’, ‘María López’ y ‘María L.’, cuando en realidad es la misma cliente. “Buscamos que la información sea consistente y sólida”, dice Hernández, porque si no, los errores se multiplican”.
Pero el problema también es la privacidad, puesto que, “se necesita saber cómo se usa un nombre, cómo se traslada a otras fuentes para ofrecer un producto o una asesoría”, explica Hernández quien es mexicano y conoce bien cómo opera el open finance bajo la Ley Fintech en su país, donde los datos transaccionales (saldos, historial de movimientos, pagos de tarjetas) solo se comparten si el cliente dice ‘sí’ de manera explícita.
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Open finance: la evolución del open banking
El open finance no es otra cosa que la evolución del open banking. Ya no solo compartes datos bancarios, sino también de seguros, inversiones, pensiones y créditos.
Compartir todo eso tiene sus bemoles.
Natalia Landeta, CEO y cofundadora de Certena, detectó esa necesidad a tiempo. Ella dice que: “Los datos se están moviendo muy rápido, y en algún momento toca ponerles freno y orden con el consentimiento”.
Su modelo de negocio obliga a las empresas a pedir permiso de forma clara, para que el usuario sepa qué información está entregando. Porque el open banking se basa en la confianza, y la confianza es frágil. Si no le explicas bien a la gente el beneficio (‘con tus datos te damos mejor tasa’), el usuario va a decir “no” por reflejo. Lo que propone Certena es manejar todos esos permisos desde una sola plataforma, para que no te canses de dar el sí en veinte aplicaciones diferentes.
En este contexto, que el usuario se sienta seguro no es un detalle menor. Es la base de todo. Porque sin permiso explícito y sin claridad sobre el uso de los datos, cualquier intento de integración financiera se derrumba. Las personas necesitan entender qué ganan a cambio de compartir su información. Si eso no está claro, el sistema falla antes de arrancar.
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Latinoamérica: una región que se mueve rumbo al open finance
Colombia es uno de los países que ya comenzó a promover la implementación del open finance. La idea es que el usuario pueda autorizar que usen su información financiera (sus movimientos, sus deudas, sus ingresos) para ofrecerle créditos y servicios hechos a su medida.
Se trata de que la gente con poco historial bancario también pueda acceder a financiamiento, y de que los bancos empiecen a competir de verdad por ti, ofreciéndole mejores condiciones.
El decreto expedido por la Superintendencia Financiera de Colombia funciona con una especie de “permiso digital” que el usuario da para que los bancos, las apps financieras y otros operadores compartan datos de forma segura. El usuario es el que manda. Ese control sobre la información propia es, de hecho, el corazón del asunto.
Pero claro, pasar del papel a la realidad implica enfrentar los mismos retos que ya se mencionaron. No basta con una ley; toca que los datos estén limpios, que la gente confíe y que las instituciones se pongan de acuerdo.
Chile, por ejemplo, es hoy el mercado con el marco normativo más desarrollado después de Brasil. Su Ley Fintech, promulgada en 2023, junto con la norma general 514 de la CMF, ya define quiénes participan, cómo se pide permiso, qué estándares deben cumplir las APIs y hasta contempla entornos de prueba. Sin embargo, la implementación plena no será antes de julio de 2027, un año más tarde de lo previsto, porque los anexos técnicos aún se discuten en consulta pública.
Lo curioso es que los desafíos técnicos en Chile son más complejos que en otros países, justamente porque su sistema financiero está más digitalizado. Eso no necesariamente simplifica las cosas. La verdadera prueba será la calidad de los datos que circulan por las APIs, la trazabilidad de los permisos cuando se manejen millones de usuarios, que el sistema nunca falle y que los terceros sepan operar de forma coordinada.
Mientras tanto, Perú acaba de publicar su hoja de ruta a comienzos de 2026. Apuesta por un modelo con permiso explícito del usuario, intercambio estandarizado vía APIs y una implementación por fases. La SBS ya creó un equipo especializado para acompañar el proceso, lo que habla de una apuesta institucional seria. Los primeros datos empezarían a estar disponibles a finales de 2027, y un segundo bloque hacia mediados de 2028.
Así que, aunque a ritmos distintos, la región se mueve.
Hace poco, Nisum y la fintech Finerio Connect anunciaron una alianza para destrabar este embudo en Latinoamérica. La idea es que las entidades financieras dejen de ver la regulación como un gasto molesto y la conviertan en un negocio rentable.
Finerio Connect pone la tecnología para exponer APIs de datos, pagos y servicios, y para conectar la información financiera de los clientes entre distintas instituciones. Pablo Vicencio, de Finerio, explica: “Estamos eliminando la fricción técnica para que los bancos pasen de solo cumplir la regla a implementar open finance de verdad”.
Por su lado, Nisum entra con el acompañamiento estratégico: orquestan la implementación para que esa innovación no choque con los sistemas viejos que ya tienen los bancos. Sebastián Martínez, de Nisum Chile, lo resume así: “Acompañamos a las instituciones en la transición de un gasto en compliance a una inversión estratégica. Queremos que el paso hacia las finanzas abiertas sea fluido, seguro y, sobre todo, rentable”.
Ambas compañías ya tienen la mira puesta en Chile, Perú y Colombia. Su visión es clara: abrir los datos no es un trámite, es la mejor herramienta para competir y para construir relaciones de verdad con los clientes.
La pregunta del millón, entonces, no es si la tecnología funciona, sino si la región entera está realmente preparada para confiar en este nuevo modelo.
Conclusiones Clave
- El open finance avanza en Latinoamérica, pero su éxito depende de contar con datos limpios, marcos regulatorios claros y la confianza del usuario.
- Colombia, Chile y Perú ya tienen definidas hojas de ruta, aunque su implementación podría demorarse al menos hasta 2027.
En la región, el open finance todavía no termina de levantar vuelo, pero no es por falta de iniciativa, sino por problemas técnicos y normativos. El gran desafío sigue siendo lograr que bancos tradicionales y fintechs se pongan de acuerdo en un mismo lenguaje, además de tejer reglas que no dejen lugar a dudas. Pero más allá de esas barreras, varios países avanzan con hojas de ruta concretas para implementar esta nueva forma de gestionar las finanzas.
Para que una entidad financiera pueda entender a otra, ambas necesitan un idioma compartido. Eso implica contar con datos limpios y bien ordenados. Porque de poco sirve recibir un pago etiquetado como “pago_01” si luego no se sabe si correspondía al seguro del automóvil o a la suscripción de Netflix que el cliente olvidó cancelar.
Oscar Hernández, de la consultora Bluetab Latam, explica que: “El open finance es súper útil para evaluar el riesgo de alguien que pide un crédito. Pero la información no siempre está centralizada ni ordenada”.
Tanto así, que a veces en una misma base de datos aparecen tres personas distintas: ‘María’, ‘María López’ y ‘María L.’, cuando en realidad es la misma cliente. “Buscamos que la información sea consistente y sólida”, dice Hernández, porque si no, los errores se multiplican”.
Pero el problema también es la privacidad, puesto que, “se necesita saber cómo se usa un nombre, cómo se traslada a otras fuentes para ofrecer un producto o una asesoría”, explica Hernández quien es mexicano y conoce bien cómo opera el open finance bajo la Ley Fintech en su país, donde los datos transaccionales (saldos, historial de movimientos, pagos de tarjetas) solo se comparten si el cliente dice ‘sí’ de manera explícita.
Relacionado: El nuevo gasto fuera de control en las empresas: así nació el FinOps para IA
Open finance: la evolución del open banking
El open finance no es otra cosa que la evolución del open banking. Ya no solo compartes datos bancarios, sino también de seguros, inversiones, pensiones y créditos.
Compartir todo eso tiene sus bemoles.
Natalia Landeta, CEO y cofundadora de Certena, detectó esa necesidad a tiempo. Ella dice que: “Los datos se están moviendo muy rápido, y en algún momento toca ponerles freno y orden con el consentimiento”.
Su modelo de negocio obliga a las empresas a pedir permiso de forma clara, para que el usuario sepa qué información está entregando. Porque el open banking se basa en la confianza, y la confianza es frágil. Si no le explicas bien a la gente el beneficio (‘con tus datos te damos mejor tasa’), el usuario va a decir “no” por reflejo. Lo que propone Certena es manejar todos esos permisos desde una sola plataforma, para que no te canses de dar el sí en veinte aplicaciones diferentes.
En este contexto, que el usuario se sienta seguro no es un detalle menor. Es la base de todo. Porque sin permiso explícito y sin claridad sobre el uso de los datos, cualquier intento de integración financiera se derrumba. Las personas necesitan entender qué ganan a cambio de compartir su información. Si eso no está claro, el sistema falla antes de arrancar.
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Latinoamérica: una región que se mueve rumbo al open finance
Colombia es uno de los países que ya comenzó a promover la implementación del open finance. La idea es que el usuario pueda autorizar que usen su información financiera (sus movimientos, sus deudas, sus ingresos) para ofrecerle créditos y servicios hechos a su medida.
Se trata de que la gente con poco historial bancario también pueda acceder a financiamiento, y de que los bancos empiecen a competir de verdad por ti, ofreciéndole mejores condiciones.
El decreto expedido por la Superintendencia Financiera de Colombia funciona con una especie de “permiso digital” que el usuario da para que los bancos, las apps financieras y otros operadores compartan datos de forma segura. El usuario es el que manda. Ese control sobre la información propia es, de hecho, el corazón del asunto.
Pero claro, pasar del papel a la realidad implica enfrentar los mismos retos que ya se mencionaron. No basta con una ley; toca que los datos estén limpios, que la gente confíe y que las instituciones se pongan de acuerdo.
Chile, por ejemplo, es hoy el mercado con el marco normativo más desarrollado después de Brasil. Su Ley Fintech, promulgada en 2023, junto con la norma general 514 de la CMF, ya define quiénes participan, cómo se pide permiso, qué estándares deben cumplir las APIs y hasta contempla entornos de prueba. Sin embargo, la implementación plena no será antes de julio de 2027, un año más tarde de lo previsto, porque los anexos técnicos aún se discuten en consulta pública.
Lo curioso es que los desafíos técnicos en Chile son más complejos que en otros países, justamente porque su sistema financiero está más digitalizado. Eso no necesariamente simplifica las cosas. La verdadera prueba será la calidad de los datos que circulan por las APIs, la trazabilidad de los permisos cuando se manejen millones de usuarios, que el sistema nunca falle y que los terceros sepan operar de forma coordinada.
Mientras tanto, Perú acaba de publicar su hoja de ruta a comienzos de 2026. Apuesta por un modelo con permiso explícito del usuario, intercambio estandarizado vía APIs y una implementación por fases. La SBS ya creó un equipo especializado para acompañar el proceso, lo que habla de una apuesta institucional seria. Los primeros datos empezarían a estar disponibles a finales de 2027, y un segundo bloque hacia mediados de 2028.
Así que, aunque a ritmos distintos, la región se mueve.
Hace poco, Nisum y la fintech Finerio Connect anunciaron una alianza para destrabar este embudo en Latinoamérica. La idea es que las entidades financieras dejen de ver la regulación como un gasto molesto y la conviertan en un negocio rentable.
Finerio Connect pone la tecnología para exponer APIs de datos, pagos y servicios, y para conectar la información financiera de los clientes entre distintas instituciones. Pablo Vicencio, de Finerio, explica: “Estamos eliminando la fricción técnica para que los bancos pasen de solo cumplir la regla a implementar open finance de verdad”.
Por su lado, Nisum entra con el acompañamiento estratégico: orquestan la implementación para que esa innovación no choque con los sistemas viejos que ya tienen los bancos. Sebastián Martínez, de Nisum Chile, lo resume así: “Acompañamos a las instituciones en la transición de un gasto en compliance a una inversión estratégica. Queremos que el paso hacia las finanzas abiertas sea fluido, seguro y, sobre todo, rentable”.
Ambas compañías ya tienen la mira puesta en Chile, Perú y Colombia. Su visión es clara: abrir los datos no es un trámite, es la mejor herramienta para competir y para construir relaciones de verdad con los clientes.
La pregunta del millón, entonces, no es si la tecnología funciona, sino si la región entera está realmente preparada para confiar en este nuevo modelo.