La próxima ventaja competitiva no será escribir “prompts”, será diseñar agentes

La clave en el futuro próximo no estará en quien escriba mejores “prompts”, sino en quien sepa diseñar organizaciones capaces de trabajar junto con agentes de IA.

Por Ricardo Rebolledo | Jun 08, 2026
J Studios | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • Escribir “prompts” fue el primer paso, pero la ventaja competitiva real estará en quienes sepan diseñar sistemas donde humanos y agentes de IA colaboren de forma eficiente.
  • Integrar agentes de IA en la operación de tu negocio va más allá de una conversación tecnológica. Es, en verdad, una de estrategia, liderazgo y diseño organizacional.

Durante los últimos dos años hemos dedicado una cantidad sorprendente de tiempo a aprender a hablar con las máquinas.

Aprendimos a escribir prompts más precisos, a formular mejores preguntas y a estructurar instrucciones para obtener respuestas más útiles de modelos como ChatGPT. Se creó toda una economía alrededor de esa habilidad. Surgieron cursos, metodologías y especialistas. Por un momento pareció que dominar el lenguaje de la inteligencia artificial (IA) sería una de las competencias más valiosas para cualquier emprendedor.

Sin embargo, sospecho que estamos sobreestimando la importancia de esa etapa.

No porque los prompts hayan dejado de ser relevantes, sino porque representan apenas el comienzo de una transformación mucho más profunda.

Relacionado: Deja de usar la IA como adorno y empieza a usarla para crear valor real

La IA y la disrupción que todavía no alcanzamos a comprender

Cuando internet comenzó a popularizarse, muchas organizaciones pensaron que la innovación consistía en tener un sitio web. Con el tiempo entendieron que la verdadera disrupción no estaba en la página, sino en la posibilidad de rediseñar industrias enteras alrededor de una nueva infraestructura digital. Algo similar parece estar ocurriendo con la inteligencia artificial.

Hoy seguimos hablando de cómo interactuar con los modelos. Lo que empieza a emerger es una conversación mucho más interesante: cómo construir sistemas capaces de trabajar junto con nosotros.

La diferencia puede parecer técnica, pero en realidad es organizacional.

Utilizar un modelo de lenguaje para resolver una tarea específica es parecido a consultar a un experto. Diseñar un sistema de agentes de IA implica algo distinto. Significa crear una estructura donde diferentes capacidades colaboran para alcanzar un objetivo, toman decisiones dentro de ciertos límites, utilizan herramientas, consultan información, ejecutan acciones y aprenden de los resultados obtenidos.

En otras palabras, la conversación deja de centrarse en la IA como herramienta y comienza a girar alrededor de la inteligencia artificial como fuerza de trabajo.

Las señales de este cambio ya son visibles. De acuerdo con el estudio The State of Agentic AI de Qlik, más de la mitad de las organizaciones ya se encuentran explorando, pilotando o implementando capacidades de Agentic AI dentro de sus operaciones. Más interesante aún es que los líderes empresariales identifican la automatización de procesos complejos, la mejora en la toma de decisiones y el aumento de la productividad como algunos de los principales beneficios esperados. Esto sugiere que la conversación está dejando de centrarse en la experimentación tecnológica para trasladarse hacia un terreno mucho más estratégico: cómo integrar la autonomía digital dentro de las operaciones cotidianas del negocio.

Relacionado: El futuro es de quienes orquestan la IA, no de quienes solo le delegan tareas

IA, emprendedores y el valor de las nuevas capacidades

Lo relevante para los emprendedores no es la tecnología en sí misma. Lo relevante es que cada avance tecnológico termina modificando aquello que las organizaciones consideran una habilidad estratégica.

Hubo una época en la que saber operar una hoja de cálculo representaba una ventaja competitiva. Después fue indispensable comprender internet. Más tarde llegaron los datos, la nube y la automatización. Cada ola tecnológica desplazó el valor hacia nuevas capacidades.

La inteligencia artificial parece estar produciendo un fenómeno similar.

Durante los próximos años, la ventaja probablemente no estará en quién utiliza ChatGPT con mayor habilidad. Tampoco en quién tiene acceso al modelo más avanzado. Es difícil imaginar que esa ventaja sea sostenible cuando la tecnología se vuelve cada vez más accesible y abundante.

La diferencia estará en la capacidad de diseñar procesos donde humanos y agentes colaboren de forma eficiente.

Eso implica desarrollar competencias que rara vez aparecen en las conversaciones sobre IA. Comprender cómo fluye la información dentro de una organización. Definir qué decisiones pueden delegarse y cuáles requieren supervisión humana. Diseñar mecanismos de control. Establecer métricas. Evaluar riesgos. Corregir errores. Mantener la coherencia de un sistema cuando escala.

Son habilidades más cercanas a la arquitectura organizacional que a la programación.

Relacionado: Cómo hacer que la IA trabaje para ti — y no en tu contra

La pregunta más relevante en tiempos de la IA

En el sector financiero ya comienzan a aparecer señales de esta transición. Un proceso de crédito, una operación de pagos o una investigación de fraude pueden involucrar múltiples tareas repetitivas que históricamente dependían de equipos completos. Lo interesante no es que la IA ejecute una de esas tareas con mayor velocidad; lo verdaderamente transformador es la posibilidad de coordinar decenas de actividades dentro de un mismo flujo operativo, reduciendo fricción, tiempos de respuesta y costos de ejecución.

Por eso me parece que la conversación sobre el futuro del trabajo suele comenzar en el lugar equivocado.

Nos preguntamos qué empleos desaparecerán. Nos preguntamos qué tareas podrán automatizarse. Nos preguntamos qué tan inteligente llegará a ser la tecnología.

Quizá la pregunta más relevante sea otra.

¿Estamos aprendiendo a diseñar organizaciones para un mundo donde parte del trabajo ya no será realizado exclusivamente por personas?

McKinsey ha documentado cómo las organizaciones más avanzadas están dejando atrás la fase experimental de la inteligencia artificial para incorporarla en procesos críticos del negocio. Eso sugiere que la discusión ya no pertenece únicamente al ámbito tecnológico. Empieza a convertirse en una discusión de estrategia, liderazgo y diseño empresarial.

Porque cuando todos tengan acceso a herramientas similares, la ventaja competitiva dejará de estar en la tecnología disponible.

Estará en la capacidad de convertir esa tecnología en resultados.

Y tal vez dentro de algunos años recordemos la obsesión por los prompts de la misma forma en que hoy recordamos las primeras páginas web: como una etapa necesaria, incluso revolucionaria, pero apenas el punto de partida de algo mucho más grande. La pregunta para los emprendedores ya no es cómo hablar con la inteligencia artificial, sino construir organizaciones capaces de trabajar con ella.

Conclusiones Clave

  • Escribir “prompts” fue el primer paso, pero la ventaja competitiva real estará en quienes sepan diseñar sistemas donde humanos y agentes de IA colaboren de forma eficiente.
  • Integrar agentes de IA en la operación de tu negocio va más allá de una conversación tecnológica. Es, en verdad, una de estrategia, liderazgo y diseño organizacional.

Durante los últimos dos años hemos dedicado una cantidad sorprendente de tiempo a aprender a hablar con las máquinas.

Aprendimos a escribir prompts más precisos, a formular mejores preguntas y a estructurar instrucciones para obtener respuestas más útiles de modelos como ChatGPT. Se creó toda una economía alrededor de esa habilidad. Surgieron cursos, metodologías y especialistas. Por un momento pareció que dominar el lenguaje de la inteligencia artificial (IA) sería una de las competencias más valiosas para cualquier emprendedor.

Sin embargo, sospecho que estamos sobreestimando la importancia de esa etapa.

No porque los prompts hayan dejado de ser relevantes, sino porque representan apenas el comienzo de una transformación mucho más profunda.

Relacionado: Deja de usar la IA como adorno y empieza a usarla para crear valor real

La IA y la disrupción que todavía no alcanzamos a comprender

Cuando internet comenzó a popularizarse, muchas organizaciones pensaron que la innovación consistía en tener un sitio web. Con el tiempo entendieron que la verdadera disrupción no estaba en la página, sino en la posibilidad de rediseñar industrias enteras alrededor de una nueva infraestructura digital. Algo similar parece estar ocurriendo con la inteligencia artificial.

Hoy seguimos hablando de cómo interactuar con los modelos. Lo que empieza a emerger es una conversación mucho más interesante: cómo construir sistemas capaces de trabajar junto con nosotros.

La diferencia puede parecer técnica, pero en realidad es organizacional.

Utilizar un modelo de lenguaje para resolver una tarea específica es parecido a consultar a un experto. Diseñar un sistema de agentes de IA implica algo distinto. Significa crear una estructura donde diferentes capacidades colaboran para alcanzar un objetivo, toman decisiones dentro de ciertos límites, utilizan herramientas, consultan información, ejecutan acciones y aprenden de los resultados obtenidos.

En otras palabras, la conversación deja de centrarse en la IA como herramienta y comienza a girar alrededor de la inteligencia artificial como fuerza de trabajo.

Las señales de este cambio ya son visibles. De acuerdo con el estudio The State of Agentic AI de Qlik, más de la mitad de las organizaciones ya se encuentran explorando, pilotando o implementando capacidades de Agentic AI dentro de sus operaciones. Más interesante aún es que los líderes empresariales identifican la automatización de procesos complejos, la mejora en la toma de decisiones y el aumento de la productividad como algunos de los principales beneficios esperados. Esto sugiere que la conversación está dejando de centrarse en la experimentación tecnológica para trasladarse hacia un terreno mucho más estratégico: cómo integrar la autonomía digital dentro de las operaciones cotidianas del negocio.

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IA, emprendedores y el valor de las nuevas capacidades

Lo relevante para los emprendedores no es la tecnología en sí misma. Lo relevante es que cada avance tecnológico termina modificando aquello que las organizaciones consideran una habilidad estratégica.

Hubo una época en la que saber operar una hoja de cálculo representaba una ventaja competitiva. Después fue indispensable comprender internet. Más tarde llegaron los datos, la nube y la automatización. Cada ola tecnológica desplazó el valor hacia nuevas capacidades.

La inteligencia artificial parece estar produciendo un fenómeno similar.

Durante los próximos años, la ventaja probablemente no estará en quién utiliza ChatGPT con mayor habilidad. Tampoco en quién tiene acceso al modelo más avanzado. Es difícil imaginar que esa ventaja sea sostenible cuando la tecnología se vuelve cada vez más accesible y abundante.

La diferencia estará en la capacidad de diseñar procesos donde humanos y agentes colaboren de forma eficiente.

Eso implica desarrollar competencias que rara vez aparecen en las conversaciones sobre IA. Comprender cómo fluye la información dentro de una organización. Definir qué decisiones pueden delegarse y cuáles requieren supervisión humana. Diseñar mecanismos de control. Establecer métricas. Evaluar riesgos. Corregir errores. Mantener la coherencia de un sistema cuando escala.

Son habilidades más cercanas a la arquitectura organizacional que a la programación.

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La pregunta más relevante en tiempos de la IA

En el sector financiero ya comienzan a aparecer señales de esta transición. Un proceso de crédito, una operación de pagos o una investigación de fraude pueden involucrar múltiples tareas repetitivas que históricamente dependían de equipos completos. Lo interesante no es que la IA ejecute una de esas tareas con mayor velocidad; lo verdaderamente transformador es la posibilidad de coordinar decenas de actividades dentro de un mismo flujo operativo, reduciendo fricción, tiempos de respuesta y costos de ejecución.

Por eso me parece que la conversación sobre el futuro del trabajo suele comenzar en el lugar equivocado.

Nos preguntamos qué empleos desaparecerán. Nos preguntamos qué tareas podrán automatizarse. Nos preguntamos qué tan inteligente llegará a ser la tecnología.

Quizá la pregunta más relevante sea otra.

¿Estamos aprendiendo a diseñar organizaciones para un mundo donde parte del trabajo ya no será realizado exclusivamente por personas?

McKinsey ha documentado cómo las organizaciones más avanzadas están dejando atrás la fase experimental de la inteligencia artificial para incorporarla en procesos críticos del negocio. Eso sugiere que la discusión ya no pertenece únicamente al ámbito tecnológico. Empieza a convertirse en una discusión de estrategia, liderazgo y diseño empresarial.

Porque cuando todos tengan acceso a herramientas similares, la ventaja competitiva dejará de estar en la tecnología disponible.

Estará en la capacidad de convertir esa tecnología en resultados.

Y tal vez dentro de algunos años recordemos la obsesión por los prompts de la misma forma en que hoy recordamos las primeras páginas web: como una etapa necesaria, incluso revolucionaria, pero apenas el punto de partida de algo mucho más grande. La pregunta para los emprendedores ya no es cómo hablar con la inteligencia artificial, sino construir organizaciones capaces de trabajar con ella.

Ricardo Rebolledo Country Manager México en 2Brains | Experto en Pagos Digitales, Transformación y Riesgo Crediticio

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