¿Se puede franquiciar la viralidad? Cuando el contenido se convierte en sistema

La viralidad ya no es cuestión de suerte o un acto creativo aislado. Hoy funciona como un sistema: se diseña, se prueba y se escala.

Por Ilse Canela | Ene 15, 2026
Cristina Gaidau | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • Cuando algo se convierte en sistema, puede multiplicarse y, en ciertos casos, franquiciarse.
  • El caso de MrBeast evidencia el paso de la creatividad extrema a la optimización basada en datos y distribución.
  • La IA acelera la estandarización del contenido y reduce la centralidad del creador como figura única.
  • Las plataformas priorizan relevancia, utilidad y tiempo de atención por encima del número de seguidores.

Si trabajas en marketing o lideras un negocio digital hay una verdad que ya no se puede ignorar: la viralidad dejó de ser un impulso creativo y se convirtió en una decisión estratégica.

Durante años nos explicamos la viralidad como algo casi mágico. Talento, timing y un algoritmo caprichoso. Quien lo lograba parecía haber llegado antes que los demás. Muchos, me incluyo, nos quedamos con la sensación de haber entendido el juego cuando ya había cambiado. Pero con el tiempo quedó claro que no fue el cierre de una era, sino apenas el primer acto.

De habilidad individual a engranaje replicable

Hoy estamos entrando en una etapa distinta, más silenciosa y profunda. Una donde la viralidad deja de comportarse como una habilidad individual y empieza a operar como engranaje.  En este punto aparece una pregunta incómoda, sobre todo para quienes toman decisiones de marca: ¿te imaginas que la viralidad pudiera franquiciarse?

No como una metáfora ingeniosa, sino como una lógica operativa concreta: procesos claros, métricas replicables y estructuras que no dependen del carisma de una sola persona ni de un golpe de suerte.

El ejemplo más claro de esta transición no está en un creador pequeño, sino en uno de los más grandes. Durante años, el éxito de MrBeast se explicó como creatividad extrema y una serie de decisiones guiadas por instinto. Ese relato cambió cuando anunció la incorporación de un responsable dedicado exclusivamente a escalar la viralidad.

Al tomar esa decisión, MrBeast no está buscando a alguien creativo, sino a alguien que domine datos, distribución, pruebas y negocio. La viralidad deja de ser intuición y se convierte en sistema.

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La IA como acelerador, no como origen

Ese movimiento revela algo fundamental: la viralidad tiene que convertirse en una capacidad diseñada no improvisada. Cuando algo puede diseñarse, puede multiplicarse o franquiciarse.

Este cambio no ocurre en el vacío. La inteligencia artificial (IA) lo está empujando desde varios frentes al mismo tiempo. Hoy el contenido nace global por defecto. La traducción y el doblaje automático permiten que un mensaje se consuma en distintos idiomas sin intervención del creador. El idioma deja de ser una ventaja o desventaja competitiva. Lo que importa es la precisión del mensaje.

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Cuando el creador deja de ser el centro

Al mismo tiempo, la figura del creador pierde centralidad. La IA puede replicar voz, entonación y ritmo emocional. Esto no es sólo escala, es optimización operativa. El beneficio es evidente: menos fricción, más output. El costo también lo es: la personalidad deja de ser única. La pregunta deja de ser técnica y se vuelve existencial. ¿Qué partes de una marca o de una persona estamos dispuestos a estandarizar sin perder sentido, sin vaciar significado?

También cambió la lógica del alcance. Las plataformas priorizan señales como tiempo de visualización, rewatch y utilidad percibida. El número de seguidores pierde protagonismo. El contenido correcto, para la persona correcta, en el momento correcto, sigue encontrando escala. Los algoritmos ya no premian sólo popularidad, jerarquizan relevancia.

Esto no es una amenaza creativa, es una exigencia de criterio estratégico.

El contenido se volvió flexible y modular. Una sola pieza puede fragmentarse en múltiples versiones, formatos y hooks. Publicar ya no es final del proceso, es el punto de partida. La optimización ocurre mientras el contenido vive. Se mide, se ajusta, y se redistribuye en tiempo real. El azar se reduce. Los patrones se leen mejor. Lo que antes era intuición hoy demanda método

¿Eso es bueno o malo? Depende de quién lo entienda primero.

Para quienes siguen en el contenido como creatividad, seguir un trend o crear sin objetivo esta transición es una desventaja acumulativa. De esas que no hacen ruido, pero te sacan del juego sin avisar.

Para quienes lo entienden como infraestructura, es una oportunidad enorme. Veremos un crecimiento de creadores sin rostro, sin narrativa personal o incluso completamente digitales. El contenido educativo o funcional ganará terreno, si su oferta de valor es clara. La marca personal deja de ser el eje. La utilidad toma el mando.

Incomoda porque obliga a decidir que vale la pena convertir en sistema y que no, cuestiona los valores, la ética, la costumbre. Porque no, no todo debería franquiciarse. No toda identidad podrá resistir la estandarización. Pero ignorar este cambio no lo va a frenar,

En esta nueva etapa no ganan quienes hacen más ruido, sino quienes construyen mecanismos que otros pueden replicar. La viralidad dejó de ser notoriedad. Hoy es capacidad de distribución. Entenderla así no es una moda ni una ventaja opcional: es una decisión estratégica sobre qué merece convertirse en estructura.

Conclusiones Clave

  • Cuando algo se convierte en sistema, puede multiplicarse y, en ciertos casos, franquiciarse.
  • El caso de MrBeast evidencia el paso de la creatividad extrema a la optimización basada en datos y distribución.
  • La IA acelera la estandarización del contenido y reduce la centralidad del creador como figura única.
  • Las plataformas priorizan relevancia, utilidad y tiempo de atención por encima del número de seguidores.

Si trabajas en marketing o lideras un negocio digital hay una verdad que ya no se puede ignorar: la viralidad dejó de ser un impulso creativo y se convirtió en una decisión estratégica.

Durante años nos explicamos la viralidad como algo casi mágico. Talento, timing y un algoritmo caprichoso. Quien lo lograba parecía haber llegado antes que los demás. Muchos, me incluyo, nos quedamos con la sensación de haber entendido el juego cuando ya había cambiado. Pero con el tiempo quedó claro que no fue el cierre de una era, sino apenas el primer acto.

De habilidad individual a engranaje replicable

Hoy estamos entrando en una etapa distinta, más silenciosa y profunda. Una donde la viralidad deja de comportarse como una habilidad individual y empieza a operar como engranaje.  En este punto aparece una pregunta incómoda, sobre todo para quienes toman decisiones de marca: ¿te imaginas que la viralidad pudiera franquiciarse?

No como una metáfora ingeniosa, sino como una lógica operativa concreta: procesos claros, métricas replicables y estructuras que no dependen del carisma de una sola persona ni de un golpe de suerte.

El ejemplo más claro de esta transición no está en un creador pequeño, sino en uno de los más grandes. Durante años, el éxito de MrBeast se explicó como creatividad extrema y una serie de decisiones guiadas por instinto. Ese relato cambió cuando anunció la incorporación de un responsable dedicado exclusivamente a escalar la viralidad.

Al tomar esa decisión, MrBeast no está buscando a alguien creativo, sino a alguien que domine datos, distribución, pruebas y negocio. La viralidad deja de ser intuición y se convierte en sistema.

Relacionado: La IA definirá tu marca si tú no lo haces — Así puedes tomar el control

La IA como acelerador, no como origen

Ese movimiento revela algo fundamental: la viralidad tiene que convertirse en una capacidad diseñada no improvisada. Cuando algo puede diseñarse, puede multiplicarse o franquiciarse.

Este cambio no ocurre en el vacío. La inteligencia artificial (IA) lo está empujando desde varios frentes al mismo tiempo. Hoy el contenido nace global por defecto. La traducción y el doblaje automático permiten que un mensaje se consuma en distintos idiomas sin intervención del creador. El idioma deja de ser una ventaja o desventaja competitiva. Lo que importa es la precisión del mensaje.

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Cuando el creador deja de ser el centro

Al mismo tiempo, la figura del creador pierde centralidad. La IA puede replicar voz, entonación y ritmo emocional. Esto no es sólo escala, es optimización operativa. El beneficio es evidente: menos fricción, más output. El costo también lo es: la personalidad deja de ser única. La pregunta deja de ser técnica y se vuelve existencial. ¿Qué partes de una marca o de una persona estamos dispuestos a estandarizar sin perder sentido, sin vaciar significado?

También cambió la lógica del alcance. Las plataformas priorizan señales como tiempo de visualización, rewatch y utilidad percibida. El número de seguidores pierde protagonismo. El contenido correcto, para la persona correcta, en el momento correcto, sigue encontrando escala. Los algoritmos ya no premian sólo popularidad, jerarquizan relevancia.

Esto no es una amenaza creativa, es una exigencia de criterio estratégico.

El contenido se volvió flexible y modular. Una sola pieza puede fragmentarse en múltiples versiones, formatos y hooks. Publicar ya no es final del proceso, es el punto de partida. La optimización ocurre mientras el contenido vive. Se mide, se ajusta, y se redistribuye en tiempo real. El azar se reduce. Los patrones se leen mejor. Lo que antes era intuición hoy demanda método

¿Eso es bueno o malo? Depende de quién lo entienda primero.

Para quienes siguen en el contenido como creatividad, seguir un trend o crear sin objetivo esta transición es una desventaja acumulativa. De esas que no hacen ruido, pero te sacan del juego sin avisar.

Para quienes lo entienden como infraestructura, es una oportunidad enorme. Veremos un crecimiento de creadores sin rostro, sin narrativa personal o incluso completamente digitales. El contenido educativo o funcional ganará terreno, si su oferta de valor es clara. La marca personal deja de ser el eje. La utilidad toma el mando.

Incomoda porque obliga a decidir que vale la pena convertir en sistema y que no, cuestiona los valores, la ética, la costumbre. Porque no, no todo debería franquiciarse. No toda identidad podrá resistir la estandarización. Pero ignorar este cambio no lo va a frenar,

En esta nueva etapa no ganan quienes hacen más ruido, sino quienes construyen mecanismos que otros pueden replicar. La viralidad dejó de ser notoriedad. Hoy es capacidad de distribución. Entenderla así no es una moda ni una ventaja opcional: es una decisión estratégica sobre qué merece convertirse en estructura.

Emprendedora y estratega de marketing con enfoque humano. Diseña campañas multicanal y 360 que combinan datos, cultura y creatividad para generar conexiones reales y resultados medibles.

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