El Super Bowl baila a ritmo latino; la IA es la siguiente frontera
El evento evidenció un cambio cultural: Latinoamérica ya no entra al escenario global por invitación. Sin embargo, mientras la región gana visibilidad simbólica, el verdadero poder tecnológico —infraestructura, datos y modelos de IA— sigue construyéndose fuera de ella.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- La influencia cultural no equivale a control tecnológico.
- Adoptar IA sin desarrollarla genera dependencia económica y estratégica.
- Construir capacidad propia permite capturar valor y tomar decisiones.
- El futuro digital de la región depende de definir su rol en la cadena de valor.
La noche del Super Bowl es un espejo de poder: millones mirando el mismo escenario, al mismo tiempo, como si el mundo acordara qué merece ser llamado mainstream. Durante décadas, ese reflejo fue claro y homogéneo: lo masivo hablaba inglés y sonaba a Estados Unidos. La presentación de Bad Bunny rompió ese patrón. Lo que muchos leyeron como espectáculo fue, en realidad, una declaración: Latinoamérica dejó de entrar por invitación y hoy ocupa un lugar central en lo global.
Cuando una cultura entra a un espacio históricamente cerrado, no pide permiso, reconfigura el espacio. Hoy, América Latina empieza a demostrar capacidad para lo segundo. Pero este avance abre una pregunta inevitable: ¿qué pasa cuando la tecnología que tomará las decisiones de la región se diseña fuera de ella? Ahí es donde el Super Bowl se vuelve pretexto… El verdadero tema es la siguiente conquista.
Primera conquista: ocupar el escenario sin pedir permiso
Hay algo particular cuando escuchas español en un espacio diseñado para no necesitarlo. Se revela una verdad que muchos subestiman: nuestra cultura no solo es potente; es escalable, tiene volumen, exporta símbolos y mueve dinero. Eso puede ser obvio para algunos, pero no necesariamente para los centros de decisión.
Durante años nos acostumbramos a que “lo latino” fuera una cuota. Esa lógica se rompió con el Conejo Malo cantando en español. Estamos marcando la pauta y el mercado está de acuerdo. De ahí, una lección: la escala se construye desde la inevitabilidad. Ahora bien, si somos inevitables culturalmente, ¿por qué seguimos siendo dependientes tecnológicamente?
Segunda conquista: un nuevo territorio, más allá del digital
La inteligencia artificial (IA) no es una aplicación. Es un cambio en la forma en que se concentra y se ejerce el poder tecnológico. Porque su verdadero impacto no está en la interfaz, sino en estas tres preguntas que pocos se atreven a hacer:
- ¿Dónde se procesan los datos?
- ¿Quién controla la infraestructura?
- ¿Cómo se distribuye el valor económico?
Si la respuesta está fuera de tu país o región, la adopción de IA en el mejor de los casos es eficiencia prestada y, en el peor, es dependencia disfrazada de innovación.
Eso es exactamente lo que vive Latinoamérica. Como ocurrió en el Levi’s Stadium, estamos entrando al territorio, pero la bandera no es nuestra. Consumimos modelos, usamos plataformas, integramos APIs y celebramos automatizaciones; sin embargo, la capa del poder —cómputo, datos, entrenamiento, despliegue a escala y financiamiento— sigue estando fuera.
Esa distancia explica muchas fallas de la IA. Los modelos no entienden dónde están operando. No comprenden cómo hablamos, ni cómo tomamos decisiones. Pasan por alto nuestras contradicciones y no captan nuestra realidad. México y Latinoamérica no necesitan adoptar IA. Necesitan decidir su rol en la cadena de valor.
Lo que viene es una carrera de capacidad. Capacidad para entrenar modelos con datos propios, correr inferencias cerca del usuario, construir infraestructura eficiente, financiar hardware y energía, formar talento capaz de diseñar sistemas. Porque si solo usamos IA construida afuera, el valor también se va. Pagas suscripciones, cómputo, licencias y consultoría y exportas tus datos, pero tu región sigue sin capturar el excedente económico.
Relacionado: Tu empresa no necesita mejores prompts de IA, necesita mejores procesos
El paralelismo con el Super Bowl
Bad Bunny movió el eje del poder. En IA, eso todavía no está ocurriendo. La región adopta tecnología, pero sigue haciéndolo sin incidir en las reglas que la rigen.
La IA determina qué idiomas se entrenan, qué contextos se vuelven legibles, qué mercados se priorizan y qué criterios —incluidos los sesgos— terminan escalando sin cuestionamiento. Por eso, la analogía cultural es más que pertinente. Conquistar nunca ha sido copiar. Conquistar es construir capacidad y sostenerla en el tiempo.
Durante años asumimos que la sofisticación tecnológica debía venir de fuera. Hoy la oportunidad está en diseñar sistemas que entiendan cómo opera Latinoamérica; porque cuando la tecnología comprende el contexto, reduce fricción, mejora precisión y devuelve margen de decisión. Y en cualquier mercado, decidir sigue siendo ventaja escasa.
El Super Bowl dejó una señal inequívoca: la cultura latinoamericana ya no necesita permiso. El siguiente paso —menos vistoso, pero mucho más determinante— es que nuestra tecnología tampoco dependa de validaciones para existir, escalar o decidir.
Ahí está la verdadera conquista: no en el escenario, sino en la infraestructura que define el futuro digital de la región. Y ese juego ya empezó, aunque no tenga show de medio tiempo.
Conclusiones Clave
- La influencia cultural no equivale a control tecnológico.
- Adoptar IA sin desarrollarla genera dependencia económica y estratégica.
- Construir capacidad propia permite capturar valor y tomar decisiones.
- El futuro digital de la región depende de definir su rol en la cadena de valor.
La noche del Super Bowl es un espejo de poder: millones mirando el mismo escenario, al mismo tiempo, como si el mundo acordara qué merece ser llamado mainstream. Durante décadas, ese reflejo fue claro y homogéneo: lo masivo hablaba inglés y sonaba a Estados Unidos. La presentación de Bad Bunny rompió ese patrón. Lo que muchos leyeron como espectáculo fue, en realidad, una declaración: Latinoamérica dejó de entrar por invitación y hoy ocupa un lugar central en lo global.
Cuando una cultura entra a un espacio históricamente cerrado, no pide permiso, reconfigura el espacio. Hoy, América Latina empieza a demostrar capacidad para lo segundo. Pero este avance abre una pregunta inevitable: ¿qué pasa cuando la tecnología que tomará las decisiones de la región se diseña fuera de ella? Ahí es donde el Super Bowl se vuelve pretexto… El verdadero tema es la siguiente conquista.
Primera conquista: ocupar el escenario sin pedir permiso
Hay algo particular cuando escuchas español en un espacio diseñado para no necesitarlo. Se revela una verdad que muchos subestiman: nuestra cultura no solo es potente; es escalable, tiene volumen, exporta símbolos y mueve dinero. Eso puede ser obvio para algunos, pero no necesariamente para los centros de decisión.
Durante años nos acostumbramos a que “lo latino” fuera una cuota. Esa lógica se rompió con el Conejo Malo cantando en español. Estamos marcando la pauta y el mercado está de acuerdo. De ahí, una lección: la escala se construye desde la inevitabilidad. Ahora bien, si somos inevitables culturalmente, ¿por qué seguimos siendo dependientes tecnológicamente?
Segunda conquista: un nuevo territorio, más allá del digital
La inteligencia artificial (IA) no es una aplicación. Es un cambio en la forma en que se concentra y se ejerce el poder tecnológico. Porque su verdadero impacto no está en la interfaz, sino en estas tres preguntas que pocos se atreven a hacer:
- ¿Dónde se procesan los datos?
- ¿Quién controla la infraestructura?
- ¿Cómo se distribuye el valor económico?
Si la respuesta está fuera de tu país o región, la adopción de IA en el mejor de los casos es eficiencia prestada y, en el peor, es dependencia disfrazada de innovación.
Eso es exactamente lo que vive Latinoamérica. Como ocurrió en el Levi’s Stadium, estamos entrando al territorio, pero la bandera no es nuestra. Consumimos modelos, usamos plataformas, integramos APIs y celebramos automatizaciones; sin embargo, la capa del poder —cómputo, datos, entrenamiento, despliegue a escala y financiamiento— sigue estando fuera.
Esa distancia explica muchas fallas de la IA. Los modelos no entienden dónde están operando. No comprenden cómo hablamos, ni cómo tomamos decisiones. Pasan por alto nuestras contradicciones y no captan nuestra realidad. México y Latinoamérica no necesitan adoptar IA. Necesitan decidir su rol en la cadena de valor.
Lo que viene es una carrera de capacidad. Capacidad para entrenar modelos con datos propios, correr inferencias cerca del usuario, construir infraestructura eficiente, financiar hardware y energía, formar talento capaz de diseñar sistemas. Porque si solo usamos IA construida afuera, el valor también se va. Pagas suscripciones, cómputo, licencias y consultoría y exportas tus datos, pero tu región sigue sin capturar el excedente económico.
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El paralelismo con el Super Bowl
Bad Bunny movió el eje del poder. En IA, eso todavía no está ocurriendo. La región adopta tecnología, pero sigue haciéndolo sin incidir en las reglas que la rigen.
La IA determina qué idiomas se entrenan, qué contextos se vuelven legibles, qué mercados se priorizan y qué criterios —incluidos los sesgos— terminan escalando sin cuestionamiento. Por eso, la analogía cultural es más que pertinente. Conquistar nunca ha sido copiar. Conquistar es construir capacidad y sostenerla en el tiempo.
Durante años asumimos que la sofisticación tecnológica debía venir de fuera. Hoy la oportunidad está en diseñar sistemas que entiendan cómo opera Latinoamérica; porque cuando la tecnología comprende el contexto, reduce fricción, mejora precisión y devuelve margen de decisión. Y en cualquier mercado, decidir sigue siendo ventaja escasa.
El Super Bowl dejó una señal inequívoca: la cultura latinoamericana ya no necesita permiso. El siguiente paso —menos vistoso, pero mucho más determinante— es que nuestra tecnología tampoco dependa de validaciones para existir, escalar o decidir.
Ahí está la verdadera conquista: no en el escenario, sino en la infraestructura que define el futuro digital de la región. Y ese juego ya empezó, aunque no tenga show de medio tiempo.