El 75% de tus empleados ya usa IA. ¿Qué estás haciendo al respecto?

El verdadero riesgo no es que usen inteligencia artificial, sino que la dirección no tenga visibilidad ni gobernanza sobre cómo se está integrando la tecnología en la organización.

Por Ignacio Barraza | Feb 25, 2026
ATHVisions | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • Shadow AI es el uso de herramientas de inteligencia artificial dentro de la empresa sin aprobación formal, gobierno de datos o visibilidad ejecutiva.
  • No es un acto de rebeldía corporativa; es una señal de fricción estratégica y de oportunidad no gestionada.
  • La ventaja competitiva no proviene de prohibir la IA, sino de gobernarla con visión, control y propósito.

Un director comercial necesita cerrar una propuesta en tiempo récord. Copia información sensible del cliente y la introduce en una herramienta de inteligencia artificial generativa para mejorar la redacción. Un abogado interno sube un contrato confidencial para resumir cláusulas complejas. Un analista financiero utiliza un modelo abierto para proyectar escenarios de riesgo.

No buscan vulnerar políticas, buscan eficiencia; sin embargo, el riesgo no es únicamente regulatorio.

Cuando información de clientes, estrategias comerciales o incluso propiedad intelectual se expone en modelos externos de inteligencia artificial (IA), la organización puede estar transfiriendo valor competitivo sin advertirlo, diluyendo una ventaja estratégica construida durante años en cuestión de segundos.

Ninguno de ellos busca vulnerar políticas. Buscan velocidad.

Ese fenómeno, cada vez más frecuente, tiene nombre: Shadow AI. Se refiere al uso de herramientas de IA dentro de la empresa sin aprobación formal, sin gobierno de datos y sin visibilidad ejecutiva. No es un caso aislado, es una consecuencia directa de la democratización tecnológica.

La adopción es más profunda de lo que muchos comités de dirección imaginan. El reporte The State of AI in 2023 (El estado de la IA en 2023)de McKinsey indica que el 55% de las organizaciones ya utiliza IA en al menos una función del negocio, lo que confirma que esta tecnología dejó de ser experimental para convertirse en infraestructura operativa.

Un estudio conjunto de Microsoft y LinkedInrevela que el 75% de los trabajadores del conocimiento ya usa IA en su trabajo y que una proporción significativa lo hace por iniciativa propia, muchas veces en ausencia de políticas claras. La conclusión es incómoda pero evidente: la IA ya está dentro de las organizaciones, independientemente del nivel de preparación institucional.

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Qué es Shadow AI y por qué representa un riesgo estratégico

Shadow AI no es simplemente uso informal de tecnología, es una adopción sin marco de control y ocurre cuando los equipos implementan herramientas de IA sin lineamientos sobre protección de datos, sin criterios de validación de modelos, sin trazabilidad de decisiones y sin evaluación de impacto regulatorio. En sectores financieros, aseguradores o altamente regulados, este escenario puede escalar rápidamente de eficiencia operativa a exposición legal.

El Foro Económico Mundial ha enfatizado que la gobernanza responsable de la IA, basada en transparencia, rendición de cuentas y coordinación estructurada, es esencial para mitigar riesgos técnicos, económicos y sociales derivados de su implementación acelerada.

Cuando la IA influye en decisiones de crédito, precios, contratación o gestión de riesgo, la falta de gobernanza no es un detalle técnico, es un problema de confianza. El verdadero riesgo del Shadow AI no es que exista, es que la alta dirección no tiene visibilidad sobre su alcance.

Relacionado: Los riesgos ocultos de utilizar inteligencia artificial generativa en tu empresa

El error no es usar IA, es no saber cómo se está usando

Muchas organizaciones reaccionan con prohibiciones. Bloquean herramientas, restringen accesos o emiten circulares internas que buscan frenar el uso no autorizado. Sin embargo, esta aproximación suele empujar el fenómeno a una capa más invisible.

El Shadow AI no surge por rebeldía corporativa, surge por fricción. Cuando los procesos internos son más lentos que el mercado, los equipos adoptan soluciones externas para cerrar la brecha. La IA se convierte en un acelerador individual en ausencia de una estrategia institucional.

Desde una perspectiva de liderazgo, el problema no es tecnológico, es estructural. Si los empleados ya están encontrando valor en la IA, la organización tiene una señal clara de oportunidad. Ignorarla implica perder ventaja competitiva; sobrerregularla implica frenar la innovación.

Relacionado: Más allá de los copilotos: el reto de las empresas para integrar la IA en todo su ciclo de vida

Cómo convertir el Shadow AI en ventaja competitiva

Las empresas que están madurando en gobernanza de IA no bloquean el fenómeno, lo canalizan. Entienden que la adopción orgánica puede transformarse en estrategia formal si se gestiona correctamente.

Hay al menos tres movimientos estratégicos que marcan la diferencia.

Primero, visibilidad. Mapear el uso real de herramientas de IA dentro de la organización, identificar qué datos interactúan con modelos externos y qué procesos dependen de resultados generados por IA. Sin diagnóstico, no existe gobierno posible.

Segundo, políticas viables. Diseñar lineamientos claros sobre uso de datos, criterios de validación, niveles de riesgo y responsabilidades ejecutivas. Una política que no entiende la dinámica del negocio está destinada a ser ignorada.

Tercero, integración estructural. Incorporar la IA dentro de la arquitectura tecnológica, con controles de seguridad, trazabilidad y cumplimiento integrados desde el diseño. Gobernar la IA no es un proyecto aislado, es una capacidad transversal.

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Una prueba de liderazgo en la era de la IA

El Shadow AI es un síntoma de algo más profundo que un problema de tecnología, es una prueba de liderazgo, porque en la economía de la inteligencia artificial, el mayor riesgo no es el uso de esta tecnología, sino que se haga sin el conocimiento de la dirección y peor aún, que se convierta en una práctica presente y continua.

Las empresas que no hagan visible este fenómeno enfrentarán riesgos silenciosos que pueden materializarse en incidentes regulatorios, reputacionales o financieros. Las que lo gobiernen estratégicamente podrán convertir esa adopción espontánea en una ventaja estructural.

En la nueva economía digital, no gana quien adopta primero. Gana quien adopta con visión, control y propósito. El liderazgo en IA no se mide por cuántas herramientas se implementan, sino por qué tan bien se gobiernan. Hoy, esa gobernanza comienza por hacerse una pregunta incómoda pero urgente: si el 75% de tus empleados ya usa IA, ¿estás liderando esa transformación o simplemente reaccionando a ella?

Conclusiones Clave

  • Shadow AI es el uso de herramientas de inteligencia artificial dentro de la empresa sin aprobación formal, gobierno de datos o visibilidad ejecutiva.
  • No es un acto de rebeldía corporativa; es una señal de fricción estratégica y de oportunidad no gestionada.
  • La ventaja competitiva no proviene de prohibir la IA, sino de gobernarla con visión, control y propósito.

Un director comercial necesita cerrar una propuesta en tiempo récord. Copia información sensible del cliente y la introduce en una herramienta de inteligencia artificial generativa para mejorar la redacción. Un abogado interno sube un contrato confidencial para resumir cláusulas complejas. Un analista financiero utiliza un modelo abierto para proyectar escenarios de riesgo.

No buscan vulnerar políticas, buscan eficiencia; sin embargo, el riesgo no es únicamente regulatorio.

Cuando información de clientes, estrategias comerciales o incluso propiedad intelectual se expone en modelos externos de inteligencia artificial (IA), la organización puede estar transfiriendo valor competitivo sin advertirlo, diluyendo una ventaja estratégica construida durante años en cuestión de segundos.

Ninguno de ellos busca vulnerar políticas. Buscan velocidad.

Ese fenómeno, cada vez más frecuente, tiene nombre: Shadow AI. Se refiere al uso de herramientas de IA dentro de la empresa sin aprobación formal, sin gobierno de datos y sin visibilidad ejecutiva. No es un caso aislado, es una consecuencia directa de la democratización tecnológica.

La adopción es más profunda de lo que muchos comités de dirección imaginan. El reporte The State of AI in 2023 (El estado de la IA en 2023)de McKinsey indica que el 55% de las organizaciones ya utiliza IA en al menos una función del negocio, lo que confirma que esta tecnología dejó de ser experimental para convertirse en infraestructura operativa.

Un estudio conjunto de Microsoft y LinkedInrevela que el 75% de los trabajadores del conocimiento ya usa IA en su trabajo y que una proporción significativa lo hace por iniciativa propia, muchas veces en ausencia de políticas claras. La conclusión es incómoda pero evidente: la IA ya está dentro de las organizaciones, independientemente del nivel de preparación institucional.

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Qué es Shadow AI y por qué representa un riesgo estratégico

Shadow AI no es simplemente uso informal de tecnología, es una adopción sin marco de control y ocurre cuando los equipos implementan herramientas de IA sin lineamientos sobre protección de datos, sin criterios de validación de modelos, sin trazabilidad de decisiones y sin evaluación de impacto regulatorio. En sectores financieros, aseguradores o altamente regulados, este escenario puede escalar rápidamente de eficiencia operativa a exposición legal.

El Foro Económico Mundial ha enfatizado que la gobernanza responsable de la IA, basada en transparencia, rendición de cuentas y coordinación estructurada, es esencial para mitigar riesgos técnicos, económicos y sociales derivados de su implementación acelerada.

Cuando la IA influye en decisiones de crédito, precios, contratación o gestión de riesgo, la falta de gobernanza no es un detalle técnico, es un problema de confianza. El verdadero riesgo del Shadow AI no es que exista, es que la alta dirección no tiene visibilidad sobre su alcance.

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El error no es usar IA, es no saber cómo se está usando

Muchas organizaciones reaccionan con prohibiciones. Bloquean herramientas, restringen accesos o emiten circulares internas que buscan frenar el uso no autorizado. Sin embargo, esta aproximación suele empujar el fenómeno a una capa más invisible.

El Shadow AI no surge por rebeldía corporativa, surge por fricción. Cuando los procesos internos son más lentos que el mercado, los equipos adoptan soluciones externas para cerrar la brecha. La IA se convierte en un acelerador individual en ausencia de una estrategia institucional.

Desde una perspectiva de liderazgo, el problema no es tecnológico, es estructural. Si los empleados ya están encontrando valor en la IA, la organización tiene una señal clara de oportunidad. Ignorarla implica perder ventaja competitiva; sobrerregularla implica frenar la innovación.

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Cómo convertir el Shadow AI en ventaja competitiva

Las empresas que están madurando en gobernanza de IA no bloquean el fenómeno, lo canalizan. Entienden que la adopción orgánica puede transformarse en estrategia formal si se gestiona correctamente.

Hay al menos tres movimientos estratégicos que marcan la diferencia.

Primero, visibilidad. Mapear el uso real de herramientas de IA dentro de la organización, identificar qué datos interactúan con modelos externos y qué procesos dependen de resultados generados por IA. Sin diagnóstico, no existe gobierno posible.

Segundo, políticas viables. Diseñar lineamientos claros sobre uso de datos, criterios de validación, niveles de riesgo y responsabilidades ejecutivas. Una política que no entiende la dinámica del negocio está destinada a ser ignorada.

Tercero, integración estructural. Incorporar la IA dentro de la arquitectura tecnológica, con controles de seguridad, trazabilidad y cumplimiento integrados desde el diseño. Gobernar la IA no es un proyecto aislado, es una capacidad transversal.

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Una prueba de liderazgo en la era de la IA

El Shadow AI es un síntoma de algo más profundo que un problema de tecnología, es una prueba de liderazgo, porque en la economía de la inteligencia artificial, el mayor riesgo no es el uso de esta tecnología, sino que se haga sin el conocimiento de la dirección y peor aún, que se convierta en una práctica presente y continua.

Las empresas que no hagan visible este fenómeno enfrentarán riesgos silenciosos que pueden materializarse en incidentes regulatorios, reputacionales o financieros. Las que lo gobiernen estratégicamente podrán convertir esa adopción espontánea en una ventaja estructural.

En la nueva economía digital, no gana quien adopta primero. Gana quien adopta con visión, control y propósito. El liderazgo en IA no se mide por cuántas herramientas se implementan, sino por qué tan bien se gobiernan. Hoy, esa gobernanza comienza por hacerse una pregunta incómoda pero urgente: si el 75% de tus empleados ya usa IA, ¿estás liderando esa transformación o simplemente reaccionando a ella?

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