Transferencias de dinero vs pagos con tarjeta: ventajas, oportunidades y el futuro de los medios de pago en México

El debate no es qué medio de pago va a ganar, sino cómo se complementan transferencias y tarjetas en el mercado mexicano.

Por José Luis Pulido | Feb 11, 2026
Andriy Onufriyenko | Getty Images

Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Conclusiones Clave

  • Las tarjetas impulsan ventas rápidas y reducen fricción; las transferencias optimizan costos, liquidez y montos altos.
  • Forzar a los clientes a un solo medio de pago genera abandono de transacciones y pérdidas comerciales.
  • México no vive una sustitución de medios de pago, sino una reconfiguración estratégica del proceso de venta y cobro.
  • El pago ya no es un trámite administrativo: es parte central de la experiencia del cliente y del crecimiento del negocio.

Durante años, la industria financiera ha insistido en una pregunta equivocada: qué medio de pago va a ganar. Hoy, el mercado mexicano deja claro que no existe un ganador único, sino un cambio profundo en la forma en que personas y empresas eligen cómo pagar y cómo cobrar.

En este nuevo escenario, entender la relación entre transferencias de dinero y pagos con tarjeta dejó de ser un debate técnico para convertirse en una decisión estratégica de ventas y crecimiento.

México es un caso particularmente interesante. De acuerdo con datos de Banxico, el uso de transferencias electrónicas a través del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) ha crecido de manera sostenida tanto en número de operaciones como en monto. Tan solo en los últimos años, SPEI se ha consolidado como un canal cotidiano no solo para pagos entre personas, sino también para pagos empresariales y comerciales.

Este crecimiento convive con otro fenómeno igual de relevante: las tarjetas de crédito y débito siguen siendo uno de los pilares del consumo digital y presencial. En comercio electrónico, por ejemplo, continúan siendo el medio de pago más utilizado. Datos de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) muestran que las tarjetas siguen liderando las preferencias de pago en e-commerce, especialmente por su facilidad de uso, aceptación y percepción de seguridad.

Entonces, ¿estamos ante una competencia directa entre transferencias y tarjetas? La evidencia apunta a lo contrario. Se están complementando, pero no siempre de forma consciente por parte de las empresas. Las tarjetas funcionan mejor cuando la prioridad es cerrar una venta rápida, reducir fricción y aprovechar la familiaridad del usuario. Las transferencias, en cambio, ganan relevancia cuando el costo de intermediación, la liquidez inmediata o el monto de la operación se vuelven factores críticos.

Desde la perspectiva regulatoria y de inclusión financiera, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) ha señalado en sus reportes que el uso de medios de pago digitales en México sigue creciendo, aunque de manera desigual entre segmentos de la población y tipos de negocio. Esto implica que no todos los clientes quieren (o pueden) pagar de la misma forma, y forzarlos a un solo canal suele traducirse en ventas perdidas.

Aquí aparece uno de los grandes errores estratégicos: diseñar productos y experiencias pensando en un solo medio de pago. En la práctica, esto genera abandono de transacciones, fricción innecesaria y costos ocultos. El consumidor mexicano ya está demostrando que elige el medio según el contexto: tarjetas para compras de consumo y pagos recurrentes; transferencias para montos más altos, servicios profesionales, pagos B2B o cobros directos donde la confirmación inmediata del dinero es clave.

Relacionado: No todos necesitan una tarjeta de crédito: revalorar la personalización financiera

Tarjetas vs. transferencias, ¿vender o cobrar?

En el fondo, el debate no está en cuál medio de pago es mejor, sino en qué problema de negocio resuelve cada uno. Las tarjetas siguen siendo el motor natural de las ventas cuando lo que importa es cerrar rápido, ofrecer familiaridad y no interrumpir la experiencia del cliente. Las transferencias, por su parte, han dejado de ser un recurso secundario para convertirse en un canal estratégico en escenarios donde el monto, la liquidez inmediata o la eficiencia operativa pesan más que la conveniencia tradicional.

Desde la perspectiva comercial, no es lo mismo vender que cobrar, y ahí es donde esta conversación cobra relevancia. Hay transacciones que viven mejor en el mundo de las tarjetas y otras que encuentran mayor sentido en las transferencias. El error no está en elegir uno u otro, sino en asumir que un solo medio puede cubrir todos los casos de uso en un mercado tan diverso como el mexicano.

Lo que estamos viendo en México no es una sustitución, sino una reconfiguración del canal de pagos. Tarjetas y transferencias están redefiniendo su papel dentro del proceso de venta, ampliando el abanico de posibilidades para negocios digitales, fintech y empresas que entienden que el pago ya no es solo un cierre administrativo, sino parte integral de la experiencia del cliente. El futuro de los medios de pago no se va a decidir en una batalla entre tarjetas y transferencias, sino en la capacidad de las organizaciones para leer el contexto, entender al cliente y diseñar experiencias acordes a cada momento de pago. Porque al final, la pregunta correcta no es si el cliente paga con tarjeta o por transferencia, sino algo mucho más incómodo y estratégico: ¿estamos vendiendo como el cliente compra hoy o seguimos cobrando como si el mercado no hubiera cambiado?

Relacionado: Ya pasó la cuesta de enero: a once meses de cerrar el año, ¿a qué le vas a apostar de verdad?

Conclusiones Clave

  • Las tarjetas impulsan ventas rápidas y reducen fricción; las transferencias optimizan costos, liquidez y montos altos.
  • Forzar a los clientes a un solo medio de pago genera abandono de transacciones y pérdidas comerciales.
  • México no vive una sustitución de medios de pago, sino una reconfiguración estratégica del proceso de venta y cobro.
  • El pago ya no es un trámite administrativo: es parte central de la experiencia del cliente y del crecimiento del negocio.

Durante años, la industria financiera ha insistido en una pregunta equivocada: qué medio de pago va a ganar. Hoy, el mercado mexicano deja claro que no existe un ganador único, sino un cambio profundo en la forma en que personas y empresas eligen cómo pagar y cómo cobrar.

En este nuevo escenario, entender la relación entre transferencias de dinero y pagos con tarjeta dejó de ser un debate técnico para convertirse en una decisión estratégica de ventas y crecimiento.

México es un caso particularmente interesante. De acuerdo con datos de Banxico, el uso de transferencias electrónicas a través del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) ha crecido de manera sostenida tanto en número de operaciones como en monto. Tan solo en los últimos años, SPEI se ha consolidado como un canal cotidiano no solo para pagos entre personas, sino también para pagos empresariales y comerciales.

Este crecimiento convive con otro fenómeno igual de relevante: las tarjetas de crédito y débito siguen siendo uno de los pilares del consumo digital y presencial. En comercio electrónico, por ejemplo, continúan siendo el medio de pago más utilizado. Datos de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) muestran que las tarjetas siguen liderando las preferencias de pago en e-commerce, especialmente por su facilidad de uso, aceptación y percepción de seguridad.

Entonces, ¿estamos ante una competencia directa entre transferencias y tarjetas? La evidencia apunta a lo contrario. Se están complementando, pero no siempre de forma consciente por parte de las empresas. Las tarjetas funcionan mejor cuando la prioridad es cerrar una venta rápida, reducir fricción y aprovechar la familiaridad del usuario. Las transferencias, en cambio, ganan relevancia cuando el costo de intermediación, la liquidez inmediata o el monto de la operación se vuelven factores críticos.

Desde la perspectiva regulatoria y de inclusión financiera, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) ha señalado en sus reportes que el uso de medios de pago digitales en México sigue creciendo, aunque de manera desigual entre segmentos de la población y tipos de negocio. Esto implica que no todos los clientes quieren (o pueden) pagar de la misma forma, y forzarlos a un solo canal suele traducirse en ventas perdidas.

Aquí aparece uno de los grandes errores estratégicos: diseñar productos y experiencias pensando en un solo medio de pago. En la práctica, esto genera abandono de transacciones, fricción innecesaria y costos ocultos. El consumidor mexicano ya está demostrando que elige el medio según el contexto: tarjetas para compras de consumo y pagos recurrentes; transferencias para montos más altos, servicios profesionales, pagos B2B o cobros directos donde la confirmación inmediata del dinero es clave.

Relacionado: No todos necesitan una tarjeta de crédito: revalorar la personalización financiera

Tarjetas vs. transferencias, ¿vender o cobrar?

En el fondo, el debate no está en cuál medio de pago es mejor, sino en qué problema de negocio resuelve cada uno. Las tarjetas siguen siendo el motor natural de las ventas cuando lo que importa es cerrar rápido, ofrecer familiaridad y no interrumpir la experiencia del cliente. Las transferencias, por su parte, han dejado de ser un recurso secundario para convertirse en un canal estratégico en escenarios donde el monto, la liquidez inmediata o la eficiencia operativa pesan más que la conveniencia tradicional.

Desde la perspectiva comercial, no es lo mismo vender que cobrar, y ahí es donde esta conversación cobra relevancia. Hay transacciones que viven mejor en el mundo de las tarjetas y otras que encuentran mayor sentido en las transferencias. El error no está en elegir uno u otro, sino en asumir que un solo medio puede cubrir todos los casos de uso en un mercado tan diverso como el mexicano.

Lo que estamos viendo en México no es una sustitución, sino una reconfiguración del canal de pagos. Tarjetas y transferencias están redefiniendo su papel dentro del proceso de venta, ampliando el abanico de posibilidades para negocios digitales, fintech y empresas que entienden que el pago ya no es solo un cierre administrativo, sino parte integral de la experiencia del cliente. El futuro de los medios de pago no se va a decidir en una batalla entre tarjetas y transferencias, sino en la capacidad de las organizaciones para leer el contexto, entender al cliente y diseñar experiencias acordes a cada momento de pago. Porque al final, la pregunta correcta no es si el cliente paga con tarjeta o por transferencia, sino algo mucho más incómodo y estratégico: ¿estamos vendiendo como el cliente compra hoy o seguimos cobrando como si el mercado no hubiera cambiado?

Relacionado: Ya pasó la cuesta de enero: a once meses de cerrar el año, ¿a qué le vas a apostar de verdad?

Cuenta con más de 27 años de experiencia en el sector financiero dentro de diferentes negocios colaborando en HSBC (Banca Tradicional), Eglobal (Procesamiento de pagos), Crédito Real (Sofom), Billpocket/Kushki (Fintech) y actualmente en Grupo Ethos Pay (Fintech), además, es consejero de negocios para el Centro UNESCO en su capítulo México.

Contenido Relacionado