Investigar al consumidor ya está al alcance de cualquier fundador
El costo de preguntarle al mercado cayó y el canal ya existe en la región. Los estudios publicados este año señalan la importancia de revisar métricas de la calidad de los estudios antes de comprar.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- Los precios se han desplomado y la velocidad se ha acelerado. Lo que falta es la certeza de que al otro lado del estudio haya una persona real.
Un estudio de mercado hecho a la medida cuesta entre $25,000 y $65,000 dólares en 2026, según la guía de precios de The Farnsworth Group. Para la mayoría de los emprendedores latinoamericanos, esa cifra explicaba por qué la investigación formal se hacía una vez al año o nunca.
La industria global de insights facturó $153,000 millones de dólares en 2024, según ESOMAR. Ahora se está transformando con la aparición de herramientas que cobran por respuesta y entregan reportes en horas. En la región, un canal masivo perfecto para lograrlo ya existe: WhatsApp supera el 90% de penetración entre usuarios de internet en casi toda la región y ronda el 94% en Colombia.
Para un equipo con presupuesto de startup, la investigación puede así pasar de proyecto anual a gasto más recurrente.
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Quién contesta las encuestas
El 27 de agosto, Pew Research Center publicó un estudio sobre encuestados falsos en paneles de auto inscripción, el tipo que venden casi todos los proveedores comerciales. Sobre 11,114 respuestas, las preguntas trampa marcaron el 18% de los casos y un sistema de preselección comercial marcó casi la mitad. Depurar redujo el error, pero no lo eliminó.
Courtney Kennedy, vicepresidenta de métodos e innovación del centro, describe el incentivo. “Los malos actores pueden crear múltiples cuentas falsas y responder decenas o incluso cientos de encuestas al día”, explicó en mayo.
A eso se sumó la IA generativa. Sean Westwood, de Dartmouth, construyó una encuesta sintética con un prompt de 500 palabras y la sometió a 43,000 pruebas. Pasó el 99.8% de los controles de atención y burló todos los métodos de detección existentes, a cinco centavos por respuesta. “No son bots rudimentarios. Piensan cada pregunta y actúan como personas reales y cuidadosas”, dice. El trabajo se publicó en PNAS.
Para quien contrata, esto se traduce en dos preguntas al proveedor: qué porcentaje de respuestas descartó y bajo qué reglas.
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El caso de una plataforma colombiana
Deita, fundada en Medellín en 2025, vende justamente eso: encuestas por WhatsApp con reportes de inteligencia artificial (IA) en 48 horas o menos, pagando $1,000 pesos colombianos (aproximadamente $0.31 dólares) por pregunta respondida. En agosto sumó como socio a Mateo Arjona, CEO de M&M Capital Ventures, el fondo con el que entró, designado este mes presidente de la aerolínea estatal Satena. Hernán Restrepo, gerente de innovación de Auteco, dice en un testimonio publicado por la compañía que pasaron “de esperar semanas por un estudio a escuchar a nuestros consumidores el mismo día”.
Su pitch a inversionistas muestra dos cifras del 100%: encuestas respondidas y fraude detectado. Benjamín Vélez, CEO y cofundador, las desglosa. La primera no es una tasa de respuesta sino una promesa de entrega: si no completa la cuota contratada, devuelve el saldo en créditos. La segunda es 100% bajo su propia definición de fraude, auditada en cinco capas — velocidad de respuesta, análisis semántico, outliers, preguntas trampa y evaluación de patrones de comportamiento — más verificación biométrica al registrarse, con revisión manual de cada alerta.
Tampoco ofrece certezas sobre representatividad: “la muestra es tan aleatoria como puede serlo”, y “cualquier persona que te hable con 100% de confianza te está diciendo mentiras”.
Los datos sintéticos
La otra frontera son las encuestas sintéticas: agentes de IA entrenados con respuestas reales. El código ICC/ESOMAR revisado en 2025 incorporó definiciones de datos y personas sintéticas, y exige informar al público cuando se usan. “La transparencia ya no es opcional, es un requisito”, escribieron Vinay Ahuja y Joaquim Bretcha en enero. Debrah Harding, del MRS británico, señala el límite técnico: para crear datos sintéticos hacen falta datos humanos realmente buenos.
Vélez coincide. En Deita el producto sigue en desarrollo y no se ha usado con ningún cliente: sirve para explorar intereses y probar concepto, no para medir hechos. Cita un estudio sobre cláusulas de permanencia en telcos que realizaron: “eso no te lo puede responder una inteligencia artificial”.
De ahí sale una recomendación acotada: usarlos para explorar hipótesis y descartar conceptos antes de gastar en campo; exigir por escrito qué parte del reporte salió de personas y qué parte de agentes; y no sustentar con ellos cifras de mercado ni precios.
Como todo en la era de la IA, los estudios de insights han cambiado. Las preguntas que antes costaban decenas de miles de dólares hoy se responden con centavos. Lo que aún no tiene precio fijo es saber quién —o qué— las está respondiendo.
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Conclusiones Clave
- Los precios se han desplomado y la velocidad se ha acelerado. Lo que falta es la certeza de que al otro lado del estudio haya una persona real.
Un estudio de mercado hecho a la medida cuesta entre $25,000 y $65,000 dólares en 2026, según la guía de precios de The Farnsworth Group. Para la mayoría de los emprendedores latinoamericanos, esa cifra explicaba por qué la investigación formal se hacía una vez al año o nunca.
La industria global de insights facturó $153,000 millones de dólares en 2024, según ESOMAR. Ahora se está transformando con la aparición de herramientas que cobran por respuesta y entregan reportes en horas. En la región, un canal masivo perfecto para lograrlo ya existe: WhatsApp supera el 90% de penetración entre usuarios de internet en casi toda la región y ronda el 94% en Colombia.
Para un equipo con presupuesto de startup, la investigación puede así pasar de proyecto anual a gasto más recurrente.
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Quién contesta las encuestas
El 27 de agosto, Pew Research Center publicó un estudio sobre encuestados falsos en paneles de auto inscripción, el tipo que venden casi todos los proveedores comerciales. Sobre 11,114 respuestas, las preguntas trampa marcaron el 18% de los casos y un sistema de preselección comercial marcó casi la mitad. Depurar redujo el error, pero no lo eliminó.
Courtney Kennedy, vicepresidenta de métodos e innovación del centro, describe el incentivo. “Los malos actores pueden crear múltiples cuentas falsas y responder decenas o incluso cientos de encuestas al día”, explicó en mayo.
A eso se sumó la IA generativa. Sean Westwood, de Dartmouth, construyó una encuesta sintética con un prompt de 500 palabras y la sometió a 43,000 pruebas. Pasó el 99.8% de los controles de atención y burló todos los métodos de detección existentes, a cinco centavos por respuesta. “No son bots rudimentarios. Piensan cada pregunta y actúan como personas reales y cuidadosas”, dice. El trabajo se publicó en PNAS.
Para quien contrata, esto se traduce en dos preguntas al proveedor: qué porcentaje de respuestas descartó y bajo qué reglas.
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El caso de una plataforma colombiana
Deita, fundada en Medellín en 2025, vende justamente eso: encuestas por WhatsApp con reportes de inteligencia artificial (IA) en 48 horas o menos, pagando $1,000 pesos colombianos (aproximadamente $0.31 dólares) por pregunta respondida. En agosto sumó como socio a Mateo Arjona, CEO de M&M Capital Ventures, el fondo con el que entró, designado este mes presidente de la aerolínea estatal Satena. Hernán Restrepo, gerente de innovación de Auteco, dice en un testimonio publicado por la compañía que pasaron “de esperar semanas por un estudio a escuchar a nuestros consumidores el mismo día”.
Su pitch a inversionistas muestra dos cifras del 100%: encuestas respondidas y fraude detectado. Benjamín Vélez, CEO y cofundador, las desglosa. La primera no es una tasa de respuesta sino una promesa de entrega: si no completa la cuota contratada, devuelve el saldo en créditos. La segunda es 100% bajo su propia definición de fraude, auditada en cinco capas — velocidad de respuesta, análisis semántico, outliers, preguntas trampa y evaluación de patrones de comportamiento — más verificación biométrica al registrarse, con revisión manual de cada alerta.
Tampoco ofrece certezas sobre representatividad: “la muestra es tan aleatoria como puede serlo”, y “cualquier persona que te hable con 100% de confianza te está diciendo mentiras”.
Los datos sintéticos
La otra frontera son las encuestas sintéticas: agentes de IA entrenados con respuestas reales. El código ICC/ESOMAR revisado en 2025 incorporó definiciones de datos y personas sintéticas, y exige informar al público cuando se usan. “La transparencia ya no es opcional, es un requisito”, escribieron Vinay Ahuja y Joaquim Bretcha en enero. Debrah Harding, del MRS británico, señala el límite técnico: para crear datos sintéticos hacen falta datos humanos realmente buenos.
Vélez coincide. En Deita el producto sigue en desarrollo y no se ha usado con ningún cliente: sirve para explorar intereses y probar concepto, no para medir hechos. Cita un estudio sobre cláusulas de permanencia en telcos que realizaron: “eso no te lo puede responder una inteligencia artificial”.
De ahí sale una recomendación acotada: usarlos para explorar hipótesis y descartar conceptos antes de gastar en campo; exigir por escrito qué parte del reporte salió de personas y qué parte de agentes; y no sustentar con ellos cifras de mercado ni precios.
Como todo en la era de la IA, los estudios de insights han cambiado. Las preguntas que antes costaban decenas de miles de dólares hoy se responden con centavos. Lo que aún no tiene precio fijo es saber quién —o qué— las está respondiendo.
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