La venta no termina cuando el cliente dice “sí”
Una venta no termina cuando el cliente acepta comprar. Los métodos de pago, la entrega y la atención posterior pueden marcar la diferencia entre una transacción aislada y una relación comercial duradera.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
Conclusiones Clave
- La experiencia de compra no termina con el cobro: cumplir lo prometido y generar confianza son claves para conseguir que los clientes regresen.
La compra parece hecha. El producto elegido y la decisión tomada, pero algo se atraviesa al final: el método de pago no está disponible, el proceso exige demasiados pasos o aparece un costo inesperado. Una venta que parecía segura se pierde en el último momento.
Durante años, buena parte de la estrategia comercial se concentró en llegar al consumidor y convencerlo. La publicidad debía despertar interés, la oferta generar deseo y la experiencia llevarlo hasta el carrito para después pagar. Hoy que hay más opciones y cambiar de una empresa a otra requiere cada vez menos esfuerzo, el recorrido no puede analizarse sólo hasta ese punto.
Atraer más personas no garantiza más ventas y concretar más ventas tampoco garantiza clientes que quieran volver. El verdadero reto está en conseguir que la decisión de compra llegue hasta el final y que la experiencia posterior confirme que elegir una opción sobre otra fue una buena decisión.
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La intención puede perderse
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), 75% de las dificultades reportadas durante el proceso de compra están relacionadas con falta de visibilidad de información y consulta; 71%, con problemas en el proceso de pago y 57%, con la página web.
El dato muestra que una decisión de compra puede perderse por razones que van mucho más allá de la oferta. Esto no se limita al comercio electrónico. Una cotización que tarda demasiado, una condición que cambia, una entrega que no responde a lo esperado o un proceso que exige más esfuerzo del que el cliente considera razonable pueden modificar una decisión.
La empresa ya hizo una parte del trabajo, convencer al cliente. El siguiente reto es que su operación permita completar la compra. Pero, incluso entonces, queda cumplir lo prometido después de recibir el dinero.
Ese punto suele recibir menos atención, aunque puede ser mucho más determinante. Una venta dice que alguien estuvo dispuesto a comprar una vez; la recompra, la permanencia o la recomendación dicen que la experiencia fue suficientemente buena para sostener la confianza.
Relacionado: Una versión perfecta también puede llegar tarde
La venta ocurrió y la relación apenas empieza
Cuando una organización busca vender más, suele mirar primero hacia afuera: más prospectos y nuevos mercados. Son caminos válidos, pero no los únicos.
También existe una oportunidad en revisar qué sucede con las personas que ya llegaron hasta cierto punto del recorrido y con aquellas que ya compraron.
El momento de pago es sólo uno de esos puntos: si el proceso introduce una dificultad innecesaria, la compra puede detenerse. Pero una vez superado ese momento comienza otra parte de la experiencia que consiste en recibir lo prometido, cuando se prometió, encontrar respuesta ante un problema y decidir, finalmente, si vale la pena regresar.
Para una empresa, eso es estrategia. Conseguir un cliente por primera vez exige inversión comercial; perderlo después por una mala experiencia significa desaprovechar parte de ese esfuerzo cuando ya se había superado la barrera más difícil que era lograr que confiara lo suficiente para comprar.
La disponibilidad de un producto habla de planeación; las condiciones de entrega hablan de coordinación y la atención posterior habla de la capacidad de responder cuando la venta ya ocurrió.
Cada una puede parecer ajena a la estrategia cuando se analiza por separado. Para el cliente, todas forman parte de una misma experiencia.
Por eso una venta aislada puede ser un dato positivo sin ser necesariamente una señal de una relación comercial sostenible. El valor aparece cuando esa primera transacción tiene posibilidades de convertirse en continuidad, porque existe confianza para volver, porque la experiencia reduce la necesidad de buscar otra alternativa o porque el cliente está dispuesto a recomendar lo que recibió.
Ahí existe una oportunidad que muchas empresas todavía pueden aprovechar mejor. Crecer no siempre significa encontrar a más personas dispuestas a comprar, también significa conservar el valor de las personas que ya eligieron a la empresa.
Esto obliga a revisar una idea bastante arraigada: que la función comercial prácticamente termina cuando el cliente acepta comprar. No es así. Entre el “sí” y el cobro existen decisiones operativas capaces de sostener o romper una venta, pero entre el cobro y la siguiente decisión del cliente se juega la posibilidad de construir una relación.
Una empresa puede tener una gran estrategia para conseguir clientes y aun así dejar dinero sobre la mesa si no entiende qué ocurre después de la venta.
Porque el “sí” confirma que fue elegida una vez. El verdadero valor comercial empieza a demostrarse cuando la operación cumple, la experiencia sostiene la promesa y el cliente encuentra razones para volver.
Conclusiones Clave
- La experiencia de compra no termina con el cobro: cumplir lo prometido y generar confianza son claves para conseguir que los clientes regresen.
La compra parece hecha. El producto elegido y la decisión tomada, pero algo se atraviesa al final: el método de pago no está disponible, el proceso exige demasiados pasos o aparece un costo inesperado. Una venta que parecía segura se pierde en el último momento.
Durante años, buena parte de la estrategia comercial se concentró en llegar al consumidor y convencerlo. La publicidad debía despertar interés, la oferta generar deseo y la experiencia llevarlo hasta el carrito para después pagar. Hoy que hay más opciones y cambiar de una empresa a otra requiere cada vez menos esfuerzo, el recorrido no puede analizarse sólo hasta ese punto.
Atraer más personas no garantiza más ventas y concretar más ventas tampoco garantiza clientes que quieran volver. El verdadero reto está en conseguir que la decisión de compra llegue hasta el final y que la experiencia posterior confirme que elegir una opción sobre otra fue una buena decisión.
Relacionado: Vender ya no basta: por qué cobrar bien define el financiamiento de tu negocio
La intención puede perderse
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), 75% de las dificultades reportadas durante el proceso de compra están relacionadas con falta de visibilidad de información y consulta; 71%, con problemas en el proceso de pago y 57%, con la página web.
El dato muestra que una decisión de compra puede perderse por razones que van mucho más allá de la oferta. Esto no se limita al comercio electrónico. Una cotización que tarda demasiado, una condición que cambia, una entrega que no responde a lo esperado o un proceso que exige más esfuerzo del que el cliente considera razonable pueden modificar una decisión.
La empresa ya hizo una parte del trabajo, convencer al cliente. El siguiente reto es que su operación permita completar la compra. Pero, incluso entonces, queda cumplir lo prometido después de recibir el dinero.
Ese punto suele recibir menos atención, aunque puede ser mucho más determinante. Una venta dice que alguien estuvo dispuesto a comprar una vez; la recompra, la permanencia o la recomendación dicen que la experiencia fue suficientemente buena para sostener la confianza.
Relacionado: Una versión perfecta también puede llegar tarde
La venta ocurrió y la relación apenas empieza
Cuando una organización busca vender más, suele mirar primero hacia afuera: más prospectos y nuevos mercados. Son caminos válidos, pero no los únicos.
También existe una oportunidad en revisar qué sucede con las personas que ya llegaron hasta cierto punto del recorrido y con aquellas que ya compraron.
El momento de pago es sólo uno de esos puntos: si el proceso introduce una dificultad innecesaria, la compra puede detenerse. Pero una vez superado ese momento comienza otra parte de la experiencia que consiste en recibir lo prometido, cuando se prometió, encontrar respuesta ante un problema y decidir, finalmente, si vale la pena regresar.
Para una empresa, eso es estrategia. Conseguir un cliente por primera vez exige inversión comercial; perderlo después por una mala experiencia significa desaprovechar parte de ese esfuerzo cuando ya se había superado la barrera más difícil que era lograr que confiara lo suficiente para comprar.
La disponibilidad de un producto habla de planeación; las condiciones de entrega hablan de coordinación y la atención posterior habla de la capacidad de responder cuando la venta ya ocurrió.
Cada una puede parecer ajena a la estrategia cuando se analiza por separado. Para el cliente, todas forman parte de una misma experiencia.
Por eso una venta aislada puede ser un dato positivo sin ser necesariamente una señal de una relación comercial sostenible. El valor aparece cuando esa primera transacción tiene posibilidades de convertirse en continuidad, porque existe confianza para volver, porque la experiencia reduce la necesidad de buscar otra alternativa o porque el cliente está dispuesto a recomendar lo que recibió.
Ahí existe una oportunidad que muchas empresas todavía pueden aprovechar mejor. Crecer no siempre significa encontrar a más personas dispuestas a comprar, también significa conservar el valor de las personas que ya eligieron a la empresa.
Esto obliga a revisar una idea bastante arraigada: que la función comercial prácticamente termina cuando el cliente acepta comprar. No es así. Entre el “sí” y el cobro existen decisiones operativas capaces de sostener o romper una venta, pero entre el cobro y la siguiente decisión del cliente se juega la posibilidad de construir una relación.
Una empresa puede tener una gran estrategia para conseguir clientes y aun así dejar dinero sobre la mesa si no entiende qué ocurre después de la venta.
Porque el “sí” confirma que fue elegida una vez. El verdadero valor comercial empieza a demostrarse cuando la operación cumple, la experiencia sostiene la promesa y el cliente encuentra razones para volver.